Costos de la contrarreforma
Opinión

Costos de la contrarreforma

Jaque Mate

La electricidad es uno de los insumos fundamentales de cualquier economía. No solamente es la cantidad, sino también el precio y la calidad.

México nunca ha tenido un buen sistema de electricidad, pero nos beneficiamos de una mejora importante en las últimas décadas. El monopolio de la Comisión Federal de Electricidad y de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, creado por el priista Adolfo López Mateos el 27 de septiembre de 1960, generó problemas de fondo que empezaron a manifestarse en los años setenta con apagones constantes. Estas fallas, sin embargo, eran solo la punta del iceberg. Varias plantas industriales importantes se vieron obligadas a establecerse en Estados Unidos, y no en México, a pesar de las ventajas competitivas de nuestro país, como los menores costos laborales, debido a que en México no había un servicio competitivo de electricidad.

En las últimas décadas tuvimos una mejora significativa en el servicio de electricidad, porque se hicieron inversiones privadas con valor de decenas de miles de millones de dólares en nuevas plantas de generación. No solo eran más, sino también más eficientes. El gobierno de la Cuarta Transformación, sin embargo, ha apostado a impedir las nuevas inversiones privadas y a castigar las que ya se hicieron. Las consecuencias serán desastrosas.

El presidente Andrés Manuel López Obrador prometió no revertir la reforma energética de 2013, pero no ha cumplido. Es verdad que no ha tratado de enmendar la Constitución, quizá porque sabía que no tendría los votos necesarios en el Congreso, o porque no quería provocar una estampida de inversión productiva, pero las reformas en leyes secundarios están teniendo el mismo efecto. Es verdad que las disposiciones más significativas de la Política de Confiabilidad, Seguridad, Continuidad y Calidad en el Sistema Eléctrico Nacional han sido declaradas inconstitucionales por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y sin duda lo mismo ocurrirá con las medidas similares de la nueva Ley de la Industria Eléctrica. Son claramente inconstitucionales el restablecimiento del monopolio de la CFE y la cancelación de los derechos de las empresas que invirtieron en nuestro país amparadas por el marco legal. Pero da igual. Si lo que quería el presidente era detener la inversión privada, ya lo logró. Ningún empresario estará dispuesto a invertir en energía en México ante la incertidumbre jurídica que ha creado la 4t.

Las consecuencias serán muy negativas. Los mexicanos tendremos que pagar más por una electricidad más sucia y de menor calidad. Sufriremos también más apagones. Ya es poca la reserva de electricidad en el sistema nacional. La inversión privada se ha detenido totalmente. A la CFE no le alcanzan los recursos ni siquiera para dar mantenimiento a la red de transmisión sobre la cual mantuvo monopolio tras la reforma de 2013. Claramente no tiene dinero para financiar la expansión en generación de electricidad que requiere el país.

Ya las empresas están encontrando que dejará de ser rentable establecerse en la República Mexicana. No hay garantías de tener electricidad barata y confiable. Los mexicanos no sólo tendremos que pagar más por una electricidad más sucia, sino que también sufriremos mayores apagones, menor inversión industrial y menor creación de empleos. A veces parece que nuestros políticos están empeñados en hacer el mayor daño posible a los ciudadanos.

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