La vitamina del sol contra la pandemia
Salud

La vitamina del sol contra la pandemia

Bondades del calciferol

Ilustración de portada: Behance / Sieu Tran

El cuerpo humano es un laboratorio tan complejo como asombroso. Muestra de ello radica en su capacidad para producir vitamina D, también conocida como calciferol, mediante el sencillo método de exponerse a la luz solar durante un razonable lapso de tiempo.

En algunos sitios, tomar baños de sol de diez minutos a hora conveniente, unas cuatro veces por semana, genera cantidades suficientes de este nutriente que adquirió un protagonismo inesperado a lo largo del año pasado a propósito de la necesidad de brindar una atención médica eficaz a los pacientes de COVID-19.

Analizar los marcadores básicos de salud de las víctimas de la pandemia reveló que la mayoría de quienes requerían hospitalización tenían bajos niveles de la sustancia vitamínica.

Explicar esa relación amerita echar un ojo al calciferol. En principio, ayuda a la absorción de calcio y cumple varias funciones en los sistemas inmunitario, nervioso y muscular. Carecer de él por mucho tiempo deriva en pérdida de densidad ósea, lo que abre la puerta a la osteoporosis y a la osteomalacia, es decir, a una estructura ósea debilitada, frágil, propensa a fracturas.

Los niños son particularmente sensibles a una escasa dotación de la D; en ellos llega a causar raquitismo, los huesos se vuelven blandos y se doblan.

Existen indicios de que bajos niveles del nutriente están ligados a afecciones como diabetes, presión arterial alta, cáncer, males autoinmunes como la esclerosis múltiple y, a últimas fechas, casos graves de coronavirus.

¿PORQUÉ FALTA?

A veces, el cuerpo no recibe suficiente exposición a la luz del día o bien el organismo no la obtiene de los alimentos por problemas de malabsorción. En ocasiones, el hígado o los riñones son incapaces de convertirla en su forma aprovechable. Algunos fármacos intervienen con la capacidad del cuerpo para procesarla.

Foto: Freepik

Grupos de riesgo por deficiencia de vitamina D son: bebés en la etapa de lactancia, porque la leche humana no es buena fuente de la sustancia vitamínica; adultos mayores, pues a esas edades los baños de sol ya no producen calciferol con la eficiencia de antaño y los riñones son menos capaces de traducirla a su forma activa; individuos de piel oscura; personas diagnosticadas con la enfermedad de Crohn o el mal celíaco que no absorben la grasa correctamente (la D requiere grasa para ser absorbida); individuos obesos en quienes la grasa se une a la vitamina D y le impide entrar en la sangre; así como pacientes diagnosticados con osteoporosis y enfermedad renal o hepática crónica.

PRESENCIA

Factores genéticos y el peso influyen en la cantidad del componente antirraquítico que necesita un organismo.

Como la producción natural (la exposición a los rayos ultravioleta) puede acarrear envejecimiento de la piel y hasta cáncer, conviene adquirirla a través de la dieta o suplementos alimenticios. El nutriente está presente en pescados (salmón y atún, por ejemplo) y en productos como el hígado de res, el queso y la yema de huevo. La industria alimenticia contribuye al suministro al elaborar productos fortificados con la D: leche, cereales, jugo de naranja, bebidas de soya.

Los multivitanímicos y suplementos son opciones muy socorridas no sólo para obtener a la protagonista de estas líneas sino un caudal de elementos nutricionales que intervienen en la recta marcha de los asuntos orgánicos.

Cabe mencionar que demasiado calciferol puede ser perjudicial y traducirse en sufrir náuseas, vómitos, pérdida de apetito, estreñimiento, debilidad, pérdida de peso y daño renal. Cuando su presencia excesiva eleva el nivel de calcio en la sangre se producen confusión, desorientación y hasta problemas del ritmo cardíaco. Sin embargo, una exposición desmedida a la luz solar no causa intoxicación por sobrecarga, ya que el cuerpo limita la cantidad de sustancia que se produce.

ANTICOVID

Los músculos se valen de la D para el movimiento y el sistema nervioso la requiere en la transmisión de las órdenes cerebrales.

Como el sistema inmunológico también se sirve de ella, la deficiencia incrementa el riesgo de sufrir trastornos que entorpezcan la acción defensiva ante infecciones producidas por virus respiratorios. A lo largo del último año se han acumulado indicios de que juega un papel destacado en la reacción defensiva del organismo contra el agente pandémico. Como se mencionó líneas arriba, buena parte de los contagiados ingresados a las instalaciones sanitarias mostraron bajos niveles de la sustancia vitamínica.

El calciferol mejora la respuesta inmune ante infecciones virales. Foto: Behance / Ula Sveik

La comunidad médica ha percibido que los hospitalizados presentan menos complicaciones y menor riesgo de acabar en cuidados intensivos cuando se les administra vitamina D. Además, existen indicios de que el nutriente ayuda al organismo a recuperarse de los efectos que origina la hiperinflamación causada por la COVID-19.

Cuando un agente patógeno ingresa al cuerpo, el sistema inmunológico detecta al invasor y lo combate. La salud se recupera gracias a que las defensas orgánicas eliminan al agresor, a veces con el auxilio de la ciencia médica.

No obstante, hay ocasiones en que el mecanismo protector se descontrola y se origina una tormenta de citoquinas, proteínas que coordinan la respuesta inmune. La tormenta se traduce en una respuesta inflamatoria generalizada con potencial para engendrar daños de consideración en órganos del cuerpo y hasta causar la muerte.

Mantener en niveles óptimos la presencia de vitamina D estimula el mecanismo inmune, mejora las defensas del organismo y ayuda a prevenir esas consecuencias funestas.

Fuera del ámbito hospitalario se ha manejado la posibilidad de que brinde cierta protección ante un posible contagio.

INMUNIDAD

Que ya estén circulando varias vacunas contra la COVID-19 no debe ser motivo para perder de vista que en el último año, los profesionales sanitarios se dieron a la tarea de detectar fármacos, vitaminas y minerales capaces de brindar alivio a los contagiados.

En esa tarea, la vitamina D, que ya tenía un historial favorable ante enfermedades infecciosas, en particular males respiratorios como la gripe y la neumonía, volvió a demostrar su valía. Por ello, hay que considerar tomar acciones dirigidas a garantizar que nuestro organismo tenga suficientes reservas de calciferol.

La deficiencia de este micronutriente se puede prevenir fácilmente, a través del sol, de la dieta, o bien de suplementos, que suelen ser seguros y económicos. Hacernos con ella antes de que se produzca la infección, a juzgar por la evidencia disponible, marca una gran diferencia a favor de la salud.

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