Griselda Sánchez: el registro sonoro en resistencia
Entrevista

Griselda Sánchez: el registro sonoro en resistencia

Ilustración de portada: José Díaz

Todo sonido se suicida y no vuelve

R. Murray Schafer

La escucha profunda es una virtud. El precepto de que los seres humanos escuchan sólo porque tienen oído es pobre en su propio contenido. Aquel que escucha con sentido, es decir, con una determinación profunda, le da un valor agregado a los sonidos con los que convive, mejorando así la relación con su entorno.

Los curiosos auditivos parlan distinto con el mundo, comprenden el lugar que habitan a través de un lenguaje sonoro e interpretan la realidad siendo fieles a un sentido siempre abierto, porque como escribió el compositor canadiense Murray Schafer: “No tenemos párpados en los oídos. Estamos condenados a oír”. Griselda Sánchez Miguel es una de esas almas que no niega el potencial de su oído. Desde hace varios años realiza inventarios sonoros para reflexionar sobre la tierra que pisa y el ambiente que la abraza. La originaria del pueblo mixteco Ñuu Savi en Oaxaca sabe que el mundo no sólo se observa, también se escucha, por eso se mantiene atenta a lo que suena. Es paisajista sonora, periodista y productora radiofónica independiente. Su narrativa sonora asume una posición político comunicacional en defensa de la vida: se preocupa por los sonidos en peligro de extinción y apela a una memoria auditiva.

Y es que Lluvia Obsidiana, como es conocida en el universo del arte sonoro, sabe que hay sonidos que no vuelven. Con micrófono y grabadora en mano, transita por bosques, selvas y páramos para registrar el palpitar de la sonoridad de la tierra. Su oído afinado y la voluntad del registro se han traducido en bellas piezas sonoras que encontraron reconocimiento en la Bienal Internacional de Radio y en festivales nacionales e internacionales de arte sonoro.

Vislumbra oportunidad en el aire, vía por la que los sonidos se manifiestan, por eso lo defiende. Su registro sonoro está en resistencia: le urge que la naturaleza no sea alterada para que la humanidad acceda a las maravillas auditivas que desde ella emergen.

La también autora de los libros La Línea: Relatos de la resistencia en Atenco (2010) y de Aire no te vendas: La lucha por el territorio desde las ondas (2016.) permite que su voz se transforme en ondas electromagnéticas para que viaje por el aire y encuentre eco en la oreja atenta al celular que registrará la historia de su andar en un mundo que ella comprendió: se lee también a través del sonido.

Foto: Cortesía Griselda Sánchez

¿Cuándo comenzó tu experimentación con los sonidos?

Estudié Ciencias de la Comunicación en la UNAM, pero fue muy teórico, entonces en el 2006 empecé a trabajar con radios independientes en Ciudad de México y ahí comencé a conocer los diferentes formatos radiofónicos que existen, y a partir de eso conocí la experimentación sonora, pero sobre todo el radio arte y también la grabación de paisajes sonoros, me llamó la atención. Yo venía, como periodista, trabajando con temas sociales. Soy de Oaxaca y me había tocado cubrir toda la movilización social del 2006 de la APPO (Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca) cuando se pedía la destitución del gobernador Ulises Ruiz Ortiz, y me tocó cubrir también cuando se dio toda la incursión militar en el poblado de Atenco en Estado de México por la oposición a la construcción del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Me había tocado cubrir esos dos movimientos sociales muy importantes y además muy reprimidos, porque hubo mucha gente encarcelada, muchos presos, muchas mujeres torturadas sexualmente. Venía de unos temas tan difíciles y en la búsqueda de narrativas distintas, que no solamente fueran como el reportaje escrito o la entrevista radial. Empecé a experimentar con historias que fueran contadas sólo con sonidos, sin un locutor o un narrador que te fuera diciendo las cosas o los datos, sino que buscara una sensibilidad distinta para el escucha. Creo en la importancia de contar relatos basándome sólo en sonidos.

¿Cual sería (o debería ser) la columna vertebral de los experimentadores sonoros?

Esa es una pregunta difícil. No podría dar un comentario tan específico al respecto, porque justo la experimentación sonora es eso: palpar varios sonidos y hacer experimentos, a ver qué sale. No es tan rígido como en otros formatos. [...] Cada quien experimenta y depende del equipo técnico que tengas, porque también se necesita un equipo de micrófonos, de grabadoras, de computadoras, de monitores y lo otro depende mucho de la imaginación. Es decir, tiene que ver con la técnica y lo imaginativo y ahí cada quien hace lo que puede.

Los sonidos que acompañan a un determinado paisaje tienen su propia identidad y son inseparables de esa circunstancia, ese lugar y ese momento. En ese sentido, ¿la importancia de que suceda un registro recae en el tema de la preservación de la memoria?

Sí, tiene que ver mucho con la memoria, y también ese es un tema muy tocado en coloquios y foros sobre los archivos. No sé si tú lo estés así tal cual mencionando, pero evidentemente los sonidos de los lugares que habitamos, que puede ser desde tu casa, tu calle, tu barrio, tu pueblo, tu estado, son sonidos que son muy particulares.

Foto: Freepik

Aquí en Oaxaca hay sonidos que no se escuchan en otros lugares y eso conforma una identidad, como la ropa o la arquitectura o los paisajes naturales. Ahí podríamos hablar de identidad, los sonidos dan identidad a un lugar y también pasan por nuestra memoria corporal. Eso lo veo mucho en los ejercicios que hago en los talleres, por ejemplo pregunto: “¿te recuerdas de algún sonido durante tu infancia?” y lo que contestan es “claro, yo recordaba que hace tiempo en la selva se escuchaban los changos o el sonido del río, porque antes el río llevaba más agua y ahora ya no se escucha así, o el sonido del colibrí”. Me van sacando varios sonidos y claro que eso apela a una memoria sensorial que todos tenemos. [...] La preservación de los sonidos como archivo, como lo dicen, parte de eso...de la memoria, pero a mí me gusta trabajar más con sonidos vivos. A mí me gusta más trabajar con la naturaleza, porque un paisaje sonoro puede ser de cualquier cosa, desde las máquinas de la ciudad y tal, pero a mí me gusta trabajar con la naturaleza. Cuando hago esos registros es para apelar más hacia narrativas de la preservación de la vida, en las que no solamente estamos hablando de sonidos en peligro de extinción, sino que tendríamos la urgencia de poder seguir preservando esa vida y esos sonidos y esa memoria y ese todo. No solamente como una manera de archivo.

¿Cómo asumes el espacio donde los sonidos suceden?

Tengo dos maneras: una es salir a caminar y buscar los sonidos que me interesan de un lugar y en un horario y espacio específico, lograr acercarme lo más posible a ese sonido con grabadora y micrófono. Y otra forma es salir a caminar de una manera más contemplativa, pararme en un lugar y dejar que las cosas sucedan. Así, aleatoriamente, sólo pararme y a ver qué suena, qué sonido aparece o desaparece. Se requiere de paciencia, porque puedes estar horas contemplando en las posiciones más incómodas que te puedas imaginar.

En la cultura occidental, en la cual estamos sumergidos, la mayoría de los estímulos entran por el campo visual. Las sensaciones relacionadas al oído y la escucha quedan relegadas a un segundo plano a favor de las grandes cantidades de información que recibimos mediante la vista. Ante esa realidad ¿cuál es la importancia del trabajo que realizan los paisajistas sonoros?

Yo creo que no solamente los paisajistas sonoros, sino también las personas que están reflexionando sobre el sonido. Hace poco estuve en un diplomado que se llamó Giro aural en las ciencias sociales, donde veíamos que existe un predominio de lo visual. Nuestra cultura es muy visual y hay una justificación histórica para decir, en ese sentido, cómo fue que predominó como una manera de objetividad desde la ciencia. Desde la ciencia, sólo lo visible y lo concreto es real y es comprobable. Los otros sentidos solamente te causan subjetividades y eso contamina las investigaciones y tu manera de ver el mundo. Estoy hablando un poco desde la ciencias sociales, pero eso fue permeando en todo, en la sociedad en general, y entonces prestamos muy poca atención a los otros sentidos: al tacto, al oído. Hay compañeros que se dedican a hacer paisaje sonoro, que trabajan desde la ecología acústica o desde la reflexión como en este tipo de diplomados, para poner otra vez en su justa dimensión la importancia que tiene el sonido para nuestra vida y eso tiene que ver con la supervivencia. El sentido auditivo es de supervivencia; no es una polución entre ver, oír, olfatear, tocar, lo que sea, sino eso: nuevamente poner en su dimensión que también somos seres que oímos, que escuchamos y que eso nos permite tener una mejor relación con la naturaleza y con las personas.

Foto: Cortesía Griselda Sánchez

Dijo el director de cine Fernando Palacios “vivir entre polución sonora desgasta la sensibilidad auditiva y la costumbre de atender”. ¿Cómo abordas esa problemática desde tu trinchera?

Haciendo grabaciones de la naturaleza, porque siento que justo estamos muy metidos en los sonidos urbanos. Siempre hay ruidos de máquinas por todas partes, el sonido de tu refrigerador que está ahí de fondo, elde la cafetera, la licuadora, los carros pasando, estamos muy metidos y eso va desgastando nuestras posibilidades auditivas. Está estudiado, desde la anatomía y la fisiología, que eso nos va deteriorando: si hay mucho ruido, hay muchos decibeles que están golpeando en tu típano. Entonces también va mermando tu capacidad auditiva; no solamente con el avance de edad vamos a escuchar menos, sino que, como vivimos entre ruidos, va mermando nuestra capacidad auditiva y ponemos menos atención a los sonidos sutiles como ahorita que cayó la hoja del árbol. Por eso es que me gusta más trabajar con los sonidos de la naturaleza, para poder mostrar lo que se escucha en esos espacios y territorios, y poder detonar más la sensibilidad que tenemos como seres sensoriales. Estoy totalmente de acuerdo con él (con Fernando Palacios). Y no solamente por nosotros como seres humanos, sino también por los animales, porque hay estudios de ecología sonora donde las ballenas son perjudicadas por todo el tráfico marino que existe. Hay estudios que demuestran que los sonidos fuertes de la ciudad, de las grandes ciudades como Ciudad de México, influyen en la capacidad que tienen los pájaros para comunicarse y para orientarse. Entonces el ruido no solamente nos perjudica a nosotros, sino también a las diversas formas de vida con las que convivimos en este planeta.

El compositor Murray Schafer, en cambio, reflexiona al decir: “el entorno sonoro de cualquier sociedad es una importante fuente de información… el silencio es un estado positivo… me gustaría ver que dejamos de manosear torpemente los sonidos y comenzamos a tratarlos como objetos preciosos”. ¿Será esto una utopía?, ¿o en qué momento estamos como sociedad para comenzar a valorar ese entorno que está latente aunque no podamos ver?

Yo creo que es importante justamente en estos momentos en que estamos en una situación de pandemia, el revalorar los sonidos que nos acompañan y el silencio como lo dice el maestro. Por lo que te decía: estamos acompañados de otros seres y eso, al menos en las biofonías (como se les conocen a los sonidos producidos por los animales), son sonidos vivos. Yo pondría hincapié en eso. Han salido algunas noticias de ejercicios de mapas y registros durante la pandemia en los que mucha gente empezaba a poner atención a cómo iba cambiando la sonoridad de la ciudad. Eso fue mucho en las ciudades, donde ya no había tanto tráfico de automóviles, había silencio, se escuchaban más los pájaros. Empezaron a prestar más atención hacia dentro, en una actitud más contemplativa. Es sumamente urgente escuchar con mayor atención, sobre todo el silencio. Estamos sobrestimulados todo el tiempo por la computadora, el teléfono, Facebook, y para relajar nuestro sistema nervioso necesitamos dejar de sobrestimularnos, y el silencio nos ayuda mucho a eso.

Foto: Cortesía Griselda Sánchez

Para hablar de sonidos, produzco sonidos, escribió el mismo Murray”. En ese sentido, ¿qué caracteriza a tu lenguaje sonoro?

Me gusta trabajar más con las biofonías y con narrativas que den cuenta de la resistencia por la preservación de la vida. Al inicio te contaba de que justo me integré a estaexperimentación radiofónica porque venía muy sobrecargada de temas sociales, pues nunca lo dejé; más bien traté de conjugar las dos cosas en el cómo decirle a la gente que estamos frente a un gran problema, pero sin apelar al miedo, sino a lo bello que todavía tenemos; me gusta hacer ese tipo de narrativas, también con un posicionamiento político y social. Soy productora radiofónica, soy artista sonora y tal, pero también creo que es importante la reflexión sobre lo que estamos produciendo. Mi tesis de doctorado tiene que ver con los ambientes sonoros y el territorio. Se llama Canto a la lluvia, construcción de territorios sonoros, megaproyectos y alteraciones. La idea es reflexionar desde el sonido, reflexionar con el sonido, crear con el sonido, es parte de mi trabajo. Eso está muy presente en mis piezas, en la reflexión, en la escritura sobre el sonido, y está muy presente también en los talleres que doy.

Actualmente cuáles son los amenazas que vive el entorno sonoro rural, que es a donde se enfoca más tu trabajo....

Hay demasiados megaproyectos [...] Mi tema de investigación tiene que ver con la deforestación de los bosques y con la reactivación de la minería en esa zona, que es minería a cielo abierto; tiene que ver con proyectos como en otras regiones de Oaxaca, por ejemplo, con los proyectos eólicos en el Istmo, la construcción de grandes torres para generar energía. Creo que hay una alteración que están realizando diferentes empresas en estos lugares que todavía son considerados naturales. Los efectos no solamente se manifiestan en el despojo territorial, sino que también hay una modificación de esa naturaleza, por lo tanto hay complicaciones no solamente en el entorno sonoro por lo que te decía que son sonidos vivos, estamos hablando de animales. Yo creo que lo que estamos viviendo de esta gestión de la pandemia, no es más que el reflejo de todas esas intromisiones que se han realizado de forma indiscriminada hacia lugares con una fuerte carga de biodiversidad.

Para concluir, ¿cómo se puede comenzar a valorar a los sonidos?

Que buena pregunta....yo creo que poniendo atención. Abriéndonos a experiencias nuevas, a experiencias sensoriales diversas que tenemos en nuestro cuerpo. Hay ejercicios bien básicos, por ejemplo, el preguntarte cuál es el primer sonido que escuchaste al despertar. Cuáles son los sonidos que te gustan, los que te disgustan. Eso… poniendo más atención desde tu cuerpo, qué sonidos hace tu cuerpo, qué sonidos hay en tu casa, qué sonidos hay en tu calle. Yo creo que la atención es fundamental.

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