Bloqueo mental
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Bloqueo mental

Frenón involuntario de las tareas diarias

Ilustración de portada: Behance / Björn Öberg

Pasar horas sin poder comenzar un nuevo proyecto o realizar las tareas diarias, es un escenario con el que cualquier persona se ha topado. Ya sea que la mente esté demasiado dispersa o que nos ocupemos en otras actividades pequeñas para distraernos del objetivo principal, puede que el bloqueo mental esté haciendo de las suyas.

La sensación de que, por más que nos esforcemos, no avanzamos o siquiera podemos empezar un día productivo, puede deberse a este bloqueo que hace imposible continuar con las responsabilidades, pero ¿qué se puede hacer al respecto y a qué se debe?

INSEGURIDAD Y CULPA

Existen diferentes problemas que enfrentan quienes pasan por un bloqueo mental, pero el resultado es el mismo: un impedimento para realizar tareas, incluso aquellas que se disfrutan. Se puede experimentar un sentimiento de frustración y culpabilidad puesto que no hay una razón para que haya aparecido. Se cuenta con energía, buen ánimo y con todas las herramientas, y por supuesto se puede tratar de una actividad que acostumbramos realizar con normalidad y fluidez. ¿Qué diferencia tiene este día en que aparece el bloqueo?

Antes de continuar, cabe recalcar que algunos de los pensamientos que surgen comúnmente en esta situación son que se podría avanzar en los objetivos si realmente se quisieran conseguir, o que se está dudando sin razón o que se tiene miedo. Por supuesto todas estas ideas solo hacen que quien está en un bloqueo se sienta más culpable y permanezca más tiempo en él.

El bloqueo mental es una interrupción del proceso cerebral, una imposibilidad de continuar con la línea de pensamiento necesaria para concentrarse en una sola actividad, según Manuel Escudero, psiquiatra español para la web Psicología y Mente. Afecta la conducta e impide la eficacia y potencial que cada persona tiene en la consecución de un objetivo, sea para comenzarlo o terminarlo.

Ocurre una desconexión en la que no se puede recuperar la información que sirve para continuar una actividad. Puede presentarse como una falta de concentración o dispersión en la que no se encuentra el siguiente escalón a subir o, simplemente, se olvida qué se estaba haciendo. Actualmente se cuenta con tantos recursos y aplicaciones que ocurre lo que al pasar de un umbral a otro sin recordar para qué se iba hacia allá.

El estrés y la culpa llegan de inmediato con el bloqueo, haciendo que sea más difícil salir de él. Foto: Behance / Daniel Unger

Existen diferentes tipos de problemas asociados al bloqueo mental que afectan a quienes trabajan en cualquier ámbito, pero especialmente en aquellos que tienen que ver con la creatividad. El miedo al fracaso y a lo desconocido, por ejemplo, se presentan cuando se comienza un proyecto diferente a lo acostumbrado. Las inseguridades relacionadas con la autocrítica excesiva, el perfeccionismo, entre otras, pueden producir un bloqueo. Es verdad que el miedo puede estar presente, pero la clave está en dejar de lado la culpa que se siente al respecto, puesto que cualquier persona, incluso la más capacitada, puede sentir inseguridad.

Una línea de pensamiento que culpa demasiado o que llama la atención sobre lo que se ha hecho de forma equivocada, en vez de una que sea comprensiva con uno mismo, puede hacer la diferencia entre la salida del bloqueo o la estancia en él y la procrastinación excesiva.

ESTRÉS Y AFECTO

Por otra parte, también es verdad que el estrés juega un papel sumamente importante. Lo que ocurre al interior, en la vida psicológica, está fuertemente relacionado con lo que ocurre en el exterior.

Así como no se puede esperar que alguien pueda enfocar su atención en un lugar lleno de distractores, tampoco es de esperarse que la productividad no se vea afectada por un ambiente laboral tenso, con actitudes poco proactivas, o incluso algo de aparente poca importancia como la poca disposición de luz natural, la carencia de ventanas y espacios adecuados, así como muebles ergonómicos.

Un cerebro que se interrumpe mientras trabaja a menudo está experimentando ansiedad o estrés, por supuesto, causados por cualquiera de los detonantes mencionados. En estos casos son necesarias las actividades para hacer frente al estrés, como la meditación y los ejercicios de relajación, aunque si persisten los problemas será mejor acudir con un profesional de la psicología y, como mero recordatorio, se recomienda no adentrarse en terrenos poco comprobados, por decir poco, como las terapias de ángeles o el tarot terapéutico.

El estrés genera un sinfín de preocupaciones o sentimientos que desbordan a la persona y que la mantienen activa pero sin lograr concentrarse en algo puntual. El mismo intento por trabajar sin lograrlo, consume energía y genera agotamiento. El cerebro, ante esto, inicia una fase en la que detiene ciertos procesos mentales para protegernos y liberar la tensión. Por lo que un bloqueo no es, necesariamente, negativo, sino que es un mecanismo que se activa en una situación apremiante.

Tener el suficiente descanso y tiempo de esparcimiento es una buena manera de prevenir los bloqueos mentales. Fotos: Behance / Evelina Bukhanets

Se puede tratar de un bloqueo afectivo, de origen emocional, como la ansiedad originada por algún evento traumático o por la propensión a ella que tienen las personalidades inhibidas y tímidas. Cabe recalcar que estos no son rasgos de toda personalidad introvertida, ya que se puede serlo sin ser precisamente tímido o con dificultades importantes para socializar.

DESACTIVAR EL BLOQUEO

Una de las formas en las que se puede hacer frente al bloqueo mental es, en relación con lo que ya se ha dicho, aceptarlo como un estado mental y un mecanismo natural del cerebro para hacer pausa cuando más se requiere. En un mundo perfecto tendríamos tiempo y comprensión suficientes para detenernos y volver al trabajo en cuanto se esté listo, pero la realidad es otra: hay que volver antes de que nos despidan.

El primer paso es aceptar el bloqueo mental sin culparse a uno mismo. Los pensamientos que no ayudan son aquellos que sólo son hirientes, que cuestionan de manera excesiva nuestra motivación o capacidades. Es decir, lo primero es dejar que los pensamientos de este tipo pasen, no intentar bloquearlos, sino intentar dejar de darles importancia.

Cambiar de actividad, caminar un momento o cambiar de lugar, puede hacer que se reinicie una tarea con mayor éxito. Usar el cuerpo para tranquilizar el cerebro, por ejemplo, también es una herramienta que se puede tener a la mano. Es necesario advertir que un poco de ejercicio diario, así como consumir comida saludable, ayuda a los procesos cognitivos como la concentración y la memoria.

Hábitos saludables como hidratarse constantemente, pueden ser clave para no experimentar el bloqueo mental, pero también tener el suficiente descanso, las horas de sueño indicadas y el suficiente tiempo para relajarse. Realizar actividades que son placenteras hace posible que exista una mejor frecuencia cardiaca y que se elimine el exceso de ansiedad.

La relajación progresiva, es decir, relajar los músculos del cuerpo de poco en poco, es otra opción. Se empieza por apretar los puños durante varios segundos. A continuación, las manos y brazos, para soltar esta tensión. Un ejercicio simple como este puede generar un cambio y hacer que el cerebro vuelva a la actividad.

La actitud ante un posible fracaso también es importante. Es decir, sí, mientras menos errores se tengan, menos tiempo costará realizar una actividad, sea laboral o de otro tipo. Pero, hay que recordar que todos han sufrido fracasos, que cualquiera los sufre diariamente y que de hecho, cualquier objetivo se logra a base de preparación, determinación y, sobre todo, una pila enorme de derrotas.

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