Semana santa de 1521
Nuestro mundo

Semana santa de 1521

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La fe religiosa le hace a Hernán Cortés lanzarse a empresas importantes en fechas importantes de la liturgia católica. Es una hipótesis arrimada en mi mente en espera de ser atendida, pero comprobarla me obligaría a varias relecturas que se suman a las muchas siempre pendientes. Sin embargo –se sabe en la academia–, en toda hipótesis colabora mucho la intuición.

Por lo pronto, fechas por demás significativas del culto que tiene clímax en lo que se llama semana santa, merecen ser revisitadas en este año de merecidas rememoraciones, pues es el del V centenario de que cayó Tenochtitlan en poder de los europeos y sus aliados indígenas.

Semanas antes de la litúrgica de 1521, mientras espera los bergantines que le están preparando en Tlaxcala, Cortés, acuartelado en Texcoco desde los primeros días de enero de aquel año, merodea por los alrededores de los lagos, enfrenta escaramuzas y lanza algunos ataques premeditados, entre ellos el de mediados de ese mes contra Iztapalapa.

Contra esa población ubicada al sur de Tenochtitlan, el capitán de los conquistadores tiene especial encono porque su tlatoani, Cuitláhuac, se destacó en los combates que concluyeron con la expulsión de las huestes de europeos y aliados autóctonos en la llamada Noche Triste. En su tercera carta de relación enviada al rey Carlos V Cortés evoca su hazaña.

Al ver que sus enemigos mexicas no lo atacan, decide salir de Texcoco contra Iztapalapa “[…] con doscientos españoles, en los cuales había diez y ocho de caballo, y treinta ballesteros y diez escopeteros, y con tres o cuatro mil indios nuestros amigos […] y el señor de ella, que era hermano de Mutezuma […] había sido el principal que nos había hecho la guerra y echado fuera de la ciudad [de Tenochtitlan, la Noche Triste].”

El triunfo le da oportunidad de expresar su fe religiosa y la correspondencia que encuentra en Dios. Escribe que los enemigos “pelearon con nosotros muy reciamente; pero quiso Nuestro Señor dar tanto esfuerzo a los suyos, que les entramos hasta los meter por el agua”. En esta parte del relato añade: “vista la victoria que Dios nos daba”. Y para narrar otra acción antepone: “Nuestro Señor me inspiró”. Regresa triunfante a Texcoco.

En una fecha posterior, le llega a Cortés un gran refuerzo, incluidas las piezas que ensambladas se convertirán en los esperados bergantines para atacar por agua. Encuentra tiempo para enviar su segunda carta al rey, el 5 de marzo de 1521. Y en tanto dispone de las embarcaciones y el resto del refuerzo de hombres y pertrechos, sigue asolando los alrededores de los lagos y asediando a Tenochtitlan-Tlatelolco, principalmente desde Tacuba.

Y el Miércoles Santo, que fueron 27 de marzo del año 521”, envía a dos “principales” (tlatoanis) que sus aliados tenían prisioneros, a que digan a los tlatoanis de Tenochtitlan que se avasallen, “que se dieran por vasallos de vuestra majestad”. Conviene recordar que Cortés hablaba a los mexicas a través de “las lenguas”, esto es, los traductores Malinche y Gerónimo de Aguilar.

El Sábado Santo”, 30 de marzo de 1521. Recibe unos aliados que le van a pedir auxilio porque supieron que los tenochcas están dispuestos a atacarlos. También recibe mensajeros de otras poblaciones cuyos señores (príncipes, tlatoanis), se querían avasallar; “dar por vasallos de vuestra majestad”, le dice al rey.

Así, entre preparativos bélicos y salidas a combatir, administrando auxilio a los aliados y nuevos ofrecimientos de vasallaje, Hernán Cortés pasa la semana santa de 1521. Con los bergantines ensamblados y probados en el agua mexica, mucho entrenamiento en combates y escaramuzas, refuerzo de nuevos vasallos guerreros y fe religiosa revaluada por los triunfos, el capitán de los conquistadores se acerca a la victoria de la caída de la gran Tenochtitlan.

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