¡Ayuda!
Nuestro mundo

¡Ayuda!

Nuestro Mundo

Qué difícil es entender algo que no has vivido, por más que queramos ser empáticos, si dentro de nuestras experiencias no hemos experimentado lo que es una depresión, será sólo una aproximación lo que podamos imaginar que sucede.

Las mujeres tenemos contacto con esa tristeza, melancolía, desesperanza con más facilidad, nuestros cambios hormonales, el permiso social que tenemos de reconocer esos estados de ánimo y por supuesto, el baby blue del postparto nos facilitan entender un poco más de lo que va el tema. Sin embargo, no nos pertenece, la depresión no tiene exclusividad, como tampoco tiene edad, condición socioeconómica o nivel académico.

No pretendo explicarles lo que un psicólogo, un psiquiatra, un internista o cualquier otro experto en la materia pudiera hacerlo con la propiedad debida. Más bien quisiera reconocer el peligro de la depresión y mis propias vivencias. Estar deprimido implica confusión, algo del exterior se convierte en el fuego de una mecha que empieza a arder en tu interior. Una perdida suele ser el catalizador. Pierdes a alguien querido por muerte o por las circunstancias de la vida se rompe una relación, hay una distancia de por medio física y emocional, puede ser que pierdas tu empleo, tu seguridad económica, la perdida puede ser de la salud, un diagnóstico fatal, lo que puedes perder es el prestigio, la confianza de alguien. Pierdes el sabor de la vida, la alegría, la capacidad de resiliencia que todos tenemos y que por momentos creemos que no. Perdemos la dimensión de los problemas, tanto, que decretamos que algunos de ellos no tienen remedio, que ni buscando en todo el mundo encontraras soluciones.

Las preguntas que te formulas son inadecuadas porque te sumen más: ¿por qué yo?, ¿por qué a mí?, ¿qué hice mal? Casi siempre aparece en escena esa víctima que traemos dentro, “yo tan buena y me tiene que pasar esto”, “yo que no le hago daño a nadie y todos me lo hacen a mi”.

La recurrencia en el discurso de la tragedia es un refrendo a las emociones, las personas intentamos calmar la ansiedad contando una y otra vez los sucesos que nos llevaron al oscuro túnel de la depresión, pero, ¿saben? No siempre nos damos cuenta que estamos dando vueltas en el mismo lugar, no es sino hasta después cuando logras ver con claridad cómo fue tu comportamiento, que, por cierto, no es igual en todos los casos, cuando te das cuenta. Comes mucho, poco o nada, duermes mucho, poco o nada, tratas de acallar el dolor interno con fugas: ansiolíticos salidos del cajón de tu mejor amiga, cajetillas de cigarros que se hacen humo en un instante, en algunos casos alcohol, que es en sí mismo un depresor, por lo que a veces sale peor el remedio que la enfermedad.

Buscas salvavidas por todos lados: tu mejor amiga, a quien cansas a la semana siguiente porque le cuentas exactamente la misma historia, el sacerdote que te recomendaron y que va a sacar de ti todos los demonios de la tristeza que te han llevado a esos pensamientos autodestructivos o la bruja del pueblo que te va a leer tu futuro y que te va a decir que todo se arreglará.

Te ves en el espejo y no te reconoces, las ojeras se acentúan, la mirada refleja una tristeza profunda, el entrecejo marcado, hay un descuido de ti, la higiene se relaja, no te importa ponerte cualquier cosa encima, verte bien es en lo que menos piensas, porque lo que tú quieres es sentirte bien.

La depresión te roba tantas cosas, la paz, lo principal, luego también te desenfocas de lo que es importante, se relajan tus filtros y dejas pasar muchas cosas, es como si una persona que no eres tú viviera la vida por ti.

Crees que ya tocaste fondo cuando te das cuenta que delante de ti hay un abismo al que no alcanzas a verle el final, la tristeza se acumula con el correr de las horas, avasalla, hace que olvides la fe, que tengas como único propósito deshacerte del dolor. Y es aquí, justo aquí, cuando se toman decisiones fatales o decisiones asertivas.

Buscar ayuda es imperioso, si tú estás cerca de una persona que responda a la descripción compartida, no lo dudes, ayúdale a buscar y hazlo con respeto, sin juicios y con mucho amor.

Comentarios