La historia de mis dientes
Literatura

La historia de mis dientes

Valeria Luiselli: sobre narraciones dentales y técnicas parabólicas

Imagen de portada: Behance / Roberto Jun Nakashima

En el 2013, la Fundación Jumex le pidió un encargo a Luiselli; ella debía hacer una bitácora englobando los espacios de la fundación, como la fábrica, la galería, etcétera. La autora propuso algo mejor: una novela por entregas accidentadas.

Valeria Luiselli es una escritora mexicana radicada en Estados Unidos, ha recibido premios como el Times Book en Los Ángeles, el American Book Award y el Fernanda Pivano en el 2020. La historia de mis dientes es una narrativa empastada con el poder de la imagen, aclamada en el extranjero pero considerada como ‘mero parloteo’ en su país de origen.

La obra se centra en Gustavo Sánchez Sánchez, mejor conocido como Carretera; un hombre surrealista a quien la vida orilló a ser uno de los mejores subastadores de colecciones protésicas, perfeccionando su arte mercantil en el extranjero. El ex-trabajador de una fábrica vivió su vida de forma épica, por ello, la novela es una amalgama de tres voces narrativas: Carretera, Beto Walser y la galería de fotografías. Fin de la introducción.

CUANDO LOS MOLARES TIENEN SU PROPIO IDIOMA

La novela se divide en seis libros, cinco de los cuales están escritos en primera persona, sin embargo, sólo dos voces cuentan la historia. Carretera, el héroe de la novela, es un hombre cuyo destino fue marcado por su arcada dental; desde el día de su nacimiento, su boca ya mostraba cuatro dientes completamente formados. En un inicio, la obra focaliza la vida del hombre, desde su trabajo en la fábrica hasta su primer matrimonio fallido, culminando con el acercamiento al mundo de las altas subastas.

La autora tiene un fraseo especial porque narra con un tono picaresco la visión y concepción del mundo del personaje. Los libros son variados, hay vertientes parabólicas, hiperbólicas, elípticas y alegóricas: la narración no sólo se concentra en un punto de vista; las voces narrativas, el léxico y las imágenes son una radiografía del mismo universo literario. El título de la novela lo dice, los dientes se convierten en un elemento clave para la obra. Como lo expresó Luiselli, es una “excusa” para el desarrollo de la historia y las diferentes concepciones de la misma. Los maxilares son figuras retóricas dadoras de imágenes poéticas.

Foto: Sexto Piso

Según la teórica Dorrit Cohn, “la narración es todo lo presentado en la conciencia de los personajes”. Ella propuso tres conceptos narratológicos para explicar con profundidad las estructuras de una obra literaria. El primero es la psiconarración, la cual se enfoca en la vida de la mente del narrador, misma que es plasmada en el texto. El segundo es el monólogo citado, mejor conocido como monólogo interior, donde la percepción del actante es representada de forma directa. El tercero es el monólogo narrado, también llamado estilo libre indirecto; como su nombre lo dice, tiene como base el reflejo de la realidad del personaje de manera indirecta. Aunque dichas postulaciones se caracterizan por ser utilizadas para narraciones en tercera persona, es posible adaptarlas desde una perspectiva en primera persona.

El teórico Luis Beltrán Almería se dio la labor de adaptar esos conceptos: el monólogo autobiográfico, el autocitado y el autonarrado. En sustancia, son casi iguales a los de Cohn: el primer argumento sostiene una postura desde el personaje, éste narra de forma ordenada sus pensamientos sin ningún interlocutor expreso; el segundo corresponde a una representación de la propia visión del héroe, y el tercero, una visión de otro actante, el cual siempre se basa en el personaje principal. Fin de la teoría literaria.

RAÍZ, ESMALTE Y MARFIL

El primer libro es una oda absoluta al monólogo autobiográfico, un primo acercamiento del protagonista hacia el lector, así es como se conoce parte de su pasado y su cosmovisión. Otro simbolismo visible es la particularidad brindada por Luiselli al darle nombres de escritores a los trabajadores de la empresa; con el uso de ese recurso, el lector se da una idea de las licencias creativas que serán utilizadas a lo largo de la obra.

Del segundo hasta el cuarto libro, la narrativa se adentra a un monólogo autocitado. Aquí, Carretera comienza una subasta de sus objetos más preciados: una colección de dentaduras famosas pertenecientes a filósofos y escritores. A través de las técnicas y las imágenes creadas, él sigue dando testimonio de su voz. El espacio corona más importancia en ese punto: las acciones son realizadas dentro de una galería, aunque el evento haya sido patrocinado con anterioridad por el cura de la comunidad de Santa Apolonia, santa patrona de los odontólogos.

Valeria Luiselli. Foto: stlawu.edu

Después de la subasta, la autora nos muestra una galería convertida en un terreno onírico y estresante para nuestro personaje; la atmósfera es hostil, pero Carretera sabe cómo lidiar con ello mediante el confrontamiento. El cuarto libro es una preparación para la siguiente voz narrativa; sin embargo, no se deja de lado el espacio, que comparado con el lugar anterior, es una zona abierta, simulando el aire de cambios del narrador.

Al hablar del monólogo autonarrado, el quinto libro es una revuelta. Beto Walser, un escritor fracasado, toma la batuta de la narración y ofrece una perspectiva distinta desde el principio hasta el final de la vida de Carretera. Existe un reinicio del universo de la novela, sin embargo, la historia conserva su esencia. Walser trata de imitar el toque especial de su empleador al momento de describir otro lote de mercancía. Hay una diferencia marcada a través del uso del léxico y las figuras retóricas: no son las mismas en ambos personaje, pero tratan de asemejarse entre sí para ofrecer una narración más amplia al lector.

El libro sexto, aunque no sea narrado por un personaje y tampoco se utilice el léxico, también es un monólogo autonarrado. Las imágenes del último capítulo son arterias conectadas a otra versión de la misma historia, como si fuese una especie de exposición artística. En ese punto éstas se transforman en narración: cuentan sin palabras lo mismo y esta vez con matices agregados, al igual que los de Walser. Fin del análisis.

La historia de mis dientes ofrece una punta cúspide de una preparación de imágenes literarias. Los elementos como el espacio, el léxico, el tiempo, los personajes, las focalizaciones y sobre todo la narración, son caninos posmodernos con un propósito: rellenar un sinfín de posibilidades de creación de recursos retóricos. La esencia de la novela, iniciada en un principio por entregas y leída (casi tallereada) por los trabajadores de la fábrica de Jumex, facilita la posibilidad de múltiples lecturas sin tener precisamente un mismo principio o fin. Quizá por esa razón, la crítica mexicana la consideró como una irresolución de los nudos narrativos. De algo no hay duda: la visión ficcionaria de Luiselli se dibuja y renderiza en muchas curvas parabólicas, hiperbólicas, elípticas, alegóricas y quizá en otras órbitas más existentes o por haber. Fin del artículo para Siglo Nuevo.

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