El difícil arte de narrar
Nuestro mundo

El difícil arte de narrar

Nuestro Mundo

En un terreno baldío, a las afueras de una ciudad de se describe como desmembrada, alguien ha puesto un letrero: Prohibido arrojar cadáveres. Es un buen lugar para matar a alguien, concluye la voz narrativa. Incluida en Espectáculo para avestruces, novela de Imanol Caneyada, esta imagen contiene implícita una reflexión sobre la legalidad, la ética, lo que está permitido y lo que no. Porque quien dice Prohibido arrojar cadáveres da por hecho que vive en un territorio corrupto donde los asesinatos son inevitables, y así su solicitud puede ser vista como una declaración de pragmatismo: mate, pero no venga aquí a molestar con los residuos.

Recién reeditada por el Fondo de Cultura Económica en la Colección Popular, Espectáculo para avestruces nos sitúa en un mundo violentamente práctico donde no hay buenos ni malos en estado químicamente puro. Así pues, esta inquietante novela destaca sobre todo en dos planos. En el primero, el de las anécdotas, debe señalarse que se trata de una historia muy bien amarrada. Una cadena de causas y consecuencias que nos recuerda las urdimbres construidas por los clásicos griegos. Porque ya 24 siglos atrás, Esquilo pensaba la tragedia como la mejor opción para dar luz nueva a viejos temas.

Caneyada traza personajes únicos marcados por una manera incomparable de estar en el mundo. El protagonista, RQ, es un personaje con una doble vida: profesor universitario de día, por la noche capo de un oscuro barrio en una ciudad controlada por el crimen organizado. El demonio que lo acecha es el incesto, pues está perdidamente enamorado de su hermana, a quien ha asediado por años. A un lado de RQ vemos a La Muñeca, transexual a la vez tierno y temerario que pone todos sus empeños en olvidar que alguna vez fue un hombre. El trío se completa con Sofía, la reina de los ojos grises, prostituta que por misteriosas razones goza de privilegios en los bajos mundos y cuyas heridas de guerra más profundas no provienen de la calle, sino de los años en que era una adolescente hogareña y tímida. Narrador experto, Caneyada engancha a los lectores a la vez que atiza nuestra curiosidad: RQ, La Muñeca y Sofía hablan de situaciones que ellos conocen pero nosotros no, y así nos hace preguntarnos cuáles son las fuerzas que equilibran las precarias relaciones en este inusual triángulo. En ese sentido, Espectáculo para avestruces es la confirmación de que lo que Rulfo sostenía: la trama surge de los personajes y no al revés.

Como en las tragedias de Esquilo, en las novelas de Imanol Caneyada el futuro es inmutable: empujados por fuerzas invisibles que no pueden eludir, los personajes avanzan, interactúan, se asocian y se enfrentan, pero nada les impide zafarse de un destino que parece estar ya escrito en piedra. Espejo negro donde se reflejan turbias realidades como la trata de personas, el narcotráfico, la extorsión telefónica y la existencia de cloacas comunicantes entre el crimen organizado y los organismos de procuración de justicia, Espectáculo para avestruces es, al mismo tiempo, una lectura ardua y fluida. Ardua porque planta a los lectores frente a cosas que muchos preferirían no ver, fluida porque las altas dosis de suspenso nos mantienen enganchados a las páginas. Caneyada construye una máquina precisa e hipnótica que confirma sus profundos conocimientos en el difícil arte de narrar. Cambios en el punto de vista narrativo, datos escondidos, flashbacks y adelantos son apenas algunas de las herramientas que el autor utiliza para mantenernos enganchados. Como las pinturas negras de Francisco de Goya, como las comedias negras que Mark Twain escribió bajo seudónimo, Espectáculo para avestruces conjuga la crudeza humana y el goce estético. Forjada con un estilo seco y directo, esta magnífica novela responde a la conclusión que Raymond Chandler nos encaja en uno de sus ensayos más conocidos: podrá no ser un mundo muy fragante, pero es el mundo en el que vivimos.

Comentarios