Adiós a la dependencia
Familia

Adiós a la dependencia

Una decisión difícil, un crecimiento real

Un reto de todo joven de familia, en algún momento dado, es dejar de vivir con los padres. Se trata de una decisión que puede ser benéfica siempre que se tengan las condiciones económicas y emocionales, así como la inteligencia dispuesta para emprender esta nueva etapa en la vida. Los buenos términos con los ascendientes también son importantes.

Expertos en desarrollo del individuo consideran que lo recomendable es volar del nido cuando la relación con los padres es firme, en el entendido de que el hijo ya es capaz de hacerse cargo de sus asuntos, mientras que sus guardianes deben aprender a llevar la paternidad desde otro ángulo.

El cambio, desde luego, no es menor. Implica que las relaciones con los consanguíneos serán diferentes, en principio porque cada reunión tendrán una motivación novedosa y términos distintos, con el hijo llevando el timón de su nave, lo que les permite cuestionar y participar a un nivel similar al de quienes lo criaron.

Pero la independencia también posee sus detalles. De inicio, adquirir responsabilidades. Porque la alacena de la casa no se nutre sola, si los servicios no se pagan los cortan, y se deben asumir, entre otras cosas, labores o el pago de servicios de limpieza. Son muchos los factores de vivir en casa propia que le darán al individuo experiencias novedosas sobre el costo de la vida. Para salir bien librado de muchas pruebas, se requiere un manejo financiero eficiente.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

LATINOAMERICANOS

¿A qué edad salir de casa? No se hace a una edad determinada ni en las mismas circunstancias.

El portal inmobiliario Dada Room realizó un estudio de sus operaciones y extrajo datos a considerar. El 34 por ciento de sus usuarios tenían entre 18 y 23 años cuando buscaron su primer departamento; un 39 por ciento tenía entre 24 y 28 años, y el 26 por ciento superaba los 28 años de edad.

Los jóvenes latinoamericanos, según esta empresa, son los que alargan más el proceso de independizarse; en Brasil, por ejemplo, se deja el hogar, en promedio a los 25 años de edad, mientras que en Perú se demoran hasta los 29 años.

La diferencia con respecto a países de Europa o Estados Unidos es de hasta siete años, pues en estos territorios la salida del hogar se da desde los 20 años.

En esa demora de los latinoamericanos para decirle adiós a su habitación inciden aspectos culturales relacionados con la crianza, la unión familiar, la sobreprotección por parte de los padres.

RAZONES

Una conclusión que suele irse de la mano es que los jóvenes latinoamericanos no salen a conseguir un hogar propio debido a problemas económicos, empezando por los bajos salarios que reciben cuando acaban sus estudios.

Irse de casa implica estar preparado, y esa preparación es entendida muchas veces como tener una carrera, un trabajo estable, comenzar una familia, en fin, factores a considerar y que dan a la libertad un precio elevado.

Sin los cálculos correctos el pago de servicios, la compra de los muebles, los gastos de alimentación, de lavandería y de mantenimiento de la morada, la experiencia en suma puede resultar en un régimen agotador y generador de deudas.

Los beneficios de la independencia también son atractivos. Salir de casa implica riesgo es cierto, pero también aprendizaje, tanto en la cuestión financiera como en los ámbitos personal y moral. El éxito de lograr las cosas con esfuerzo y por uno mismo se traduce en satisfacción personal y emocional.

Para que la misión salga como se quiere, o se mantenga a flote, el autocontrol es indispensable. Eso implica, en muchas ocasiones, estar atento a dejar de lado el fulgor de lo innecesario, la comodidad de lo superficial, la satisfacción momentánea, y privilegiar la estabilidad.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

TEMOR

Los expertos en el comportamiento nos recuerdan que un atributo normal de los cambios es generar ansiedad y miedo. Esto no debe desalentar a quien busca su propio lugar. Si la aventura entraña el riesgo de fracasar, la contraparte, estancarse, quedarse en casa, donde no hay aprendizaje ni se desarrollan nuevas habilidades, tampoco es tan atractiva.

Diversos especialistas coinciden en que el lapso de los 20 a los 25 años es adecuado para planear, organizar lo que se quiere y abocarse a ello. No obstante, también precisan que el trabajo estable suele ser un requisito indispensable. De nada sirve dejar el hogar familiar a los 18 años si no se cuenta con un ingreso adecuado y se vuelve con los padres a los pocos meses. Por el otro lado, cada vez son más los hijos de casi 30 años o incluso mayores que no están dispuestos a emprender el viaje en solitario.

Señalan también la existencia de casos en los que la independencia llega tarde porque la persona se quedó mucho tiempo aguardando el momento oportuno. Permanecer en el nido llega a convertirse en un obstáculo duro de roer con funesta influencia en el crecimiento personal, como cuando se instala la idea del “hijo eterno”. Vivir en un espacio propio es descubrir facetas más adultas y maduras, experimentar el papel de administrador de un reino exclusivo.

Como en todo, es factible optar por una etapa de preparación mediante actos como aportar mensualmente a los gastos del hogar. Así uno se acostumbra a tener claro qué parte del salario queda libre, cómo se gasta y en qué conceptos se puede ahorrar.

PATRIMONIO

Andar por cuenta propia es dar con una forma muy distinta de percibir la realidad; es descubrirse como un individuo más allá de los mandatos familiares. Para alcanzar esa independencia hay que vencer a los temores surgidos de hacerse responsable de uno mismo.

Los progenitores también deben poner de su parte, muchos temen soltar a sus niños ya que eso implica volver a vivir solos y rehacer sus vidas de otro modo.

Porque dejar el hogar es comenzar a tomar decisiones, conocerse a uno mismo y cambiar la percepción que se tiene, con ganancias efectivas para la seguridad y la autoestima.

Es importante, aconsejan los expertos, entrar en zonas desconocidas, superar los límites de los territorios cómodos para tener un crecimiento real.

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