Gentrificación y arquitectura
Arquitectura

Gentrificación y arquitectura

De lofts, modas y desplazamiento

Cuando una serie de eventos determina que un lugar es propicio para hacer negocios, el siguiente paso podría ser el éxito, el crecimiento y, entre otros fenómenos, el encarecimiento de la zona. Las personas que se encontraban ahí posiblemente no tengan la solvencia económica para pagar las rentas que últimamente se han elevado, por lo que son casi forzadas a mudarse.

La arquitectura tiene un lugar muy importante alrededor de este fenómeno llamado gentrificación. No como culpable del mismo, sino como señal ineludible de que un espacio está por transformarse. Las modas arquitectónicas pueden convertirse en la fachada más atractiva para los fenómenos sociales.

CAMBIO FORZADO

La gentrificación es un proceso que no parece distinguirse de los cambios habituales de una comunidad o ciudad, sobre todo si es concurrida. La afluencia de personas que deciden ir a divertirse a un lugar específico, así como el cambio de residentes, la mejora de las viviendas y el espacio público deberían ser regla para cualquier lugar.

Sin embargo, la gentrificación es algo que va más allá de esta cuestión. No sólo transforma el entorno, sino que pone en jaque la permanencia de quienes ya se encontraban viviendo en el lugar, debido al encarecimiento de los establecimientos y de las rentas. La aparición de sitios de lujo atrae ganancias pero también a un sector poblacional que, sin saberlo, desplaza a otro con menor capacidad económica.

Se trata de un cambio más forzado que deseado, uno que afecta positivamente al espacio público y a la economía del lugar, pero que deja fuera a los anteriores pobladores.

Este no es el único de los efectos que tiene este desplazamiento. Las personas que trabajan en el lugar gentrificado normalmente no pueden costearse vivir cerca del mismo, pero aún así tienen que trasladarse hasta él.

Cuando una zona se gentrifica, suelen aparecer locales con precios elevados y un estilo decorativo homogéneo que se inserta en la arquitectura original del lugar. Foto: inmobiliare.com

El documental Rush hour u Hora pico (2017) de la argentina Luciana Kaplan, presenta la realidad de los trabajadores en tres de las ciudades más emblemáticas y enormes en el mundo: Estambul, Los Ángeles y Ciudad de México. Un empleado de cada una de ellas es documentado en traslados que le quitan gran parte de su día, hasta seis horas, tan sólo para trabajar y ganar el sustento. Millones de personas viven esta realidad, según la documentalista.

LOFTS Y MODA

Un ejemplo de gentrificación y arquitectura son los lofts. En el Nueva York de la década de los setenta, la crisis económica desembocó en consecuentes males sociales como una alta tasa de criminalidad y una epidemia de adicción al crack.

Otra de las consecuencias fue, por supuesto, los cambios en el entorno relacionados con las actividades económicas de la ciudad. Fábricas, talleres, almacenes, entre otras edificaciones, fueron vaciados y abandonados en barrios como Soho y Tribeca.

Pero estos grandes espacios, idóneos para mantener máquinas y líneas de producción donde los trabajadores se pudieran mover libremente y con la suficiente luz, se convirtieron en espaciosos pisos que sorprendentemente tuvieron un potencial de vivienda que no había sido explorado, puesto que las personas en condiciones económicas difíciles los utilizaron para resguardarse.

Lo que caracterizaría a estos sitios serían los ventanales grandes y los pisos sin espacios delimitados. Se distinguieron por su estética rústica, es decir, que muestra los materiales de construcción sin pretender ocultarlos con ornamentos o con recubrimientos.

El fenómeno siguiente que operó en este factor social fue la moda. Al aparecer un consumo mayor y una divulgación más rápida del fenómeno loft, se convirtió en una tendencia que llamaría la atención de personas con más recursos y que ocuparían entonces estos espacios. Con ellos, por supuesto, llegaron almacenes o comercios para facilitar el consumo de esta clase social, y los precios de renta y de cualquier establecimiento elevaron su precio.

El uso de lofts se extendió a los centros laborales. Loft Studio (2017), por Studio PKA. Foto: archdaily.mx

Es así como surge la gentrificación. Pero no es la única forma en que la moda afecta a la arquitectura, sino que las tendencias buscan reproducir lo que está en auge, aún cuando no se trate de espacios que en esencia tengan las cualidades de sus predecesores.

La utilización de lofts se convirtió en una tendencia que, lejos de ser una manera de sobrevivir, sería un producto de consumo más que se apropiaría de una estética “descuidada” y funcionalista. Es así como departamentos disfrazados de lofts, con materiales y cableados visibles, elevan su precio; aún cuando no cuentan con los amplios espacios, la entrada de luz natural u otras características de los lofts originales.

ARQUITECTURA GENTRIFICADA

Los estilos arquitectónicos están en relación estrecha con algunos de los fenómenos sociales más importantes. En el caso de la gentrificación se ha identificado, precisamente, la arquitectura gentrificada, una serie de estilos dominantes y homogeneizadores que sin un mayor análisis se pueden aceptar como agradables y a la moda.

No se trata de que un tipo de arquitectura genere en sí la gentrificación, pero se han identificado estilos que sirven para vender lugares ‘de lujo’ y que no tienen que ver, precisamente, con la funcionalidad o las necesidades de la gente.

Es identificable cuando los precios de una zona buscan subir. De pronto abundan los restaurantes con series de luces que parecen navideñas, las jardineras (a veces con plantas falsas) de formas minimalistas y modernas, y decoración y diseños que buscan atraer a consumidores con más capacidad económica.

En este estilo se pueden identificar casas cuyas fotos se comparten en redes sociales como construcciones decoradas a la moda. Sin embargo, los materiales utilizados, los adornos innecesarios o la cantidad excesiva de luz artificial, pueden acercar más a estos edificios a ser un producto pensado únicamente para ser vendible que uno realmente funcional o diseñado bajo estándares de calidad arquitectónicos.

En algunas ciudades pobladas se ha vuelto común el retoque de departamentos chicos para hacerlos parecer lofts y elevar las rentas. Foto: archdaily.mx

Lo que ocurre al momento de la gentrificación, además del desplazamiento de personas, es que, precisamente, a los alrededores de la zona subsiste gran parte de la población que no fue alcanzada por este proceso, por lo que este fenómeno es considerado como un límite importante en el que las tensiones raciales y de clase van en aumento.

Para el arquitecto estadounidense Ben Koush, los edificios gentrificados siguen los requisitos del mercado sin atenerse a los principios de arquitectura. Al igual que el kitsch en el arte, simplemente buscan hacer sentir bien a quien los ve y quien está en ellos, pero de forma superficial.

Han sido descritos por figuras como Maria Nicanor, directora ejecutiva de la Rice Design Alliance y la Rice School of Architecture, como faltos de imaginación y desconectados de la realidad social y de las necesidades a las que se supone deben hacer frente. Se construyen para ser vendidos y desocupados como un mero envoltorio para placeres de lujo (o no tan de lujo), puesto que no tienen, según la arquitecta, una intención de cubrir las necesidades de las familias ni asegurar su permanencia o su crecimiento en una comunidad.

Comentarios