Lucila regresa a la voz colectiva
Nuestro mundo

Lucila regresa a la voz colectiva

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Fui insaciable lector de una literatura que ya desapareció, la literatura soviética. Mis ojos siempre ávidos de la belleza y la justicia cifradas en la letra impresa me colmaron con las emociones que fluyeron de muchas obras, desde las de grandes clásicos como La madre, de Máximo Gorki y Así se templó el acero, de Nikolai Ostrovski, hasta las del último número de la revista-libro (192 páginas) Literatura Soviética, número monográfico dedicado a Borís Pasternak en diciembre de 1990.

Pasternak era admirado como poeta en la URSS (Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas); en Occidente fue más reconocido como narrador gracias a su novela Doctor Zhivago, convertida en película hollywoodesca. Traigo al caso todo lo anterior porque la literatura soviética vivió inquietada por el papel social del intelectual y porque leí hace días el libro Regresar del silencio, de Lucila Navarrete Turrent, publicado por la Universidad Autónoma de Coahuila.

El libro de Lucila Navarrete Turrent (nacida en Torreón) es de temática variada pero en la mayoría de sus textos se respira la atmósfera de la preocupación por la presencia del intelectual en la sociedad. En su hoja preliminar pondera la crítica, el periodismo cultural y “el trabajo de distintos artistas de la región, especialmente mujeres”. Ya en el diálogo con ellos, su palabra y la de sus interlocutores fluyen con el vaho que cuestiona el papel del intelectual.

De modo especial se consideran al intelectual y su entorno social en “Testimonio y literatura. Algunas reflexiones”, donde se advierte la comunión de la autora con el pensamiento del autor citado. La identidad de pensamiento y por tanto de horizonte ideológico tremola así: “Rodolfo Walsh pensaba en términos de un arte político, un arte crítico de la noción higiénica de las ‘bellas artes’, que las desvincula de su realidad social. Y es que ésta, tal y como se nos presenta, es convulsa, desbordada, profundamente desigual y violenta. ¿Será, entonces, que la literatura puede quedar al margen del grito, siempre sofocado, de las víctimas de un sistema feroz y descarnado? Walsh sostenía que no, que los géneros literarios estaban siendo impactados […]”.

La lectura de Regresar del silencio muestra que no sólo los géneros literarios han sido “contaminados” (dirían los artepuristas) por incorporar en su materia la preocupación ante las circunstancias sociales ominosas (producto del capitalismo) ya que en la mayoría de sus interlocutores o de los creadores analizados asoma la preocupación política, la crítica social.

En sus palabras preliminares Lucila Navarrete advierte: “el insumo transversal de mi trabajo es la palabra de las y los demás: escritoras, creadores escénicos, artistas plásticos, músicos y cineastas se dan cita en mi escritura”. Quienes se adentren a las páginas del libro de la torreonense confirmarán como esa palabra crítica resuena en la propia palabra de ella hermanada, por supuesto, con la preocupación social de los demás.

Navarrete Turrent regresa a la voz colectiva con su libro seccionado con los apartados “Crítica literaria”, “Entrevistas”, “Diálogos con el teatro, el arte contemporáneo y el cine” y “Crónicas”, títulos que revelan la temática diversa que va del comentario literario al compromiso con la justicia, del periodismo en verso a las expresiones de artes plásticas, del canto cardenche al movimiento estudiantil-popular de 1968.

Ningún tema omite lo que ya se ha mencionado: la visión crítica, mas tampoco el gusto de la autora por la palabra que sorprende con su semántica imprevista pero eficaz para cumplir con la función prístina de comunicar y la no desdeñable de ser vehículo de satisfacción espiritual o, mejor dicho, estética. Hay en Regresar del silencio la seductora novedad del qué y el gozo del cómo.

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