¿Estaremos dispuestos?
Nuestro mundo

¿Estaremos dispuestos?

Nuestro Mundo

Es fascinante el mundo de la política, es como en esos juegos donde a cada acción y reacción se revela quien se es, lo que te permite conocer mejor al jugador.

Mi acercamiento con la política proviene de las instituciones educativas donde curse mis estudios básicos, en ellos se elegía a la mesa directiva de estudiantes que iban a dialogar con la dirección y maestros en general, recuerdo que en el colegio de niñas al que asistí los programas de trabajo de quienes pretendían ser nuestra voz incluían fomentar las convivencias con los niños de otros colegios y negociar algunos días de puente. En el tiempo “electoral” te regalaban algún dulce, algunos materiales escolares y cositas así.

Ya en preparatoria se ponía más serio el asunto porque ahí había recursos de los bailes, ardua tarea de los tesoreros administrarlos y que no hubiera faltantes. Luego para mí, fue básico aprender de los intereses informativos de mis padres; no sé desde cuando empecé a leer la columna de Verdades y Rumores que se sigue publicando en las páginas del casi centenario El Siglo de Torreón, era muy joven, pero me sentía muy grande porque conocía los nombres y las debilidades descubiertas de los políticos en las columnas de trascendidos y editoriales. Siempre leí y cuando fui estudiante universitaria mis referentes eran las revistas quincenales que “decían la verdad”.

Ya en mi ejercicio profesional he tenido que observar a lo largo de muchos años el comportamiento de quienes están metidos en ese mundo. Esa observación me ha parecido, vuelvo a emplear el calificativo, fascinante, es la naturaleza humana puesta a la vista. Algunas constantes de los hombres y mujeres que participan en política son las siguientes:

  • Los seres humanos somos los mismos vestidos de distintos colores, las motivaciones se parecen mucho.

  • Los argumentos que expresan respecto a por qué participan en la política son: por la necesidad de servir a los ciudadanos, por el inmenso amor que tienen por su tierra, porque son los indicados para generar ese cambio anhelado.

  • Todos llegan por primera vez a un cargo público sin negativos evidentes, la imagen se va deconstruyendo en la medida que se ocupan posiciones de poder, todos terminan siendo cuestionados y señalados.

  • La mayoría empieza a construir un personaje de acuerdo a lo que los asesores les recomiendan, por ejemplo, un candidato que no se identifica con el pueblo por cuestión de su origen esta casi obligado a recorrer calles, usar transporte público, comer en puestos para generar un proceso de identificación con las mayorías.

  • Los políticos deben desarrollar el musculo del cinismo, dicho en otras palabras, engrosar la piel para resistir la andanada de descalificaciones y vituperios que pueden proceder de dos fuentes, de sus mismos correligionarios o bien de los otros candidatos o partidos.

  • Los políticos se rodean de gente que: sabe mucho, que cree que sabe mucho y también de quien no sabe nada más que llevar el mejor chisme del día. Los corifeos son los que, a veces, hacen más daño a la percepción que se tiene del político en turno.

  • El poder daña las neuronas, muchas veces se sienten omnisapientes, eso, lleva necesariamente al territorio donde convive la soberbia y la prepotencia que se simula pero que tarde o temprano sale a flote.

  • En política no hay amistades, hay intereses, uso la frase que identifica al vecino país del norte porque queda perfecta.

  • Los aplausos, las lisonjas, las invitaciones, las atenciones, los reportajes en las revistas hasta del corazón, las cuentas que quedan pagadas en los restaurantes, la opulencia de las casas que visitan y un largo etcétera provocan una nube de humo que marea hasta al más centrado

  • Los políticos pierden de vista que en muchas ocasiones su paso es efímero y todo lo demás permanece.

Tal vez este recuento que hago sea injusto, porque hay excepciones. Y pensar que con esta harina hay que hacer el pastel, resulta difícil, pero está en nosotros, dejar que sigan siendo como son o hacerlos como queremos que sean, esto último es un trabajo que va más allá de palomear una boleta electoral. ¿Estaremos dispuestos?

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