Pupitres vacíos, hogares con desafíos
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Pupitres vacíos, hogares con desafíos

Los retos de la educación en línea

Con la llegada de la COVID-19, la dinámica de la vida cotidiana cambió bruscamente. Incluso ir a la escuela se convirtió en un peligro para la salud. Fue así que las autoridades decidieron, desde mediados de marzo de 2020, que los alumnos no regresarían a las aulas por unas semanas. La mala noticia es que este regreso presencial a las escuelas, a casi un año, está lejos de darse.

Ante este escenario, Internet se ha convertido en la única herramienta con la que tanto alumnos como profesores pueden continuar con sus clases, sin embargo, esto ha significado un gran reto tanto a nivel emocional, como psicológico y académico.

Siglo Nuevo platicó con maestros y padres de familia para conocer su perspectiva y saber cuáles han sido los retos que la educación en línea les ha impuesto.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) señala que en México, el 24.84 por ciento de los estudiantes de entre 7 y 17 años no tiene acceso a Internet, mientras que el 4.47 por ciento no cuenta con televisión. Asimismo, el 78.6 por cierto de las personas reportaron dificultades para continuar con la educación desde casa.

INICIO DE LAS CLASES EN LÍNEA

La transición de las clases presenciales a virtuales fue un verdadero desastre para Tania Campos, quien es maestra en algunas universidades privadas en La Laguna, debido a que “ninguna escuela, por más tecnológica que fuera, estaba preparada para eso y fue algo casi de la noche a la mañana”.

Paramos actividades un rato, y después fue algo exprés, como en dos o tres días nos capacitaron para poder utilizar la plataforma. Hay profesores que somos muy tecnológicos y eso no nos implicaba un reto. Pero hay otros más grandes y que son muy buenos, pero que les cuesta más integrarse a la tecnología”.

Por otra parte, Campos menciona que uno de los aspectos más importantes es la socialización en la escuela. “Los chavos la han pasado muy mal. El hecho de convivir se ha perdido un poco, y para ellos ha sido duro dejar esta parte de la socialización que daba la escuela”.

Para Tania, llega un momento en el que los estudiantes pueden sentirse saturados de información, la cual no encuentran muy bien cómo utilizar en su vida profesional, y por ello, es un reto para los maestros enseñarles de manera dinámica cómo emplearla.

En cuanto a la deserción de alumnos en la universidad donde trabaja, Tania comenta que muchos de ellos, quienes se pagaban su propia colegiatura, tuvieron que salirse para ayudar en casa porque sus papás se quedaron sin trabajo o no tenían para pagar la escuela.

La crisis económica causada por la pandemia ha hecho que muchos jóvenes dejen sus estudios para trabajar. Foto: Freepik

A pesar del panorama negativo, Tania recapitula que se reforzaron los lazos entre padres e hijos gracias a que la familia se sentaba a ver las clases en la televisión, al menos en niveles de primaria. En cuanto a lo universitario, observa a los papás involucrarse más.

Me dicen: maestra, no tenemos computadora pero le pago el cibercafé a mi hijo para que vaya toda la mañana a tomar clases”.

Una de las consecuencias de las clases en línea es la pérdida del contacto físico, y aunque las personas están muy alfabetizadas en la cuestión tecnológica, en habilidades interpersonales, la maestra Tania percibe que se están creando “verdaderos analfabetas” que no saben ni cómo saludar a la gente.

En lo académico, Campos resalta que los estudiantes perciben que están aprendiendo mucho menos que si estuvieran físicamente en el aula, aún y cuando sus promedios se mantienen.

A futuro, la educación a distancia va a seguir, a opinión de Tania, pero sugiere cambiar algunos aspectos, como lograr crear una tecnología que pueda ayudar a tener mucho más contacto entre profesores y alumnos para no caer en la despersonalización.

NO ES LO MISMO

Como docente desde hace cinco años en distintas escuelas privadas, Carlos Alberto Pacheco Blanco comparte que estuvo negado, en un principio, y que le fue difícil adaptarse “porque pensaba que no era lo mismo lo virtual que lo presencial. Tuve que cambiar ese chip y adaptarme, no fue fácil”.

Entre los retos para alumnos y maestros, considera Carlos, fue tener un equipo o computadora que pudiera correr bien varios programas a la vez, una conexión a Internet estable, cámara y un espacio para tomar o dar la clase, e incluso resolver el hecho de que varios comparten una laptop en casa.

De igual manera, Pacheco Blanco cuenta que faltó capacitar a los alumnos para que conocieran los programas, pues a nivel personal, dio por sentado que los jóvenes “ya le sabían mover”.

Cometimos el error de pensar que, como están chavos y crecieron con la computadora y el celular, pues ya le saben. Pensamos que ya sabían cómo subir un archivo o video a la plataforma y no, no fue así”.

No todos los alumnos han logrado adaptarse a la modalidad en línea. Foto: Freepik

Asimismo, Carlos considera que el principal reto para el maestro es mantener la atención del alumno en la clase en línea porque se compite con entretenimiento online como Netflix, YouTube, “y es necesario hacerles ver que así como es importante ver sus videos en Tik Tok, esto (la clase) también es importante”.

Carlos explica que la universidad, aunque no es un refugio, sí funciona como un lugar propio de los alumnos, donde pueden salir un poco de la dinámica familiar. “Doy clase en universidad y es una edad complicada en muchos aspectos, entonces, no tener un lugar en su casa para las clases, estar todo el día con la familia y enfocarse en las clases estando en la computadora siete u ocho horas, es también un reto para ellos”.

En este sentido, el profesor menciona que depende en cierta medida de los propios estudiantes adquirir a través de la educación, las herramientas y habilidades para el futuro, ya que no todo lo malo se debe al sistema educativo.

Queremos achacarle a la educación todos los males de este país, pero depende también de la actitud de cada alumno y de su interés por aprender. La educación te da las herramientas y tú sabes qué hacer con ellas”.

Pacheco concluye, a manera personal, que la educación en línea le ha impuesto grandes retos desde la forma en cómo dar la clase para mantener el interés de sus alumnos, hasta en el tiempo que dedica a su trabajo, pues siente que ha trabajado más que cuando las clases eran presenciales.

YA NO QUIERO ESTUDIAR

Para Fernando López Rosas, quien es psicólogo, orientador educativo de la preparatoria CECyTEC plantel Torreón y docente de la Universidad Vizcaya, uno de los aspectos más difíciles a tratar a nivel psicológico y emocional, fue el estado de ánimo entre los alumnos, pues muchos de ellos ya no querían estudiar, al menos a nivel preparatoria.

Si regularmente muchos alumnos me dicen que ya no quieren estudiar, pues ahora con la pandemia se disparó el número de chavos que tuvieron la idea de dejar los estudios y prefirieron esperar a que fuera presencial. Unos se iban de la escuela también por la economía y aunque los apoyábamos dándoles cuadernillos para que siguieran trabajando, no todos lo hacían”.

Ante esta problemática, López Rosas recalca que en la preparatoria se trabajó el aspecto psicológico y emocional con los estudiantes para que no desertaran. Incluso, lograron, en ciertos casos, convencerlos de seguir en la escuela. “Aunque otros, a pesar de los esfuerzos, no entraban a la clase y no entregaban trabajos. Se desconectaron por completo y es muy difícil darles seguimiento si no los ves”.

Foto: Behance / Jenna Arts

Otro aspecto que se está abordando en el alumnado del plantel CECyTEC Torreón es el sentido de compromiso con las clases y el recordarles por qué están estudiando, dado que son aspectos que se han perdido un poco.

Cuando vas a la escuela, te arreglas, preparas el uniforme para verte bien. Ese proceso es muy importante porque hace preocuparnos por nosotros mismos y por la imagen. Pero ahora, no te preocupa cómo te ves porque tienes la cámara apagada y nadie va a verte. Entonces, piensas que no tiene caso arreglarte, y desde el momento en que no estás presentable, significa que ya no te interesa la clase, porque no tienes esa expectativa de aprender”.

Por el contrario, para los profesores de la preparatoria, cuenta López Rosas, ha sido una carga de trabajo y estrés enorme. “En promedio, son entre 800 y 900 alumnos cada semestre y estarles revisando a cada uno la tarea en línea y en el momento, es muy desgastante. Además, los chicos tienen muchas dudas y se comunican con los profes por WhatsApp para que les expliquen cómo usar la computadora o el Word. Esto es tiempo extra porque los profesores responden en horas que ya no son de trabajo porque no les alcanza el día para toda la demanda de alumnos”.

En algunos de sus compañeros maestros, se dieron casos de burnout, un estado de agotamiento mental, emocional y físico que se presenta como resultado de exigencias agobiantes o estrés crónico. Mientras que los alumnos tardaron al menos un semestre en aprender las tecnologías para tener clases virtuales.

A nivel universitario, la dinámica fue diferente para Fernando. Notó que los estudiantes se adaptaron más rápido e incluso, “tenían la iniciativa de aprender los programas por su propia cuenta”.

En la universidad donde trabaja, no tuvo tantos problemas para que el personal docente y el alumnado se acostumbraran a las clases en línea. A los maestros se les capacitó y desde antes tenían una plataforma, que casi no usaban, pero que ya estaba ahí, por lo que les fue más fácil adaptarse porque tenían la noción de cómo trabajar virtualmente.

Cuestionado sobre qué consecuencias habrá cuando los alumnos regresen a las aulas, Fernando López resalta que será un gran reto, pues habrá que atender a todo este sector de la población que se quedó rezagado por la pandemia.

Si los alumnos regresan a las escuelas, van a regresar con más problemas económicos y emocionales, porque sus papás no tienen trabajo o porque alguien en su familia enfermó o murió. Por eso, debemos modificar o crear materias enfocadas en la importancia de desarrollar habilidades socio-emocionales”.

Ante las actividades en solitario, los jóvenes pueden perder habilidades sociales. Foto: Behance / Özlem Baykuş Paçacıoğlu

Igualmente, para Fernando, es esencial atender a este sector afectado, ya que “puede darse un fenómeno parecido al narcotráfico porque, al igual, muchos murieron o perdieron familia, hijos, hermanos, y la gente quedó enojada y resentida por lo sucedido, provocando que muchos siguieron esa línea de violencia. Y esto (la pandemia), podría ser otro factor para irse a la delincuencia”.

Otro reto que tendrán las nuevas generaciones es la socialización, porque la fobia social se va a generar en edades más jóvenes. “Se están acostumbrando a tener control de apagar la cámara si no quieren que los vean y a conectarse cuando quieren. Si les costaba trabajo sociabilizar, ahora les costará más, sobre todo cuando esos alumnos se inserten al campo laboral. Porque la educación prácticamente es todo en línea. Pero en los trabajos no es así, las empresas regresaron a las oficinas hace meses, y eso podría provocar que sea más difícil reintegrarse para ellos a lo presencial”.

Pese al pronóstico, López Rosas resalta las cosas buenas que ha traído la COVID-19. “Las crisis tienen algo positivo, y ésta trajo a relucir la capacidad de resiliencia que tenemos, así como la oportunidad de ver lo que estábamos haciendo mal. Hizo que viéramos que tenemos que cambiar para poder adaptarnos”.

Sin embargo, como psicólogo, se sigue preguntando el deseo desesperado de las personas de volver a la vida antes de la pandemia. “¿Por qué la gente quiere regresar a lo mismo si eso que estábamos haciendo provocó algo que nos lastimó tanto?”. Por lo que concluye que deben modificarse muchísimas cosas a nivel social, político y en otras áreas.

EL RETO PARA LOS PADRES DE FAMILIA

Cuando se les pregunta por las clases en línea, algunas madres de familia o tutores, como Marisela Hernández Reyes y María de Lourdes Hernández Reyes, coinciden en que no está funcionando este sistema en las escuelas públicas.

Marisela Hernández Reyes tiene a sus hijas Marissa y Jazmín, de 7 y 11 años de edad, respectivamente, en segundo y sexto grado de primaria en la Escuela 18 de Marzo. Comparte que carece de los recursos económicos para conectarse a las clases virtuales, por lo que muy pocas veces su hija mayor se ha conectado. “Mi esposo gana poco y no nos alcanza para comprarles un celular”.

Ante ello, Marisela firmó una carta responsiva en donde se comprometía a entregar todos los trabajos y tareas de sus pequeñas el día 26 de febrero, “pero en la escuela no me han dado ningún trabajo para que mis hijas lo hagan, si acaso me han mandado dos o tres”, aclara.

También quedaron que los que no tuviéramos acceso a Internet, nos iban a dar un cuadernillo, pero nada”, dice Marissa.

Foto: Behance / Rishab Soni

Por su parte, María de Lourdes Hernández Reyes reclama a la Secundaria Técnica #54 Isaac Newton, donde estudia su nieto Guillermo, quien vive con ella, la falta de organización para las clases en línea.

De 10 materias que tiene, sólo tres profesores le dan clases virtuales. A los demás profes no los conocemos, solo le mandan los trabajos por WhatsApp, pero nunca ha tenido una clase con esos maestros”.

En este sentido, dice que no hay un horario como tal de clases, y que los pocos maestros que imparten online “le mandan el link 15 minutos antes de empezar (la clase) para que se conecte”.

La escuela es un total descontrol para Lourdes, a pesar de que su nieto sí tiene equipo de cómputo e Internet.

Muy opuesto a las experiencias anteriores, para Jenny Bañuelos Meraz, los docentes que imparten clases virtuales en la escuela de su hija Esperanza, están plenamente capacitados, presentan actividades novedosas y manejan muy bien situaciones inesperadas.

La pequeña Esperanza, de 4 años, cursa el segundo año de preescolar en el Instituto Francés de la Laguna.

Lamentablemente, hace más de seis meses, el padre de Jenny murió por COVID-19. Mientras que su esposo, su mamá, su hermano y ella se contagiaron también. Fue una situación complicada, aunque considera que la pandemia le ha permitido conocer más a su hija. “Antes trabajaba a tiempo completo. Hoy, la comunicación con ella ha mejorado muchísimo, me platica más sobre lo que le gusta, lo que no, y lo que le da miedo”.

En su casa, Jenny cuenta con computadora, celular, iPad e Internet, lo que le permite fácilmente acceder a las clases en línea.

¿QUÉ SIGUE?

Tania, Carlos y Fernando coinciden en que la educación online llegó para quedarse, porque ha demostrado que puede servir para que más personas con menos recursos puedan estudiar.

Sin embargo, la maestra Tania recalca que los maestros con mayor edad no deben rendirse por no poder aprender las nuevas tecnologías. “No se rindan, no se vayan porque todavía tienen mucho que enseñar. El mensaje que les doy a ellos es que todos los días se puede aprender algo nuevo, por eso les digo que sigan, porque tienen unas mentes brillantes”.

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