Marcela Arteaga, reivindicar el cine documental
Entrevista

Marcela Arteaga, reivindicar el cine documental

Ilustración de portada: José Díaz

Sus ojos se aleccionaban entre libros de medicina cuando un amigo le realizó una petición inesperada: solicitaba su ayuda en la producción del material de su tesis que avalaría su carrera en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). Aunque ella no tenía conocimiento sobre cine, aceptó el reto. Dicen que a veces la curiosidad redirecciona destinos. Ese fue el caso de Marcela Artega, mujer que cambió el estudio de la salud y la vida, tomó una lente y adoptó una visión de documentalista para traducir en imágenes la realidad de la que ella misma es parte.

Su mirada, interesada en retratar los pliegues de la existencia, se vierte en materiales cinematográficos que han alcanzado los focos de festivales internacionales, pero, que por el contrario, encuentran indiferencia en México, un país que sigue anclado al cine comercial y sin la voluntad suficiente para difundir y proyectar producciones audiovisuales nacionales.

Y es que si hacer cine en México es complicado, realizar documentales se enfrenta a un escenario todavía más complejo. Por eso Marcela representa la reivindicación del género. En ese barco navega la mexicana, que aún con el viento en contra, logra llegar al puerto de importantes eventos cinematográficos a nivel global, en donde además de encontrar proyección, su trabajo ha sido laureado.

Con Del otro lado del mar, documental realizado en su tesis en la CCC, Arteaga fue galardonada con el premio a la mejor ficción del NYU International Student Film Festival, premio al mejor cortometraje del festival de cine de Cancún, así como una mención especial en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary. La historia gira en torno a un niño en busca del mar que en el camino conoce a personajes que lo hacen crecer.

Por otro lado, Recuerdos, que retrata la vida de Luis Frank un emigrante lituano, le mereció el apoyo de la Rockefeller Foundation, obtuvo el Mayahuel a mejor película y el premio de la crítica FIPRESCI en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, México. También recibió el premio especial del jurado en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato, México, así como en el Festival Internacional de Cine de Málaga, España. Adicionalmente fue nominado al Ariel como mejor documental por la Academia Mexicana (AMACC).

Su último largometraje realizado hasta la fecha, El Guardián de la memoria, se estrenó mundialmente en la competencia oficial de uno de los festivales más importantes del mundo: Hot Docs Canadian International Documentary Film en Toronto. También resultó el documental ganador del Festival Internacional de Cine de Morelia y DocsMX en 2019.

En este trabajo, Arteaga muestra un lente más sabio. Aunque el tema que aborda es la cruda violencia que enfrentó el pueblo de Guadalupe en Chihuahua durante la llamada Guerra contra el Narcotráfico, su narrativa visual va más allá. Con una sólida responsabilidad de la imagen, la cineasta logra presentar belleza gráfica inspirada en el dolor humano. No es un acto sencillo, pero con su ojo y la técnica, Marcela sacude al espectador con metáforas visuales que se desgarran en narrar una violencia atroz que le dejó heridas profundas a un pueblo que fue perdiendo habitantes por desaparición o por desplazamiento.

El desierto, el silencio y los detalles de las casas que quedaron desmembradas de familias que huyeron del infierno, son algunos de los elementos que se resaltan en el trabajo de Arteaga, una lente que se aleja de los elementos evidentes para abordar el tema de una descarnizada guerra.

Foto: Vimeo

La cineasta mexicana conoce el potencial del documental, por eso no se desprende de sus bordes. Sus intenciones cinematográficas se alían mejor con la realidad. Hurga en la historia para desenterrar pasados heridos con la intención de que no sean olvidados, y sobre todo para que de alguna manera se encaminen al alivio.

Pasan de las 12 del mediodía cuando el celular de Arteaga se activa. Accede a dialogar con Siglo Nuevo sobre su lenguaje cinematográfico a través del cine documental, un género que sin darse cuenta, ella misma reivindica.

¿Cómo fue tu acercamiento con el séptimo arte?

En realidad yo estudié medicina y después en un momento (lo del cine) fue casual. Un amigo mío estaba haciendo su tesis en el CCC (Centro de Capacitación Cinematográfica) y un día antes de que empezara se le fue quien le estaba produciendo y me llamo así de 'quieres hacer la producción' y le dije que sí, esto sin tener idea de que lo que se necesitaba o de lo que estaba haciendo. Fui. Por supuesto que lo hice todo muy mal, pero de ahí nació el gusanito que ya no se quitó. Ayudé a hacer las tesis de otros de sus compañeros y al siguiente año hice el examen para entrar al CCC. Así fue como empezó esto.

¿Abandonaste la medicina entonces?

La abandoné. Pero me arrepiento, me arrepiento. Hubiera ayudado más al mundo. (Risas)

¿En qué momento te enteraste que querías hacer cine pero en formato documental?

En la escuela teníamos que hacer documental a fuerza. Era una de las materias. Yo odiaba el documental, me parecía espantoso, aburrido. No era lo que me encantaba, pero había que hacerlo a fuerza. Cuando llegamos al momento de hacerlo, dije 'qué puedo hacer que me divierta y que no me la pasé tan mal'. Entonces hice un documental que era una cosa como mitad ficción mitad documental sobre los Carmelitas Descalzos, pero en realidad era de una persona que fue Carmelita, pero después se separó de eso. Me escribió un texto y yo hice imágenes a ese texto. Ahí me di cuenta de que no estaba tan feo hacer documentales. Y encontré una forma de expresión muy libre en el que podía hacer muchas cosas y eso quería. Me reconcilié con el documental, después hice mi tesis que era de un tema ficción. Pero la opera prima fue un documental.

Dice Rodolfo Walsh, un periodista argentino: la realidad no sólo es apasionante es casi incontable, ¿qué piensas al respecto?

(Risas) Que tiene toda la razón. Quizá por eso no me encantaban los documentales, pero quizá también por eso, encuentro en este formato una flexibilidad en donde además estás en contacto con la realidad, pero que la puedes contar desde una perspectiva muy propia. Y no solamente es tu discurso, ni tu universo que creaste.

Foto: filmparadigma.blogspot.com

¿Cómo asumes la responsabilidad de la imagen, más allá de lo que se busca contar en cuestión de datos y la información que recabas en cada documental?

La responsabilidad de la imagen es lo primero. Es decir, cuando yo decido o pienso que quiero hacer un documental sobre tal tema, al principio, en la semilla, y muy paralelamente, empiezo a pensar en imágenes. Si no tengo imágenes que me inspiren para abordar el tema siento que no estoy encontrando por donde abordar el tema. La responsabilidad de la imagen es todo. Es una gran responsabilidad y es una manera de replantearse, de contar la realidad desde otra perspectiva, en donde justo siento que la realidad es casi incontable. Necesitas un lenguaje diferente, uno que te permita acercarte a la realidad y a entenderla.

Por ejemplo en tu largometraje el Guardián de la memoria, abordas el tema de la violencia extrema que vivió el pueblo de Guadalupe, la estética de la imagen me pareció un contraste en lo que narran los testimonios, es decir ¿cómo presentar belleza visual inspirada en el dolor humano?

Eso es lo que yo misma me preguntó. Cómo abordar la tragedia sin banalizarla. Lo que siento es que no hay riesgo de hacerlo porque lo que estás haciendo, en el caso de Guadalupe, es tratando de encontrar un lenguaje que no re victimice, que no victimice y un lenguaje que se entienda, pero en lo profundo, no en la superficie. Es decir, más allá. Yo me acuerdo que una de las preguntas que les hacía a las personas que entrevisté fue “¿Qué fue lo que perdió?” Más allá de un hijo muerto que no es poca cosa, “¿Qué es lo que se pierde?” Como para tratar de que la gente entienda que no son cifras, ni son solamente personas muertas, “¿Qué es lo que uno pierde?”. Por ejemplo perder tu casa, no es solamente perder cuatro paredes, es perder una vida, es perder recuerdos, es perder una cotidianidad que eso es lo que conforma tu realidad y tu vida. Hacía ahí es donde abona toda esa apuesta a la imagen, en tratar de construir algo que va más allá del discurso y que quizá las palabras no tienen el alcance emocional para contarlo.

Cada vez que alguien observa un documental como el que estamos hablando ¿crees que una herida se abre?

Creo que esas heridas no se cierran, es muy difícil cerrarla. Sin embargo, lo que se busca es que se cierre de alguna manera, más que de abrirla, lo que uno busca es que se vayan, no olvidando, lo contrario, pero sí sanando, no cerrando tampoco, porque a veces lo que sucede es que cuando uno revisita la historia, la vuelves a ver y la entiendes. Entonces ya se entendió, y ahora sí pasemos a lo que sigue. Justamente no se trata de archivar la historia sino de revisitarla y reinterpretarla, sí que sirva, yo no diría curarla, porque ponerle al cine la función de curativo, sería darle demasiado, pero sí es algo que te ayuda a ir sanando, a entenderla de otra manera, a contar sin abrir la herida, ni tampoco prender que se está sanando del todo.

Tiene el documental la efectividad de desenterrar historias para que se reabran casos, como por ejemplo el de las Tres muertes de Marisela y se llegue por fin a la culminación de justicia

Yo espero que ese sea el caso del de las Tres muertes de Marisela, espero que sirva para eso. Lo que hace por ejemplo ese documental es que te junta la información, entonces es más fácil entender lo que pasó y analizarla, espero que esté hecho para eso. Yo creo que algunos sí tienen esa efectividad y funcionan, no podría decir que todos sirvan para eso.

Fotograma de El guardián de la memoria (2019). Foto: Vimeo

¿Para ti cuál es el potencial del género?

Es el mismo potencial que tiene cualquier arte. Porque creo que es un medio de expresión como cualquier arte, es decir, no creo que el documental sea más potente que una obra de teatro o que una exposición pictórica o música. [...] el arte es algo más inmediato. Lo que hace es buscar esa manera, ese lenguaje en donde cualquiera víctima o no víctima pueda entender lo que sucedió y no está cerrando a la memoria ni archivándola. Sino que estás haciendo una memoria que puede ir cambiando. Creo que ese es el potencial del arte en general.

¿Puede ser entonces el arte un arma contra el olvido?

Sí. Lo que siempre he dicho es que que en tiempos de guerra, la memoria es resistencia, pero la memoria así como te la digo no como historia de 'vamos a revisar lo que pasó y deducir las razones y las causas y bueno ya está'. No. Creo que es algo que tiene que seguirse hablando, no sólo para entenderse. Porque siento que es la manera de escuchar. No de darles voz, porque voz ya tienen, sino de aprender a escuchar, qué es lo que sucede y sigue sucediendo. Porque en este país sigue ocurriendo. Lo de Guadalupe no es algo que ya pasó. Y además no pasará de aquí a 40 años.

¿Crees que se viva un resurgimiento comercial del cine documental como herramienta de crítica social y política?

Sí, pero más que resurgimiento creo que se entendió cuál es el potencial que tiene. Pero yo insisto en que no es un potencial que tenga el documental, sino es un potencial que tiene el arte. Y mientras entendamos eso, que no sólo es el documental, vamos a lograr todo lo que en este país se necesita para reconstruir ¿Cómo haces memoria de algo que no sabes ni cómo contar? O de algo que te afecta tanto que no encuentras las palabras, no solamente en términos, sino cómo explicarlo o cómo escribirlo para que se entienda [...] ¿En qué lenguaje (pensando en arte) lo explicas o lo expones? Siento que lo que tiene el arte es esa capacidad de interpretar y de construir un lenguaje propio para tratar de que se escuche qué es lo que sucede.

¿En particular tu lente está pelado con la ficción o por qué el interés de desmenuzar tus producciones en los pliegues de la realidad?

No estoy peleada con la ficción, es un poco en términos de dinero y de levantamiento del proyecto, digamos. Es un poco menos complicado que la ficción. Es más barato, no es más fácil, ni tampoco es más inmediato, pero si es más barato.

En general ¿cómo observas la producción de documentales en México?

Creo que el documental está muy menospreciado y no sólo en México. [...] Hay lugares en donde, hay festivales con premios monetarios y el premio que le dan a la ficción es el doble de dinero que el que le dan al documental. O si quieres hacer un documental y aplicas para que te den dinero para la producción, te dan menos que en ficción. No entiendo de dónde sale que necesitamos menos dinero, entiendo un poco, que claro no necesitas iluminación, no necesitas actores, un guionista. Pero un documentalista se la pasó cinco años de su vida estudiando y no hay nada que lo pague.

Foto: viva-mexico-cinema.org

Posiblemente la mitad de las películas que se filman son documentales pero que ni siquiera el uno por ciento llegan a las carteleras, esto significa que la mayor parte de las audiencias no tienen acceso a lo que buscan contar los documentalistas. ¿cómo podría palearse esa realidad?

No es (problema) del cine documental sino de quien distribuye. La no distribución no sólo le pasa a los documentales, también le pasa al cine mexicano en general que está luchando frente a las producciones norteamericanas. Pero si vemos esa lucha, por ejemplo, todavía está más abajo el cine mexicano documental. ¿Cómo se podría arreglar eso? Yo creo que debería haber una ley de cine que exigiera la exhibición de todo lo audiovisual que se produzca en nuestro país.

De pronto me resulta extraño que un documental mexicano sea reconocido en el extranjero y que no lo conozcamos o que sea muy difícil acceder a el.

Es que es eso...hay un menosprecio. Un desprecio. Debería de haber una política de estado que protegiera, como en otros países, su producción nacional documental, ficción y no sólo el cine, sino cualquier creación audiovisual.

¿Por ejemplo cuáles son las bondades de que un documental gane un festival aparte de lo económico?

Son pocos los festivales que te dan un premio en dinero, tampoco es que sean muchos. Quizás ayuda a que el tema se exponga más ampliamente, que los vea más gente, eso sería un beneficio. Que por ejemplo que el Guardián de la memoria no sólo lo vean las personas que participaron en el, que conocen perfectamente bien qué es lo que sucedió ahí, sino que lo pueda ver más gente que no tenían idea de lo que pasaba en ese lugar. Por ejemplo, cuando estrené la película, que fue en Toronto, se acercó un chavo que me dijo, “yo soy de Oaxaca y en mi pueblo pasó exactamente lo mismo”. Entonces creo que sí, ayuda a eso, a que el tema se haga más visible.

Para ti que significa ser una documentalista

Es hacer uso de una herramienta flexible para expresarme.

¿Actualmente hacía donde observa tu lente?

Tengo dos proyectos, de los cuales todavía no quiero hablar mucho porque están un poco verdes. No voy a saber bien ni cómo contarte la historia, pero si estoy trabajando en un par de proyectos.

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