Utopía
Opinión

Utopía

Miscelánea

Patria, palabra horrible como semáforo o ascensor.

Pablo Neruda

Y el sexto día Dios creo al hombre, varón y hembra los creo. Procread y multiplicaos y henchid la tierra”. Algo más o menos así nos cuenta el Génesis sobre la creación del hombre. Yo más bien soy darwinista, pero haya sido como haya sido, henchimos la tierra y ahora la poblamos 7730 millones de seres humanos.

Lo que no se le ocurrió a Dios, es que con justificaciones como nación, patria, soberanía, pueblo; los humanos haríamos de nuestro hermoso, inmenso, generoso planeta; un picadillo. Creamos fronteras, construimos murallas, guetos. El abominable Trump construyó su muro. “Todo lo que divide a los hombres. Todo lo que especifica, aparta o acorrala, es un pecado contra la humanidad”, dijo sabiamente José Martí.

Dividir, fragmentar a la ciudadanía para impedir que se una en pos de un objetivo común, es vieja y conocida estrategia de todo gobierno despótico para mantener bajo control a una sociedad. Los déspotas, saben que la unión hace la fuerza, y por eso le temen y encuentran siempre los medios para impedirla. Los déspotas hablan en nombre del pueblo, esa absracción que refiere a una masa indiferenciada, sin rostro y sin nombre, que marcha hombro con hombro hacia un siniestro destino común, o simplemente como mera legión de curiosos que acude con todo y sus niños, a festejar la entrada de otro jefe triunfante, no importa cuál, ni de qué Partido o ideología. Total, para ellos es lo mismo porque han aprendido que unos vienen y otros van, todos les ofrecen paraísos pero su vida sigue siendo pobre y triste.

En nombre de la patria, la soberanía, el nacionalismo, la religión, las ideologías; los déspotas dividen, encierran, azuzan a los ciudadanos unos contra otros. Y sin embargo. “Debe haber otro modo. Otro modo de ser humano y libre. Otro modo de ser”, imaginaba Rosario Castellanos. Entre los ideales posibles, está el reconocimiento de que el planeta es de todos, y lo que corresponde es convivir. No tenemos que amarnos, se trata sólo de reconocernos como pasajeros en la misma nave llamada Tierra. Se trata de aceptar con naturalidad nuestras diferencias que al final ni son tantas porque todos los seres humanos deseamos lo mismo: pan, techo, paz, amor… Un mágnifico ejemplo de convivencia inteligente es la Unión Europea. Después de una historia de odio, guerras y muerte, consiguieron fortalecerse en la unión, conservando cada país su identidad.

Creo que si algo nos enseñó el virus es la igualdad. Lo mismo atacó a las reinas que a los déspotas, no hizo excepción con la pureza de sangre (si algo así existe) ni el color de la piel. Quedó claro que ni la fe pueril en la estampita o el “detente” sirvieron para nada. Buscando explicaciones a lo inexplicable, imagino que la tierra quiso mostrar su hartazgo creando un virus que se ha llevado hasta ahora dos millones y medio de humanos.

Quizá ante el ejemplo de igualdad que nos ha dado el virus, podríamos aprender algo tan sencillo como eliminar del lenguaje las palabras que nos dividen: el chino, el judío, el negro, el mexicano, los franceses, las mujeres, los homosexuales, transgénero, queers…. y ahora para provecho de MALO, los chairos y los fifis.

La historia nos enseña que a pesar del retraso que nos procuran los déspotas y aunque con una lentitud exasperante, la humanidad se mueve hacia la sensatez, y el día llegará en que todos podamos sentirnos miembros de una comunidad humana sin calificativos.

De momento, lo que corresponde ante el siniestro panorama que se dibuja ante nosotros, es unir y no fracturar el orden y la paz con mentiras pueriles y exasperantes. En cuanto a mí, ya he confesado mi incapacidad de aprender del confinamiento más allá de reforzar la vieja costumbre de hablar sola. Mantengo largas conversaciones con mi perro. “Gracias chula”, le digo a la impresora cuando excepcionalmente obedece mis órdenes, arrullo a los pequeños brotes que comienzan a asomar a la vida. La única novedad es que el perro, la computadora y las plantas han comenzado a responderme.

Comentarios