326 años de inmortalidad de Sor Juana
Nuestro mundo

326 años de inmortalidad de Sor Juana

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El tener a Estados Unidos a mil kilómetros, el poder llegar a su territorio en un rato en avión, el prestigio que da el poder transnacional a un idioma, la sumisión de los medios audiovisuales a los productos norteamericanos pero sobre todo el espíritu de vasallo de nuestros conciudadanos hacen que en esta comarca los hablantes pringuen su discurso de expresiones en lengua inglesa.

Imaginemos que ese párrafo anterior fuera parte de una imposible conversación que yo tuviera con Sor Juana y ella, comprensiva, concesiva y suave, pero consciente de los valores humanos, un tanto para darme por mi lado, dictaminaría en seguida con la fría determinación de su gran raciocinio: “un necio no cabe en sólo la lengua materna”.

Gracias por esa máxima, Sor Juana. Tu sabiduría sentenciosa se ha expresado: “un necio no cabe sólo en la lengua materna”. Le viene muy bien a nuestra sociedad donde muchos comarcanos salpican de anglicismos su habla para ser gringos aunque sea de mentiritas.

Viene bien escuchar a Sor Juana, quien este día 17 de abril cumple 326 años de muerta; es decir, lleva más de tres siglos en la inmortalidad. Había nacido en 1648 en Nepantla, Estado de México (para mí, localidad celebrable por haber sido cuna de Sor Juana, pero de triste memoria porque allí las fuerzas represivas del gobierno asesinaron a un grupo de jóvenes guerrilleros egresados del movimiento estudiantil-popular de 1968).

En este aniversario de la muerte de Sor Juana me ha tocado recordar (y anotar dentro de la subordinación de los paréntesis) otra máxima salida de su pluma y que como la anterior procede de la Respuesta a Sor Filotea (Sor Filotea es un obispo que se disfrazaba de monja y se cambiaba el nombre). La máxima sorjuanina a la que me refiero dice: “la riqueza y el poder castigan a quien se les atreve”.

Sor Juana trazó su anterior axioma al hablar de cómo la sociedad de su tiempo trataba a la inteligencia y al conocimiento. Aunque lo más probable es que mientras lo escribía pensaba en el acoso, las represiones, las habladurías de que era objeto. Fue víctima del poder concentrado en las jerarquías católicas y de las costumbres sociales que privilegiaban al hombre.

A pesar de todo nos heredó un caudal de poesía y de sabiduría que quienes nos acercamos a sus orillas nos hacen admirarla; y se vive la necesidad de hacerlo en tanto más se le acerca uno, pero no tanto mediante las biografías eruditas ni las de estampitas de Primaria, sino acercándose a su obra.

Nos heredó también Sor Juana su ejemplo de insumisión pasiva y si esto parece una contradicción a ella le parecería un jueguito dialéctico porque amaba la dialéctica que venía desde los griegos. Mi memoria en declive me lleva a abrir al azar sus obras completas en busca de un ejemplo de cómo usaba la dialéctica y luego luego salta éste acerca de los cuatro elementos:

Y ya que juntos os miro / nobles elementos cuatro / cuya fecunda discordia / es madre de efectos tantos // vosotros, que variamente / con paz y guerra luchando / sois contrarios muy amigos / y amigos muy encontrados […]”. En estos versos de su oda por el cumpleaños del rey Carlos II su admiración de la dialéctica nos lleva a que veamos esa metodología del pensamiento como fecunda (como lo es en realidad).

La insumisión pasiva de Sor Juana es el espíritu que insufla su poesía, sus textos de religión y sus dos grandiosas epístolas que son la ya mencionada Respuesta a Sor Filotea y sobre todo la Carta al obispo Antonio Núñez de Miranda, su guía espiritual, contra el que se rebela de manera franca. En la Carta a Núñez de Miranda, Sor Juana se alza como una heroína de la resistencia ante los opresores; su voz trasciende el carácter de la mujer que no soportaba la irracionalidad de lo masculino y la de la religión.

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