Acaso la amistad sea Sólo esto
Literatura

Acaso la amistad sea Sólo esto

Un poemario sobre la compañía y la ausencia

Ilustración de portada: Behance / Kurt Chang

La amistad sea sólo esto” es quizá la frase más recurrida en este poemario. Una especie de estribillo que aparecerá constantemente para aventurarse a definir esta esencia tan difícil que es la amistad. Como un cuaderno de anécdotas y confesiones, el libro nos regala una precisión poética y rítmica que nos reencuentra, en muchas ocasiones, con imágenes espaciales, con la memoria infantil y con aquella iniciación a la confidencia, el juego y la armonía.

Sólo esto de Emiliano Álvarez fue publicado en noviembre del 2017 bajo sello editorial del Fondo Editorial Tierra Adentro y fue acreedor, ese mismo año, del Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino. El autor, nacido en el 87, fue además becario de la Fundación para las Letras Mexicanas y del Programa de Jóvenes Creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. Es también subdirector de la editorial artesanal La Dïeresis desde 2011.

FORMA

El libro, partido en tres secciones, contiene poemas de carácter epistolar en los que el personaje principal se dirige a lo que podríamos definir como un amigo lejano. Las conversaciones se vuelven cada vez más significativas a medida que los diálogos van explorando diferentes tiempos. Es decir, no solo el pasado, el presente y el futuro son abordados, sino aquellas posibilidades de lo que pudo haber sido y de lo que aún no es, pero seguramente será. Se habla, entonces, de un platicar muy íntimo entre el poeta y lector.

La obra se apoya de un apartado de notas, el cual ayudará a profundizar en las piezas que pudieran no ser muy claras durante la lectura. No se trata de traducir o explicar lo que uno está leyendo, sino de una especie de apoyo, casi cultural, que enriquece en buena medida la experiencia del libro.

Un recurso de este poemario es la continua evocación de obras clásicas o contemporáneas, pues líneas de otros libros son reubicadas y expuestas con nuevos significados. En muchos versos se toman citas, a veces distorsionadas, de otros poetas como Neruda o David Huerta. Otras veces podemos situarnos en escenarios de otros libros, como es el caso de Sarracine, novela de Honoré de Balzac, de donde Álvarez toma prestada la voz del protagonista y enumera una serie de textos que se postran entre lo erótico y lo obsesivo, dirigidos a La Zambinella, un castrato travestido que generalmente interpretaba papeles femeninos en la ópera de Roma.

Foto: FETA

AGUA Y FUEGO

La memoria es uno de los pilares más importantes de este libro. Entre su abanico de recursos, podemos destacar la constante evocación de anécdotas que se abordan desde un genuino uso del lenguaje cotidiano, metafórico y quizá nostálgico.

Un grupo de amigos se congregan en el poema Iam HaMelaj (Mar Muerto en hebreo). Dividido en seis partes, es un texto que nos habla sobre la amistad y la muerte. La comunión, la unión y los vínculos que forjamos con los otros, son explotados desde la añoranza y la partida. “Acaso la amistad sea sólo esto / que obtuvimos de la muerte, esto que, tercamente, / persiste, renaciendo, y que nos dice cómo / tomar agua tan dura y no desfallecer, sino aferrarnos, / más enérgicos, al placer de flotar, con la vista hacia arriba, / mientras hablamos, riendo, de todo o casi todo; / mientras callamos todo aquello que no es necesario decirnos”.

Un elemento destacado de esta serie es el agua: una sustancia ya recurrida innumerables veces en la literatura, pero que en esta ocasión viene a refrescar el significado de esos momentos en los que uno se encuentra suspendido en las palabras y las pausas de alguna mesa de discusión trivial e instantánea.

Otro poema inscrito en esta sección es Pavesa, igualmente fraccionado en seis partes y fundamentado en la memoria y en la posible experiencia personal del autor, quien aborda el mismo tema desde una imagen peculiar y calorífica: el primer encuentro con los fósforos.

Dos niños son los protagonistas. Uno de ellos tiene experiencia, o cuando menos, conocimiento previo en el manejo y el uso de los cerillos. El compartir esta información, de un niño a otro, logra concretar un ardor muy especial en la poesía de Sólo esto: “Alguien me enseñó, y yo te enseñe a ti / a convertir la mano de uno en la más inquieta extremidad del fuego”. Tal vez el asombro de dos pequeños que descubren su mundo y su mano arder se trate de algo más que una anécdota. Se trata, quizá, de la combustión y del sentido que tienen aquellos que nos acompañan al crecer.

Así, esta tanda concluye con una despedida en forma de oración. El cierre de Pavesa nos habla de soltar y deshacer el nudo de un abrazo muy largo, pero también deseando con insistencia, alegría, lucidez y fuego. Un conjuro que se evoca, como se ilustra en el texto, con la mano bañada en alcohol, a punto de raspar la lija con el fósforo.

En un poema de la primera sección del libro, un niño le enseña a otro a usar fósforos. Foto: Behance / Roberts Rurans

CUADROS E IMÁGENES

Para la segunda parte nos encontramos con una miscelánea de temas, conceptos y símbolos. Sin perder de vista el foco central del poemario, el libro nos lleva a distintas imágenes captadas y descritas por el poeta, regalándonos una especie de reinvención de las cosas que contempla. Se trata de cuadros y fotografías que aparecen traducidos a un lenguaje más bien sugestivo.

La viuda, por ejemplo, es un poema dividido en dos partes. Se destaca por el tratamiento de la temporalidad y por la correlación de dos elementos aparentemente ajenos que logran converger por un instante. Hablamos de un pedazo de papel con un dibujo realizado por el artista Rafael Coronel titulado La viuda. Del trazo no se habla mucho al principio, y tal vez no es necesario, pues de lo que sí se habla es de un cuaderno que se resguarda en las manos del protagonista y que perteneció antes a una viuda llamada Isabel. El cuaderno se describe como se describe exactamente al abandono: “Sus hojas amarillentas / olían a desvelo; su grafito, a medio borrarse, / olía a piedra mojada. Era un cuaderno Scribe, / de arillo de plástico y tapa de cartón suave”. Finalmente, ambas piezas se reúnen: “El dibujo era, apenas, un haz de veinte trazos, / en un hoja arrancada (mal arrancada) / que bien pudo ser de ese mismo cuaderno”.

Al igual que el anterior, Namibia es un texto que hace referencia a una obra visual. En este caso, se habla de diversas fotos que aparecen en el libro África de Sebastião Salgado. Todo el poema pareciera, entonces, ser un carrete de estampas que se van acomodando debajo de las garras de un leopardo. Para el cierre del texto, con leve picardía y severidad, la voz enuncia: “Sugiero: esa foto tuya del leopardo / debería llamarse Autorretrato 1”.

NO MUY LEJOS DEL ESPACIO

Llegamos a la tercera parte del libro, que es algo así como un transbordador espacial. Las múltiples estancias de De Revolitionibus se ubican, principalmente, en el sistema solar. Por un lado, se busca repasar la amistad y enemistad de Tycho Brahe y Johannes Kepler, así como un pequeño escenario estelar que se plantea en las últimas páginas de este volumen. La voz principal regresa a ese tono epistolar y conversacional con el que había comenzado. Sin embargo, ahora las confesiones y los enunciados ya no son pedazos solemnes de la memoria, sino confesiones muy latentes sobre la ausencia de un amigo.

Tal vez algunos de los versos más impactantes del libro, y que lo definen de muchas maneras, sean los siguientes: “Acaso la amistad sea sólo esto: / un sistema planetario que evoluciona a golpes, / un juego que sabe siempre recomenzar, un escucharse / e interrumpirse, al mismo tiempo”. Sólo esto es una obra que brilla por su capacidad de enunciar la amistad, por la forma en que trasciende los meros recuerdos elevando las metáforas profundas de la compañía y de la ausencia.

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