Feminismo entre textiles
Tendencias

Feminismo entre textiles

La línea entre la explotación mercantil y la manifestación de un movimiento

El siglo XXI ha marcado la transformación del imaginario colectivo donde la palabra feminista, lejos de representar a una minoría que en los años noventa aún era marginada y señalada, pasó a ser un estandarte de millones de mujeres alrededor del mundo que desean salir de los controversiales estereotipos que rigen su comportamiento.

Poner el término feminismo sobre la mesa, da paso a un sinfín de opiniones y posturas encontradas dado que, históricamente hablando, se trata de evidenciar las injusticias y desigualdad que ponen en el reflector a su contraparte, causando polémica y manteniendo la discusión latente en cada canción, historia, programa y plática casual que se esté manteniendo.

El fenómeno no pasaría desapercibido por mucho tiempo de las grandes industrias regidas por el sistema capitalista, encargadas de deshilar cada uno de los puntos que conforman un movimiento universal para pasar a hacer lo que mejor saben: conceptualizar, limitar y vender.

ENTRE LA LIBERACIÓN CONDUCTUAL Y LAS NORMAS ESTÉTICAS

El feminismo ha sido parte de la industria de la moda desde la llegada de las sufragistas en el siglo XVIII, un asunto innegable que seguiría la línea hasta la emancipación de la falda y el corset, aceptada socialmente debido a las tareas que la mujer debía realizar durante la segunda guerra mundial. Esta ruptura fue y sigue siendo una de las aportaciones más grandes que Coco Chanel introdujo en el movimiento feminista; sin embargo, para el año 2021, marcas como Inditex, Vans o Adidas se han aprovechado de la cultura de lo instantáneo, donde las palabras llegan antes que la reflexión y la acción para tomar partido partiendo de aquello que estereotípicamente se consideraría feminista.

My body, my choice se puede leer en las prendas de diseñador dirigidas a una multitud envuelta por el fenómeno de las redes sociales que les exigen mostrar un estandarte de sus ideales; de lo contrario, no existen.

Cuando las mujeres pudieron liberarse del uso obligatorio del corset y las faldas, el cometido era uno: hacer de la comodidad y posibilidad de elección una realidad, no elementos a discusión. Sin embargo, al día de hoy, medios de comunicación y marcas dedicadas a la comercialización de ideales se han encargado de encasillar el concepto Feminismo en puntos a marcar en una lista de requerimientos a cumplir.

Tenis de la marca Panam inspirados en las pintas de la marcha del 8 de marzo. Foto: Twitter

Una prueba de ello fue el aclamado libro de Scarlett Curtis, titulado Feminist Don’t Wear Pink.. and other lies (Las feministas no visten de rosa… y otras mentiras), donde partiendo de los conceptos básicos e históricos que han acompañado a la lucha feminista, se dedicó por medio de diferentes historias curadas a ejemplificar los estereotipos que, más que haber estado latentes en décadas pasadas, se han manifestado como los “básicos” para pertenecer al movimiento el día de hoy.

En redes sociales, se pueden encontrar constantes listados que determinan lo que es o no es el feminismo, dejando de lado la premisa básica que rigió la liberación del corset y la llegada del pantalón: El feminismo es conductual, no estético.

Dentro de la obra Teoría de King Kong, la autora Virginie Despentes culmina el ensayo diciendo: El feminismo es una revolución, no un reordenamiento de consignas de marketing, ni una vaga promoción de la felación o del intercambio de parejas, ni tampoco una cuestión de aumentar el segundo sueldo. El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres pero también para los hombres y para todos los demás. Una revolución que ya ha comenzado. Una visión del mundo, una opción. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos del hombre, sino de dinamitarlo todo”.

Ante esto, es importante aclarar el concepto del movimiento feminista. Según la Real Academia Española, reconocida por no ser lo que algunos llamarían precisamente “progresista”, lo cataloga como:

1.- Principio de igualdad de derechos entre mujer y hombre.

2.- Movimiento que lucha por la realización efectiva en todas las órdenes del feminismo.

Aclarado el punto de lo que representa el movimiento, sería importante destacar lo que no es, dado que se contrapone con el concepto base: No es una doctrina que estipula como lucir, no tiene religión, no tiene etnia y no tiene clase social.

Es aquí cuando comienza a existir una disonancia cognitiva con relación al feminismo vendido como una pieza que puedes encontrar tanto en las tiendas de lujo, como en las departamentales.

Diseño de Dior. Foto: instyle.es

Cuando la cuarta ola feminista llegó al siglo XXI, colores como morado, verde y blanco reaparecieron en el mapa para dar mayor hincapié a conceptos como la libertad, la igualdad y el derecho al aborto. Sin embargo, al paso de los meses las pasarelas de moda fueron llenándose de mercancía que tenía como “inspiración” principal el movimiento. El primer ejemplo de ello llegó en el 2017, con la colección primavera-verano durante la Alta Costura de París, donde la diseñadora Maria Grazia Chihuri (primera mujer en la dirección de Dior) lanzó una camiseta inspirada en el ensayo de la escritora feminista Chimamanda Ngozi We should all be feminist (Todos deberíamos ser feministas). El manifiesto de la lucha feminista se convirtió en ese momento en un estandarte valuado en 500 euros por prenda, destinados a una organización benéfica liderada por la cantante Rihanna. Esto dio paso a la comercialización del movimiento en terrenos low-cost, como sucedió con las marcas Sfera y Stradivarius, esta última se dedica a comercializar el lema “No es no” como su propia bandera.

UN DISCURSO ANTICAPITALISTA

El problema de la comercialización del estandarte, más allá de apropiarse de un movimiento para hacerse publicidad como marca “aliada”, parte de las contradicciones que se encuentran detrás de la prenda de diseñador. Las mujeres de la pasarela llevan una camiseta Dior talla extra chica, son altas y, en su mayoría, cuentan con rasgos que dominan la belleza occidental, y este es sólo el comienzo de las contradicciones que acompañan a la industria.

Hablamos de una acción que hace que el espectador se cuestione “¿Debería agradecer a Dior por poner en pasarela el tema de la lucha feminista?”; sin embargo, existen problemáticas que no se han hablado con esa apertura dado que sería ir en contra de aquello que se han encargado de vender durante décadas.

En México, por ejemplo, muchas marcas, tanto grandes como pequeñas, otorgan opciones para lucir una camiseta en Instagram que avale el discurso que predican en la manifestación, sin embargo, dado que se trata de un país que lucha contra diez feminicidios al día, roza la frivolidad.

La moda se vuelve una extensión feminista contradictoria al mantener estándares como:

*La poca visibilización de diferentes tipos de cuerpos que no cumplen con los estándares occidentales.

La marca Stradivarius se apropió del lema "No es no". Foto: bovary.gr

*No da paso a la lucha contra los estereotipos de belleza.

*No reconoce la estrecha relación entre la industria de la moda y los desórdenes alimenticios.

*Siguen explotando a sus trabajadoras, las cuales probablemente se encuentren fabricando la camiseta con el eslogan desde India o China, siendo víctimas de la explotación textil y la falta de derechos laborales.

¿Es posible utilizar la industria textil y de la moda como un método de expresión que no caiga en el abuso de la comercialización? Es posible. Un análisis publicado por The Fashion Law, lo conceptualiza de la forma siguiente:

Simples declaraciones de moda no van a cambiar al mundo. Las razones de ellas, sin embargo, si se vuelven una acción, podrían hacerlo”.

Esto supone un sector de la moda capaz de combatir las normas patriarcales, partiendo de la base que introdujo al movimiento a la industria desde décadas atrás: la moda como autodeterminación y liberación. Una corriente accesible, no machista, no industrializada, y hecha por mujeres para mujeres.

LA EXPLOTACIÓN DE UN MOVIMIENTO COMO CARTA DE VALIDACIÓN CONDUCTUAL

Si bien la industria de la moda fue el promotor del movimiento bajo la lupa de los medios de comunicación, existe una variante que participa de la mano de ese sector: la política.

De la misma forma que marcas como Panam, quienes aprovecharon la atención sobre el 8M para lanzar un diseño de tenis feministas “inspirados” en las pintas realizadas en las movilizaciones a nivel mundial, el sector político se ha encargado de navegar bajo campañas publicitarias que los posicionen como un partido, no a favor de los derechos igualitarios, sino bajo la etiqueta de un partido feminista con perspectiva de género.

Esto no sería un problema si se tratara de una brecha donde la liberación patriarcal forma parte de la realidad, sin embargo, los mismos partidos siguen siendo liderados por hombres a cargo de los puestos más elevados, dedicados a idear estrategias de mercadeo, de la misma forma que la industria de la moda sigue perpetuando el ideal femenino para el consumo masculino. Esta es pues, la mayor contradicción; sin embargo, como se mencionó anteriormente, la cultura de la instantaneidad conlleva a que las palabras lleguen al ojo público antes que las acciones y la reflexión.

Panel organizado por el periodista Joaquín López Dóriga, sin la participación de mujeres, para discutir sobre el feminismo. Foto: Twitter

El día de hoy, la complacencia se vuelve cada vez más una práctica habitual dedicada a regir el manifiesto de las grandes voces; cine, política, moda y televisión cuentan con una lista de requerimientos por marcar, y el principal de estos es, como era de esperarse, la integración de un discurso feminista dentro de su manifiesto como parte esencial de la aprobación conductual.

Una muestra de lo contradictorio que puede llegar a ser lo antes señalado, es la mesa de diálogo liderada por Joaquín López Dóriga, que tuvo lugar el 26 de febrero del año 2020, donde el tema a tratar era el feminismo, un debate que se llevó a cabo sin mujeres y con los que López Dóriga considera expertos en la materia. Un espacio donde fue necesario marcar la consigna de la “plática feminista” dentro de una lista de temas por cubrir para seguir vigentes, aun cuando la forma de abordarse represente lo opuesto al cometido inicial.

CUANDO EL FEMINISMO Y LA MODA LOGRAN COMPAGINAR

La industria de la moda forma parte de la cotidianidad de cada individuo, y si existe un punto en el cual este puede lograr compaginar con el movimiento feminista sin llegar a la nula empatía, es no olvidar la vertiente que originalmente hizo de estos dos un mismo tema a discusión: la emancipación de los estereotipos y la visibilización de un nuevo estandarte como parte de una lucha que va más allá de las pasarelas y las portadas de revistas.

Se trata de un cambio en el sistema patriarcal que, tras generar cambios de comportamiento, provoca a su vez cambios en la manifestación del movimiento a través de la moda. Cerrándole las puertas a los eslóganes que mantienen vigente el slut-shaming, la visibilidad del cuerpo femenino como un ente dedicado para el deleite masculino, la posibilidad de elección y la erradicación del abuso hacia las trabajadoras en el sector textil.

Comentarios