El padre
Cine

El padre

Crónica de la demencia

Bastaron cinco semanas para rodar la película El padre. Es el primer largometraje del director francés Florian Zeller, el cual narra la historia de Anthony, un anciano de 80 años quien aparentemente decide vivir en soledad dentro de su departamento; sin embargo, al adentrarse en la película, el argumento tiene un giro completamente distinto: una historia sobre la decadencia de una vida provocada por la demencia, enfermedad que aqueja al personaje principal de manera directa y por ende, a su hija Anne, quien cuida de él. Las secuencias y los hechos presentados juegan con la mente de los espectadores, quienes logran penetrar a ese mundo de confusión y desdicha.

La película tiene seis nominaciones al Óscar 2021, donde se destacan las categorías de mejor película, actor, actriz de reparto, guion adaptado, diseño de producción y edición. El filme es protagonizado por Anthony Hopkins, quien curiosamente tiene similitudes con su personaje, ya que comparten el mismo nombre y casi la edad (el actor tiene 83 años); y por Olivia Colman, quien le da a vida a Anne, la hija del anciano. Zeller relata que al escribir el guion, lo hizo pensando en el actor octagenario; por esa razón existen bastantes similitudes con Hopkins y su personaje.

La cinta está inspirada en la experiencia personal de Zeller; su abuela, quien lo crió cuando era niño, comenzó a sufrir demencia cuando él tenía 15 años. Por esa razón, escribió primero la historia como un libreto de teatro y después como un guion cinematográfico con la intención de transmitir su objetivo principal: la visualización de la demencia y los sentimientos experimentados alrededor de la enfermedad no sólo por quien la padece, también por los familiares.

MEMORIA

La relación entre padre e hija es represada de una forma fragmentada. Uno de los aciertos de la película es la manera en cómo se va desarrollando esa unión. Por una parte, comienza con sutileza, un vínculo cargado de comprensión y cariño. Al avanzar el filme, esos sentimientos siguen entrelazados, sin embargo, la enfermedad es un elemento con un peso crucial para la fragmentación del lazo entre Anne y Anthony.

El viejo, al ser víctima del desgaste mental, comienza a visualizar su mundo de manera distinta, alejado de lo que es realmente su vida. Ese comportamiento afecta a sus familiares, pero a pesar de ello, los sentimientos como el amor y la empatía prevalecen en su hija, quien busca la mejor manera de atender a su padre.

Foto: insidexpress.com

Los personajes secundarios también sufren una transformación, pasan de ser papeles de reparto a participar con energía en la vida del hombre, aunque no siempre de una forma positiva. A esta metamorfosis se le añade el componente espacial, cuyo acierto es la estrechez donde se desarrolla la historia. Los espacios cerrados, con una iluminación suavizada, dan una sensación claustrofóbica, aura a doc a los acontecimientos y acciones de los actores. El espacio es una muestra del estilo de Zeller mezclado con las raíces escénicas de la obra original; hay un punto donde ambos géneros (teatro y cine) comparten cualidades y, por lo tanto, complementan la narrativa de la película.

Otro aspecto a resaltar es la banda sonora, cuya médula es, en sí, el silencio. Al inicio se puede escuchar música clásica, específicamente piezas de la ópera de Bizet Los pescadores de perlas, pero al avanzar la trama, el sonido se vuelve casi nulo. Esto no le quita complejidad a la cinta, sino que ofrece otra arista de la trama. Los silencios se interpretan como vacío, misma intención que, mezclada con el claustro y la luz tenue, ofrece una amplia gama de sentimientos.

OLVIDO

Al ser una película adaptada de una obra de teatro, el escenario es una especie de remedio medicinal porque tiene una importante carga significativa, además de funcionar como elemento narrativo predominante. La puesta en escena tiene un mensaje claro: la confusión, el cambio constante de la realidad y la pérdida del sentido. El uso de planos generales al igual que de secuencia, dan otro punto de vista y a través de las focalizaciones se da a conocer el mundo Anthony y cómo pasa de una supuesta estabilidad hasta un límite desastroso.

En la puesta en escena también se destaca la colocación de los objetos. El escenario es una extensión del protagonista, como el departamento, lugar donde la película se desarrolla en su mayoría. Éste adquiere un significado onírico porque reacciona ante las circunstancias físicas y psicológicas del hombre. El cambio constante de cada uno de los objetos de acuerdo a la temporalidad de los hechos, transmite sensaciones de inestabilidad y a su vez de confusión, además de una imperante necesidad de aclarar dudas. Las respuestas son importantes y se resuelven durante el clímax de la película. La espacialidad es el puente para apreciar de manera interna el mensaje de la obra; la demencia o la culminación de una vida.

Foto: samusicnews.co.za

Otra cualidad de los elementos visuales son el uso de las tonalidades y la iluminación. La paleta de colores juega un papel predominante con múltiples significados. El uso de los matices azules transmite una intensidad de sensaciones al espectador. Desde el inicio, pueden significar estabilidad pero conforme se va desarrollando la historia, el azul pasa de ser un color neutro a uno de tristeza, luego finaliza con un significado de una especie de paz resignada. Ese tono va creciendo junto con el personaje y la sensación es transmitida con eficiencia. En cuanto a la luz, predomina la iluminación suave.

La selección en la paleta de colores y en el diseño de personajes es un pilar para transmitir otro discurso dentro de la película. Por ejemplo, el vestuario utilizado concuerda con los matices del escenario, además las prendas no contienen estampados y tampoco resaltan sobre el espacio. Los actores retratan con realismo la situación, a pesar de que el espectador vea los hechos con ciertos elementos fantasiosos, como cuando los escenarios se diluyen entre dos realidades, la verídica y la de Anthony.

La puesta en cuadro es sencilla, predominan los planos generales, de secuencia y de primer plano, los cuales tratan de resaltar la importancia del espacio en torno a la realidad del hombre. Cuando se realizan tomas en planos generales o de secuencia, el director intenta resaltar el escenario como una función narrativa destacada y cuando se realizan tomas de primer plano, es para remarcar los diálogos entre personajes, así como los monólogos, sobretodo los del anciano. A pesar de ser una película, es notoria la influencia en el teatro y ambos géneros se mezclan en la cinta.

Al final, la puesta en serie es contundente, es un juego de síntesis entre el espacio, tiempo, secuencias, tomas, elementos y, por lo tanto, resulta en un producto lleno de sentimientos encontrados. Los actores transmiten ese discurso principal y los elementos de la película son catalizadores para conocer las estaciones de la demencia y las consecuencias de la misma. El padre es un largometraje cargado de un mensaje interesante y con el cual el receptor se puede sentir identificado, quizá no de manera directa, pero logra captar un diálogo interno el cual permite reflexionar sobre un futuro que cualquier ser humano en edad avanzada llegará a vivir: la vejez.

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