¡Está a la vuelta de la esquina!
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¡Está a la vuelta de la esquina!

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Peligrosamente se acerca el Día de la madre y junto a él muchas expectativas del reconocimiento que, por cultura, sentimos que merecemos por ejercer ese regalo que la naturaleza nos ha dado de engendrar y cultivar la vida. Por supuesto que, para muchas madres, la prioridad de un día así es que el amor se materialice y que cada hijo y pareja, de acuerdo a sus posibilidades, nos obsequien, nos halaguen, nos consideren.

Así es la vida. Falso que nadie espere nada, es en lo que esperamos donde puede haber diferencia y eso tiene que ver con cuestiones que están o no resueltas en lo inmediato y lo futuro. Los regalos pretendeN resolver necesidades, y entre más básicas sean éstas, más sencillo es acertar en el obsequio. Es más, no se requiere ni pensar mucho porque de diferentes maneras se ha externado el deseo de resolver eso que para la persona resulta fundamental. Lo que sucede es que en ocasiones no hay ojos para ver ni oídos para escuchar.

Aquí tres casos que para mi son un buen ejemplo de lo antes expuesto:

Sara es una mujer joven con dos hijos pequeños. Trabaja vendiendo productos por catálogo. Desde que se casó no ha tenido un sólo día de descanso, la casa, los niños, sus ventas, sus padres. Sueña con dormir ocho horas continuas, despertar sin la preocupación de los hijos y que alguien le prepare el desayuno, sueño que ha externado en distintas ocasiones a su pareja, pero nada ha pasado. ¿Cuál crees que sería el mejor regalo para ella?

Isabel es una mujer que, como dicen por ahí, tiene resuelta la vida. Sus hijos ya rebasan la adolescencia, son chicos normales, van de fiesta, estudian, tienen amigos, son respetuosos con la autoridad y muy cariñosos con sus padres. Ellos suelen viajar como familia dos veces al año. No hay mayores preocupaciones económicas ni pendientes en las casas de los abuelos. Es una mujer culta, preparada, con muchas inquietudes intelectuales, sólo que, a ratos, sin complicaciones, no le encuentra el sentido. ¿Qué crees que quiere, una mujer como Isabel el 10 de mayo?

María Rosa ya no tiene tanto tiempo para pensar en el futuro. El nido está vacío de lunes a sábado. Los domingos van los hijos con sus parejas y los nietos y la casa se llena de bullicio, que disfraza bien su tristeza ante la ausencia de su esposo, quien vive alejado de sus necesidades emocionales. Su esposo no ha querido jubilarse de nada, no se ha jubilado del trabajo ni de sus grupos de cantina ni del apego a sus hermanos con quienes pasa largas horas de cada día. Nadie se da cuenta de que ella se ha sentido mal y está triste porque la soledad en compañía le pesa. El último domingo la puerta del horno de su estufa dio de sí, nadie se ofreció a resolver el desperfecto y no es porque ella hornee muchos pasteles, por lo que está tan mortificada por lo sucedido, es más bien, porque a ella le gusta el orden y ocuparse de inmediato en detalles como ese. En el fondo a ella le gustaría que alguien le ofreciera cambiarle la estufa o toda la cocina si fuera posible, tal vez de pasadita, que también repararan en sus dolores físicos.

Por supuesto, que tú dirías, pues que digan qué quieren o qué necesitan, pero estamos imbuidos en una cultura donde creemos que amor significa adivinar el pensamiento o que bien podríamos ser más observadores y detectar lo que en el fondo mamá quiere.

Sería lo ideal, ¿cierto? Vamos, que no digo que no ocurra, pero de ahí a que sea la constante de las mayorías, hay distancia de por medio.

Cada quien tiene una idea hecha de lo que significa celebrar, pero si me lo permites, daré voz a los deseos expresados de madres con relación a la fecha: “que vengan con ganas de verme, no por lo que les voy a dar, sino porque estoy viva”, “que no me vengan a dar más trabajo, nadie se acomide a levantar un plato”, “pues de perdida que me regalen mis cremas de la cara”, “los llevamos tantas veces de vacaciones, ahora me toca algo”, “que no me anden contando los centavos todo el año”. El 10 de mayo está a la vuelta de la esquina y el 11 y el 12, no es el día, es lo que esa mujer, esa madre, desea.

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