El Multiverso literario de Mario Bellatin
Entrevista

El Multiverso literario de Mario Bellatin

Ilustración de portada: José Díaz

Cada vez que Mario Bellatin se coloca frente a una hoja en blanco las posibilidades se tornan infinitas. Su pluma traspasa los bordes de los márgenes para invitar al lector a un mundo en el que confluyen la realidad y la ficción hermanadas con un toque de misticismo. El mexicano de padres peruanos es un autor que no sigue preceptos, que se devora al canon literario en cada una de sus propuestas, y corrompe las fronteras de la escritura con una filosofía libre.

Actualmente, manifiesta, no está seguro de tomar la decisión de ser escritor, pero en el trance, más de 80 títulos conforman ya su obra bellatiana que continúa en la búsqueda de la totalidad.

Al escritor mexicano le interesa crear un Multiverso en el que quepan todos sus universos. Por eso es común que sus libros contengan elementos de otras historias: personajes, escenarios, ambientes y situaciones se entremezclan para resignificarse en cada pieza en la que cobran un nuevo sentido dentro de un contexto distinto.

En el El palacio, su más reciente novela, Mario recupera personajes y obsesiones recurrentes, como su perro Perezvón o el legendario Salón de belleza, título que, cabe mencionar, figura en el puesto 19 de la lista de selección, elaborada en 2007, por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles de los mejores 100 libros en lengua castellana de los últimos 25 años.

El retorno a una antigua máquina de escribir Underwood de 1915, que manejó en sus primeras exploraciones escriturales, inspiró al autor a teclear El palacio, un libro de 75 páginas que en la primera de ellas muestra la obra completa escrita en un sólo bloque a través de esa maquinaria que recibió los primeros golpetazos literarios de un individuo que encontró en la escritura (desde los 10 años de edad) la manera idónea para comunicarse con el otro.

Luego, el trabajo de edición dio pie a presentar visualmente la obra como un largo poema: un texto metafórico desde su título y que el lector saborea como un soliloquio.

Se trata de una carta que fungió como catarsis, porque, vale decirlo, la escritura de Mario se aleja del mito de la inspiración para labrar una y otra vez elementos casi inverosímiles que en realidad proceden de la autobiografía, siempre como un molde susceptible de adquirir una forma por completo novedosa, explorando cada vez más hasta dónde pueden ser estirados los límites de la literatura.

Bien se sabe que el Ganador del Premio Xavier Villaurrutia, el Nacional de Mazatlán, el Barbara Gittings Literature Award (Stonewall Award), el Antonin Artaud; el Premio Internacional José María Arguedas y el Premio Internacional José Donoso rechaza los estándares. Inquieto por la innovación, quien lo lea tendrá que estar dispuesto a acceder a su visión de que todo es parte de lo mismo.

Foto: 17edu.org

El Sufismo, una doctrina mística que se remonta al origen de la revelación, lo aleccionó a la idea de que todo es un todo, por ello, a través de las letras intenta gestar todo un Multiverso en el que convivan en tiempo y espacio todos sus astros literarios.

Sentado frente al monitor, el autor, que ya está traducido a 21 idiomas, dio acceso a Siglo Nuevo a su palacio, ese lugar en el que emergieron las letras para intervenir las páginas de una obra que es sólo una partícula de una ambición literaria más grande.

Escribes dentro de El palacio que no fue sencillo convertirte en escritor, cuéntame ¿Cómo ha sido tu relación con la escritura?

Creo que no hay una decisión todavía de ser escritor. Puede sonar un poco extraño que después de tantos libros no lo haya decidido aún. Desde niño empecé a escribir, hice mi primer libro a los 10 años y desde entonces he estado escribiendo y tratando de darle sentido a la palabra que va apareciendo. A partir de leerme a mí mismo es como trato de crear historias con lógica para que cierto texto se convierta en un libro en concreto. Entonces ha sido una relación muy larga, duradera y aburrida a veces, de la cual no me puedo librar. Mi relación es con la escritura, más que con la idea del escritor o de la literatura. Para mí es un interés constante por escribir, por dejar una huella.

Hay un significado en la primera página que presentas a máquina, justo un recuerdo de cuando empezaste a escribir de niño...

Ese texto está escrito como prosa cortada, por decirle de alguna manera. Me gustaría encontrarle otro nombre a la manera de cómo está presentado el libro, pero fue escrito en su totalidad como está visto en la primera página, porque volví a mi máquina de escribir de siempre, la máquina es de 1915. Se presenta luego el texto de una manera opuesta a como fue concebido, porque es todo un bloque. Luego en el trabajo de edición ya hay mucho respiro, las frases las interrumpo para poder resaltar ciertas palabras del documento que dan un ritmo distinto a como fue creado. La primera página escrita a máquina es una especie de muestra de cómo surgió este libro. Y que es un libro compuesto a su vez de varios libros anteriores que he publicado, porque pretendo lograr hacer evidente la totalidad de la escritura, de mi escritura. Hacer que sea una sola. El palacio forma parte de un proyecto aún mayor, es como un capítulo de algo más grande, que es en lo que estoy trabajando actualmente.

Justo es lo que dices de que intentas crear un multiverso en donde quepan tus demás universos, pero....¿por qué esa necesidad de unificar?

Porque yo creo que puedo ir profundizando cada vez más a partir de un todo que de alguna forma ha surgido a lo largo de todos estos años. Es como tener ciertas bases conocidas, cierta superficie, por decirlo de alguna manera, y poder explicarlo un poco más de una forma más completa. Las posibilidades que tiene esa escritura, por ejemplo, cuando hago una referencia a textos anteriores, obviamente no son repeticiones sino lo que se busca es crear nuevo sentido y unificar de alguna manera una forma única de decir las cosas, una forma personal y que de alguna manera vaya más allá de lo superficial.

Foto: Sexto Piso

Escribes “lo peor es no contar con alguna palabra, ni antigua, ni moderna para dar cuenta del horror que nuestros palacios son capaces de producirnos”. En tu caso ¿cómo logras destejer este diálogo desde tu palacio para dar forma a tu más reciente novela?

¿Qué será el palacio? El palacio tiene tantas acepciones, desde la más simple y elemental. Podría mandarte una foto de un lugar a medio construir que queda aquí cerca, es una construcción abandonada que nunca llegó a terminarse y ahora está inundada, está llena de plantas. Se creó toda una flora y una fauna bastante curiosa y extraña, aquí en pleno centro de la Ciudad de México. Puedo pasar de eso al espacio simbólico que representa la escritura, que es esa construcción gigante en la que estoy sumergido. Siento que estoy dentro de ese espacio como una especie de lugar laberíntico del cual no puedo salir y, entonces, al no poder salir sigo construyéndolo. En lugar de buscar una salida de respiro, yo creo que la forma de salir de ese laberinto es buscando más capas. Entonces ese gran monumento, por decirlo de alguna manera, es el que estoy tratando de hacer y ordenar, porque ahora está en una situación salvaje. Ese lugar a medio construir que te menciono, que existe, y este palacio, este libro, de alguna manera es una parte seria y reciclada en el sentido que de alguna forma trato de que pueda ser leída, que pueda haber un cómplice, un lector, un otro que pueda desentrañar lo que estoy tratando de decir.

¿Se podría considerar un soliloquio?

Sí, empieza con un aparente diálogo. Como una carta también. De un diálogo se afrenta una tercera persona en una conversación y de pronto uno descubre que es alguien que está hablando consigo mismo. Y esa línea que está intercambiando los roles, los papeles, etcétera, buscando una totalidad. Yo creo que hay un sumergirse en un todo que es la palabra, es como crear un inmenso espacio construido solamente de palabras que permitan entender la realidad actual. También por eso es que aparecen ahí cosas que se publicaron en algún momento y al momento de ser descontextualizado siguen diciéndonos cosas de nuestra vida actual. Para mí eso es muy importante, que la escritura no se termine en cierto momento, que no se termine con una época, sino que continúe presente, que continúe viva.

Escribes en tu propuesta sobre fosas clandestinas de las que nadie quiere hablar. En ese sentido ¿la escritura ha representado para ti una forma de liberar esas fosas?

Sí, yo vengo escribiendo desde hace 35, 40 años sobre esta muerte presente a nuestro alrededor, pero la forma de la escritura no es la que se puede esperar, de la que habla de sucesos concretos, sino que el tema general es que hay una constante de exterminio que no cesa y no veo que vaya a cesar.

Foto: deepvellum.org

La escritura es algo que está en constante movimiento y tú eres un escritor que innova. ¿Cuál es la importancia de la experimentación con la palabra escrita?

Me asusta un poco el término experimentación porque la literatura experimental perteneció a una época que ya está superada. Hay una experimentación en el sentido no nominal, pero sí, todo el tiempo trato que la literatura más que vuelva a enfrentarse a la realidad circundante… Es que muchas veces se piensa que un escritor que está oficialmente comprometido (con la escritura) tiene una determinada manera de escribir, pero hay muchas formas y eso es un poco lo que a mí me interesa: el no caer en un esquema estandarizado para retratar la realidad, sino buscar una voz más oblicua, que es un poco lo que intento hacer para poder hablar de esa realidad, de una realidad que se mueve todo el tiempo y la escritura (por ende) también tiene que moverse a ese ritmo.

Ahora bien, también aseveras que la escritura es una cosa tan espantosa que te hace sufrir como el amor y en algún punto de El palacio escribes sobre el deseo de dejar de escribir. ¿Por qué relacionas la escritura con este sentimiento universal?

(Risas) En la última presentación de ese libro un poeta norteamericano leyó El palacio como un gran libro de amor, él decía que tenía esa forma, que no era como yo lo estaba planteando en el sentido de quebrar la estructura para resaltar el lenguaje, sino que era un poema romántico. Lo que nunca me atrevería a hacer de manera directa y tal vez así lo he hecho, buscando una serie de recursos un tanto retorcidos para no estar consciente de que estoy haciendo un libro de amor. Pero sí hay un amor ahí, tal vez es un libro de amor y desamor, la dinámica del amo y el esclavo está presente. La escritura, a diferencia del amor, es algo que siempre está presente y el amor va y viene. El amor va, viene, toma otras caras, a veces desaparece, a veces se seca. Pero la escritura está constante toda mi vida, es lo único que está aquí presente. La escritura es un amor, amor del malo. (Risas) No sé que es el amor, ¿Tú sabes qué es el amor? Hay gente que dice que se enamora, pero yo no me enamoro mucho.

Por otro lado y para finalizar, en tu percepción ¿Qué es lo que caracteriza a la producción literaria nacional actual?

Siento que ya está en un camino de libertad, que los grandes grupos patriarcales y de cánones que existían y que eran bastante estrictos se fueron derrumbando a partir de los años dos mil. Se ha hecho posible la evolución de toda una generación de voces distintas a lo que estábamos acostumbrados a leer, y la presencia de mujeres también ya está en la escritura. A mí me interesa un texto independientemente de quien lo escriba, pero si me preguntan ya desde un punto de vista qué cosa está pasando, siento esa presencia cada vez mayor de mujeres escribiendo, es una marca de la época, y no sólo de México. Y también está la posibilidad de hacer una serie de cierto tipo de escritura que hace unos años estaba vedado, por ejemplo, cuando yo empecé a escribir había cánones muy específicos, caminos que uno tenía que seguir casi a la fuerza, y yo estaba enfocado a la idea de la escritura como un arte más, con muchísima más libertad. Espero que se mantenga así porque se tiende muy rápidamente a que cada vez que existe alguna ruptura, algo nuevo, muy pronto el propio sistema literario lo engulle y de alguna manera lo estandariza, y no me gustaría caer nuevamente en escrituras estandarizadas.

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