Desarrollo artificial de cerebros humanos
Ciencia

Desarrollo artificial de cerebros humanos

Los límites éticos de una reconstrucción

Los experimentos en torno a la clonación despertaron un interés científico acompañado de preocupaciones filosóficas. Las discusiones sobre lo que implicaría la creación de un organismo nuevo de manera artificial persistieron por un tiempo.

Junto con el devenir del uso y mejora de inteligencias artificiales, surgieron propuestas parecidas, pero un tanto más futuristas, como la idea de fusionar el Internet con el cerebro humano, o crear uno de cero, sea de forma robótica u orgánica.

EL HALLAZGO

La idea de crear cerebros humanos ha estado entre las inquietudes de la ciencia desde hace tiempo. Normalmente se piensa en máquinas que integren todas las funciones de este órgano, un espacio en la “nube” para almacenar la información del mismo, o en dispositivos tecnológicos para maximizar sus capacidades, como es el caso del proyecto Neuralink. Pero la vista está también, en algunos casos, en la posibilidad de crear cerebros orgánicos de manera artificial.

Las redes celulares son diversas y jerárquicas. Se convierten en circuitos con patrones de actividad para formar el cerebro humano. Las oscilaciones neuronales, señales cerebrales rítmicas encontradas en todas las especies, surgen temprano en el desarrollo, aunque no está claro si se conforman durante el periodo prenatal.

Según el reporte Generación secuencial de dos patrones de red distintos impulsados por sinapsis en el desarrollo del neocórtex (2008) de la Journal of neuroscience, los experimentos in vitro (en ambiente controlado, fuera de un ser vivo) e in vivo (dentro de un organismo) en roedores, han demostrado que existe un repertorio de actividad de red organizada cerebral en el periodo prenatal. Las ondas cerebrales (actividad eléctrica producida por el cerebro y por medio de la cual se comunican sus células), los potenciales de acción de las neuronas (ondas que cambian la distribución de carga eléctrica) y sus oscilaciones (fluctuaciones rítmicas de estos potenciales), se desarrollan de forma constante antes y justo después del nacimiento. Estas oscilaciones han sido utilizadas por la neurociencia para observar patrones e identificar enfermedades neurológicas y psiquiátricas.

El conocimiento sobre este desarrollo funcional en el cerebro humano está basado en experimentos realizados en animales. Debido a la incapacidad de investigar en cerebros embrionarios intactos por obvias razones éticas, se desconoce si ocurre lo mismo en los seres humanos.

Los estudios neurocientíficos suelen realizarse únicamente con animales. Foto: Twitter

Es este tipo de limitaciones lo que lleva a los investigadores a realizar proyectos más visionarios. Según un artículo corto sobre las ondas oscilatorias complejas (2019) de la Cell Stem Cell, estas surgen en los organoides corticales y modelan el desarrollo temprano de la enorme red que conforma el cerebro humano

La forma en que se llegó a esta conclusión es controversial. Para su estudio involucraron organoides cerebrales, una especie de mini cerebros del tamaño de un chícharo, construidos a partir de células madre. Algo aún más impresionante es que se observó en ellos la aparición de ondas cerebrales espontáneas que, según este artículo de la Cell Press, son comparables a las que pueden identificarse en los bebés prematuros.

LOS LÍMITES ÉTICOS

Es entonces que aparecen los límites un tanto difusos y analizables sobre lo que la ciencia debe o no hacer, y se ha señalado a estos científicos por haber cruzado esa línea. No sólo se han cultivado en laboratorio pequeñas masas de cerebro humano, sino que se han trasplantado algunas de ellas a animales, con el fin de que se desarrollen.

Para mantener claro lo que implica este dilema, es necesario recordar que la consciencia y otros factores imprescindibles para la vida humana y su evolución, están cimentados precisamente en las capacidades del cerebro humano, aquello que distingue a nuestra especie del resto de las existentes en el planeta. Se podría decir que la fabricación de cerebros trastoca el valor de la vida humana y lo que constituye a un individuo autoconsciente como tal.

Es, pues, un problema de índole filosófica y ética. Las bases científicas de los experimentos mencionados siguen bastante difusas y, por lo mismo, a ojos de personas tanto ajenas como propias de la comunidad científica, se acercan a un límite que no debe ser tocado.

Según un artículo del año 2020 de The Guardian, la preocupación ha sido presentada en la Society Neuroscience Meeting en Chicago, debido a que este tipo de experimentos se han calificado como peligrosamente cercanos a cruzar la línea ética.

El director de neurociencia verde de San Diego, California, Elan Ohayon, junto con sus colegas Ann Lam y Paul Tsange, expresó que la inquietud se debe a que aún existe la posibilidad de que el organoide creado sea sensible, y que ningún científico debe trabajar bajo la posibilidad de que “algo sufra”.

Debido a que en los organoides ya se tienen pruebas de actividad que recuerda a la actividad biológica de los animales en desarrollo, los opositores a ese estudio aseguran que se deben garantizar controles para que los organoides cerebrales no experimenten sufrimiento.

Organoides cerebrales creados para un estudio de la Cell Stem Cell. Foto: Medium

Aparentemente, la distancia ética que se guarda es únicamente referente al sufrimiento de un organismo humano o cercanamente humano, puesto que los experimentos con animales son comunes. De hecho, se utilizan cerdos y ratas por su inteligencia avanzada, que incluso puede ser comparable a la de los humanos.

POSIBLE TRANSFORMACIÓN DE LA MEDICINA

El estudio Diversidad celular y dinámica de redes en organoides fotosensibles del cerebro humano (2017) por la Universidad de Harvard y publicado en la revista científica Nature, demostró que los organoides cerebrales cultivados durante ocho meses, desarrollan tejidos tales como redes neuronales con actividad, hasta las células de la retina.

En otro estudio, el equipo del Instituto Salk de San Diego, trasplantó organoides cerebrales humanos a cerebros de ratones para encontrar que, efectivamente, se unían al suministro de sangre del tejido del animal y comenzaba a desarrollar nuevas conexiones neuronales.

La oportunidad que se intenta aprovechar con este hallazgo, es la de no intervenir en un organismo vivo que, de hecho, se tiene la certeza de que sufrirá. Sin embargo, el foco no se encuentra hacia esta dirección, sino que llama la atención la posibilidad de estudiar el cerebro humano de mejor forma, y sin las limitaciones éticas lógicas.

Los científicos involucrados en el hallazgo, creen que los organoides tienen el gran potencial de transformar un ámbito tan crucial para la humanidad como es la medicina, a partir de facilitar el estudio del cerebro humano a través de uno creado artificialmente.

Los organoides se consideran un punto de inflexión mediante el cual se podría conocer de mejor manera un órgano tan complejo, cuyos nuevos estudios apuntarían al descubrimiento de factores esenciales en el desarrollo de enfermedades como la esquizofrenia o enfermedades neurológicas de aparición importante en la población, como es el Alzheimer o el Parkinson.

Por supuesto, sólo el tiempo podrá dar un mejor panorama de lo que está por acontecer en el ámbito a partir del desarrollo de los organoides cerebrales. Los desarrollos científicos, sin embargo, no van solos con su intención inicial, sino que crecen en direcciones inesperadas y generando resultados en diferentes ámbitos de la vida humana. Tal vez se trate de otro paso hacia la construcción de cerebros humanos artificiales.

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