A toda madre
Opinión

A toda madre

Miscelánea

En este mes de mayo, vaya mi abrazo a toda madre; aunque más cercano y compasivo, para aquellas que sostienen sobre sus hombros los dos millones de hogares que en nuestro país, son liderados por madres solteras. Dado el desamparo que padecemos las mujeres de parte del gobierno y sociedad, en nuestro pais, casi la mitad de esos hogares malviven en condición de pobreza, que es un infierno y hace difícil mantener la paciencia y el buen humor que los niños necesitan para su desarrollo emocional. Es difícil conservar la sonrisa cuando la vida nos carga la mano. Cuando el amor y la autoridad, ingredientes básicos de la educación que en el ámbito familiar ideal, se reparten entre padre y madre, en ausencia de uno de ellos ambas funciones recaen en la misma persona, generalmente la madre; tarea que sin ser imposible, exige un titánico esfuerzo.

Aunque el 10 de mayo ya no me provoca el mismo entusiasmo que a la joven madre que fui, aún me conmuevo aunque sólo sea tibiamente por la madre generosa y omnipresente que quise ser y no pude; y por todas las madres que no damos la medida para el amor incondicional que se nos atribuye. Tengo la impresión de que aquellas madres santas, capaces de todo sacrificio, coronadas de lágrimas, son hoy especie en extinción.

Sin la aureola romántica y edulcorada con que nos describían, hoy, a pesar del prestigio que aún goza la maternidad, tenemos que aceptar que en situaciones inéditas como la que nos ha impuesto la pandemia, y que añade a nuestras labores domésticas el home office, la labor de maestras para la que no estamos preparadas, y una convivencia familiar de tiempo completo; nuestro lado sombrío acaba por imponerse: ansiedad, mal humor, impaciencia y enojo, ampliamente justificados.

Se nos cargó el trabajo que aún sin pandemia es de por si un compromiso exhaustivo, especialmente para aquellas madres que han de asumir solas el peso de la crianza y la educación de los hijos que es casi como traer el mundo sobre los hombros. A ellas que se las arreglan para que 24 horas rindan 48, que hacen diariamente el milagro de la multiplicación de los panes en su mesa; a ellas que son mis heroínas, las quiero abrazar y ofrecerles mi respeto. A ellas y a todas las madres que la pandemia ha obligado a dejar a sus chiquillos al cuidado de la computadora. Pobres niños, pobres madres. Ya ni siquiera pueden correr en la madrugada, cargando la mochila con una mano y jalando al chiquillo con la otra, trepar al metro o al autobús para depositarlo en tiempo y en forma en la guardería o en la escuela, espacio natural de los niños y donde quedaban a buen resguardo mientras ellas corrían a lavar, a limpiar, a cocinar en casas ajenas por un sueldo que por más que se estire no alcanza a cubrir sus necesidades.

Ahora, sin guarderías y con las escuelas cerradas, su situación es doblemente difícil. Finalmente vaya también mi abrazo a todas las madres aunque como yo, han sido jubiladas porque habiendo hecho nuestros hijos sus propias familias, nos hemos vuelto innecesarias; cosa que tiene su parte buena, ahora somos libres de hacer lo que nos de la gana, pero también estamos muy solas y en ocasiones nos sentimos marginadas.

Así es la vida, nadie puede tenerlo todo. Enseñarás a volar…/pero no volarán tu vuelo/ Enseñarás a soñar…/ pero no soñarán tus sueños/ Enseñarás a vivir…/pero no vivirán tu vida/ Enseñarás a cantar/ pero no cantarán tu canción/Enseñarás a pensar/ pero no pensarán como tú/ Pero sabrás/ que cada vez que ellos vuelen, sueñen/ vivan, canten y piensen/ estará en ellos la semilla/ del camino enseñado y aprendido! Teresa de Calcuta.

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