¿Literatura LGBT?
Literatura

¿Literatura LGBT?

Un género que trata de asentarse

Se puede hablar de la existencia de una literatura LGBT, pero aún con fronteras quebradizas. Clasificar una corriente literaria carga con sus dificultades: los límites no son completamente claros y existen muchas aristas en cuanto a sus características.

La comunidad LGBT (lesbiana, gay, bisexual, transexual), también llamada LGBTTTIQ+ (lesbiana, gay, transexual, transgénero, travesti, intersexual, queer y más), es un colectivo cuyos comienzos datan de 1969, a partir de las disputas en el bar Stonewall Inn, en Nueva York, contra los abusos policiales que sufrían. Hasta la fecha, la comunidad ha alcanzado visibilidad a nivel internacional. En siglos anteriores, aunque la agrupación no estaba consolidada como tal, existían manifestaciones artísticas de su autoría; entre ellas, la literatura era una herramienta incuestionable.

HISTORIA E INTERPRETACIONES

Los temas LGBT no son nuevos, principalmente se ha hablado más de la homosexualidad masculina. En la cultura occidental, estos argumentos datan desde el Antiguo Egipto, con diversas interpretaciones de los mitos de Seth y Horus. Sin embargo, es a partir del surgimiento de la cultura helénica que los mitos comienzan a explorar la homosexualidad masculina y femenina. Algunos ejemplos serían los relatos sobre la relación entre Zeus y Ganímedes, entre Apolo y Jacinto, e incluso uno de los más populares: el andrógino. Este último habla sobre seres que intentaron invadir el Olimpo, por lo cual Zeus decidió separarlos con un rayo, de esa manera permanecerían condenados a buscar su otra mitad por el resto de sus vidas. Los andróginos eran seres con órganos reproductivos tanto femeninos como masculinos, sin embargo, había algunos cuyos miembros eran del mismo sexo, lo cual explicaba las relaciones homosexuales.

En la Edad Media el concepto de homosexualidad se vio relegado y perseguido. A partir del Renacimiento comenzaron a surgir de nuevo manifestaciones de esta orientación, pero de manera indirecta. Un ejemplo es el poema Safo a Filenis de John Donne, el cual hace referencia a un deseo lésbico. En el siglo XIX, la condena a los homosexuales seguía vigente e incluso fueron retratados como personas perversas que buscaban calmar sus deseos con cualquiera, no importaba si eran niños. A finales de ese siglo se publicó la novela Teleny, una obra erótica homosexual considerada pornográfica en su época. El texto, por muchos años, se le atribuyó a Óscar Wilde, pero hasta la fecha permanece como anónimo.

La literatura es una forma de visibilizar a la comunidad LGBT+. Foto: Behance / Mark Conlan

Es hasta el siglo XX cuando principian los cambios sociales para la comunidad LGBT. Uno los casos más reconocidos es la novela Orlando de Virginia Woolf, donde la autora, además de hacer una sátira al género autobiográfico, aborda la homosexualidad y la sexualidad femenina, temas considerados tabúes en aquel entonces. Actualmente, la denominada literatura homosexual no sólo es un género para el entretenimiento o deleite, sino que sigue jugado un papel importante en lo referente a los derechos de la comunidad LGBT, además de tener una aparente recepción positiva y apertura comercial. En la década de los noventa, un ejemplo curioso de rescate de obra en Latinoamérica es la novela Vista desde una acera de Fernando Molano, cuyo manuscrito, además de tratar esa premisa contemporánea, estuvo perdido desde el año 1997 y fue sacado a la luz en el 2012, 14 años después de la muerte del autor.

¿HAY FRONTERAS EN LA LITERATURA?

Si bien clasificar una corriente literaria es una labor subjetiva, la literatura LGBT posee diferentes matices que llegan a resaltar dentro de cualquier tipo de género literario, como la poesía, la narrativa o la dramaturgia, siempre y cuando se hable sobre experiencias particulares del tema: desde el proceso de salir del clóset o dar protagonismo a un personaje homosexual, transgénero, andrógino, asexual, etcétera. A pesar de la amplia diversidad sexual, la mayoría de las veces el término se sigue asociando principalmente con los tópicos de homosexualidad masculina y, en menor medida, femenina.

Desde el ámbito académico, la literatura LGBT no es vista como tal, sólo es visualizada dentro de cualquier género literario sin distinción. Además, existe una larga discusión en torno a las verdaderas características para delimitar la literatura LGBT: por una parte, se habla de una literatura donde los tópicos, situaciones y personajes sean homosexuales; por otro lado, también ocurre el debate sobre los autores, donde se cuestiona si el escritor debe percibirse con una orientación diferente a la heterosexual.

Una postura deja de lado la orientación sexual del creador: si los temas están relacionados con el despertar, las dificultades o las recompensas implicadas al pertenecer a una orientación no heterosexual, se considera literatura LGBT. Desde una perspectiva deconstructiva, esta corriente literaria debe definirse desde fuera de lo normativo o hegemónico; para lograrlo, primero es necesario puntualizar las cualidades de la literatura no-LGTB.

A pesar de la polémica, una etiqueta siempre surge de la necesidad social de nombrar lo nuevo, es decir, se designa según las necesidades que los mismos lectores, editores y editoriales observan en el consumo de literatura.

Aunque la diversidad sexual es muy amplia, la literatura LGBT se suele enfocar en hombres homosexuales. Fotos: Behance / Steve Aparicio

LITERATURA LGBT EN MÉXICO

La proyección de la literatura LGBT en el país ha sido un proceso lento. En el siglo XX, el grupo de los Contemporáneos tiene ejemplos de poesía homosexual. Por ejemplo, Salvador Novo, en su obra Poemas de adolescencia, alude a la angustia de un amor homosexual no consolidado. Otro ejemplo de ese mismo autor es la obra de teatro El tercer Fausto, considerada la primera en México donde se retrata ese mismo tema. La primera novela catalogada en el género es El diario de José Toledo, publicada en 1964 y escrita por Miguel Barbachano Ponce, la cual narra la historia de un joven que busca consolidar su amor con otro hombre.

En 1979 se publica El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata, obra con la cual el autor obtuvo el Premio Grijalbo en ese año. La novela habla sobre Adonis García, un prostituto en Ciudad de México, quien retrata sus aventuras a través de una entrevista ficticia sostenida con un escritor, como si fuese un arquetipo de la figura del pícaro. Ese mismo autor también ha abordado la homosexualidad en otras novelas, como De amor es mi negra pena (1983), En jirones (1985) y El amor que hasta ayer nos quemaba (1989).

En cuanto a la literatura homosexual femenina o lésbica, se encuentran títulos donde no sólo se habla de una cuestión sexual, sino que también se escribe desde la perspectiva de una nueva identidad, reafirmando la feminidad al momento de crear relaciones afectivas. Por mencionar algunos ejemplos, se encuentran Corramos libres ahora (1986) de Rosamaría Roffiel y Lunas (1984) de Sabina Bernan.

Aunque aún no se pueda definir con exactitud la literatura LGBT, es posible identificar ciertas características en cualquier tipo de género literario donde se planteen inquietudes propias de la comunidad, no sólo desde la perspectiva homosexual masculina, sino desde cualquier punto de la diversidad sexual. La literatura es una huella de la historia de la humanidad, un reflejo de la realidad, una lucha constante por el cambio social, el reclamo de espacios y de derechos humanos y, sobretodo, la expresión de una necesidad imperante de visibilizar a un grupo desterrado de lo hegemónico.

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