La metamorfosis de los escenarios
Reportaje

La metamorfosis de los escenarios

Búsqueda del espectáculo ante la seguridad del público

El público y los escenarios evolucionan al paso de la historia. Nunca son entes quietos, se transforman con el desarrollo social. En un momento inesperado, la pandemia por COVID-19 modificó la manera en que se aprecian los espectáculos. De pronto las butacas se mudaron al hogar y se disparó la oferta virtual que venía creciendo con las redes sociales.

Sin embargo, esta circunstancia también enseñó que si bien se camina hacia un individualismo anclado en el mundo digital, todavía el sujeto está hambriento de forjar vínculos sociales y de establecer rituales en su convivencia. Se registró entonces una necesidad por acudir a la nostalgia de lo que antes fue. El escenario físico era aclamado a pesar de las alternativas virtuales.

En junio de 2020, Rayco González, profesor de la Universidad de Burgos (España) y especialista en semiótica, publicó en el portal ctxt.es los artículos Ausencias y El lugar del espectador, ambos pertenecientes a la serie El público prohibido, donde se realiza un análisis sobre cómo los públicos, hasta ese momento de la pandemia, estaban cambiando en España. La profundidad del trabajo fue tal que ese mismo año resultó acreedor al Premio Paco Rabal de Periodismo Cultural, una de las condecoraciones más prestigiadas a nivel Iberoamérica que es entregada por la Fundación AISGE.

Rayco González accedió a hablar vía telefónica con Siglo Nuevo para tratar a detalle este tema y analizar algunos de los ejemplos que brotaron durante la pandemia, pues tuvo mucho acierto en observar que los escenarios, los públicos, y las maneras de vivir los espectáculos experimentaban metamorfosis.

EL MAQUILLAJE

Uno de los aspectos que llaman la atención en el trabajo de González, es la presencia de un “maquillaje” en las transmisiones de espectáculos que se efectuaron durante la edad temprana de la pandemia, en esos primeros intentos de reactivación.

En agosto de 2020, el futbol se reanudó en la UEFA Champions League. El día ocho, el FC Barcelona y el Napoli se verían las caras en un desolado Camp Nou. Fue el primer partido sin público para ambos equipos dentro de la competición europea. El himno de la Champions League resonó en las gradas sin masa humana que lo acompañara, pero la transmisión televisiva de la cadena Fox Sports incluyó una grabación sonora que se utilizó en todo el partido para emular el ambiente.

En el terreno de juego, la ausencia del público se evidenciaba, pero tras la pantalla se trataba de aparentar que los aficionados estaban allí. Cuando en el minuto nueve del primer tiempo, el francés Clément Lenglet remató de cabeza en el área para vencer al colombiano David Ospina y adelantar a los culés, gritos aglomerados de gol se escucharon en el aparato receptor. De alguna manera se trataba de transmitir la emoción del juego tras la pantalla, pero las gradas continuaban vacías.

Conforme pasó el tiempo, el maquillaje se tornó más elaborado: las televisoras deportivas intentaron transformar la imagen colocando anuncios publicitarios, animaciones o rostros virtuales de aficionados en las gradas. En la pantalla se negaba esa ausencia, como si la sensación de percibir una multitud pudiese menguar los estragos de la crisis.

Uno de los escenarios creados para el Tecate P'al Norte virtual. Foto: Twitter

En México, la empresa Apodaca Group tuvo que posponer el Festival Pa’l Norte, cuyos conciertos se celebrarían en Monterrey los días 20 y 21 de marzo de 2020. El evento, que suele reunir a más de 200 mil personas en el Parque Fundidora, fue pospuesto para el 11 y 12 de septiembre, pero ante el aumento de infecciones no quedó más remedio que cancelarlo.

Para 2021, la empresa regiomontana propuso una versión virtual del festival, donde el maquillaje volvió a aparecer: se diseñaron majestuosos y llamativos escenarios que recordaban al Parque Fundidora, se colocó público creado por computadora, con su sonido ambiente, iluminación y destellos causados por teléfonos celulares, incluso se intentó que la ecualización de los músicos asemejara a la de una presentación en vivo. Para logar esto, los artistas participantes fueron grabados con anterioridad en una pantalla verde.

Rayco González tuvo otro acierto en señalar que había dos estrategias detrás de este maquillaje: una sonora y otra visual. Este disfraz es colocado de manera artificial ante la necesidad social del contacto, como si se tratara de humanizar la ausencia.

NECESIDAD DE CONTACTO

Según González, la mayoría de los antropólogos coinciden en que la idea del contacto proveé el material para construir una comunidad. En un momento de ansiedad comunitaria, el recuerdo de los rituales previos y posteriores a un espectáculo comienza a pasar factura.

En el libro La comunicación no verbal (1973) de Flora Davis, existe un apartado dedicado el tacto. El texto indica que cuando una persona toca a otra, la experiencia es fatal e inevitablemente mutua. La piel se pone en contacto con la piel, en forma indirecta o a través de la vestimenta, y se establece una inmediata toma de conciencia de ambas partes. }

Así, este contacto permite crear conciencia de la presencia del otro, pues todo ser humano interacciona constante con el mundo exterior a través de la piel. Se dice que el tacto podría ser el más primitivo de los sentidos; surge antes del gusto, del olfato, del oído o la vista. Desde el útero, el bebé siente las vibraciones de la madre a través de su piel y cuando nace, el tacto es la primera herramienta de la que se vale para adquirir conocimientos del entorno.

Quizá esto podría explicar por qué durante la pandemia una gran cantidad de crisis psicológicas se atribuyeron a la falta de contacto social. Los sesgos en la comunicación táctil fueron huertos para sensaciones de ansiedad e incertidumbre.

En este tenor, además de responder a una necesidad económica, los eventos deportivos y culturales juegan un factor crucial a nivel social. Estar en un evento masivo genera sensaciones de contacto humano. Los roces entre los asistentes, el bullicio de las aglomeraciones, los cánticos de una hinchada e incluso la observación de las gradas atestadas de aficionados, brindan sensación de que otras personas están en el mismo lugar con un objetivo en común

También en muchas ocasiones, los eventos masivos son válvula de escape para una dura semana de rutina laboral, en otra son forjadores de identidad y vínculos entre personas que necesitan intercambiar intereses similares o debatir discrepancias. Así se abre una oportunidad para que el contacto social resane la percepción de soledad.

La limitación del contacto físico ha sido una de las causas de crisis de ansiedad durante la pandemia. Foto: Behance / Andressa Meissner

Este escape tiene un factor imprescindible: el escenario. Para el individuo, no es lo mismo contemplar un concierto en transmisión virtual durante su aislamiento que viajar cuatro horas a otra ciudad, a un festival donde actuará su banda favorita y cuyo traslado se ha planeado con meses de anticipación. Aquí entra en juego otra necesidad que se afinca en los rituales.

El ritual es mantener lo que siempre hemos hecho y la pandemia nos ha dado una pausa. De repente tenemos que reactivar aquello que hemos perdido y el modo de reactivarlo es recuperar lo que ya fue. Es decir, volver a hacer lo mismo”.

Los actuales cambios en materia de contemplación de espectáculos exigen cuestionarse qué configura a un medio. La respuesta va más allá de la tecnología, se direcciona hacia protocolos culturales que la sociedad ha establecido para entender su relación con la radio, la televisión, el cine u otros medios de comunicación. Estos protocolos codificados también se podrían definir como rituales.

Una cosa que siempre nos ha traído de cabeza es qué es el medio, porque puede ser una cosa inmediata y clara en las tecnologías, en eso que está ahí, pero cuanto tú dices televisión hoy, si le preguntas a alguien si está viendo televisión, la está viendo en su ordenador”. Entonces la tecnología cambia, aunque el individuo asegure que sigue viendo televisión.

CAPACIDAD DE INVENCIÓN

Para el filósofo griego Aristóteles, la invención como una elección consciente a partir de un número fijo de posibilidades alternativas. En su libro La energía espiritual (1919), el filósofo francés Henri Bergson afirma que la invención consiste precisamente en convertir el esquema dinámico en imagen, en otras palabras, es materialización creciente de lo inmaterial. Rayco González replica que, precisamente, una de las características del ser humano, es la invención, la capacidad inventiva.

Ante el cierre de teatros, salas y estadios, los organizadores de festivales no tuvieron más remedio que recurrir a la invención. Se habló de una evolución hacia el mundo digital, de adaptaciones en escenarios, adecuaciones, modificaciones. Se vislumbró una evolución que dejó estela en algunos eventos registrados para la posteridad.

En México, la vigésima tercera edición del Guanajuato International Film Festival estaba programada para realizarse del 17 al 26 de julio de 2020. Cuando la pandemia azotó con su primera ola al país, el festival se reprogramó para realizarse del 18 al 27 de septiembre.

Poco a poco, la organización se percató de que no se trataría de una edición normal, pero tampoco se quiso conformar con sesiones en línea que no incluyeran la retroalimentación. Así fue como el GIFF se convirtió en el primer festival cinematográfico del mundo en proponer un campus virtual, donde cada usuario podría generar un avatar y recorrer el citado sitio interactuando con otros profesionales y aficionados al cine.

Aquí de nuevo fue posible apreciar el maquillaje del que se habló anteriormente. Sí, se genera un foro de manera digital, pero se diseña de modo que la convivencia entre usuarios asemeje o se aproxime a lo que se hubiese podido experimentar de manera presencial en un lugar físico.

Campus Virtual del Guanajuato International Film Festival. Foto: giff.mx

En esa ocasión, Sara Hoch, directora del GIFF, informó que la plataforma ofrecería acceso a conferencias magistrales, paneles y encuentros sin la necesidad de estar en Guanajuato. Es decir, el usuario tendría derecho a interactuar con los invitados del festival sin importar el sitio físico donde se encontrara.

No obstante, el GIFF siempre tuvo claro que la convivencia social no podría sustituirse completamente con esta herramienta virtual. Así que decidieron organizar funciones al aire libre empleando el formato del clásico autocinema, además de funciones sobre el agua de la Presa de la Olla. En el “aquacinema” el festival proyectó 12 películas en una megapantalla. Allí, el público accedió a las funciones organizándose en 30 lanchas con capacidad de cuatro personas cada una. Esto dio pié a que 120 personas por función disfrutaran de la experiencia. Las lanchas eran desinfectadas entre cada proyección.

El perímetro de la presa fue acordonado para evitar aglomeraciones y accidentes. Sobre el agua se colocaron boyas para mantener la distancia entre las lanchas y en el embarcamiento se condicionó un área de comida con capacidad para 70 personas. Esto intentaba aproximar la experiencia como una visita al cine antes de la pandemia.

Otro ejemplo que también se presentó en el país fue el de los llamados autoconciertos, donde el público podía asistir a un festival y disfrutar la música sin salir de su automóvil. El jazzista Adrián Oropeza lo recuerda de viva voz: en noviembre de 2020, fue invitado a participar junto a su grupo en el Festival Internacional de Jazz y Blues de Zacatecas. La presentación se realizó en formato autoconcierto en el estacionamiento del Palacio de Convenciones de esa ciudad.

Para Oropeza, el acto más significativo fue cuando el sonido de los cláxons y las luces de los 50 automóviles permitidos sustituyeron a los tradicionales aplausos del público entre cada pieza musical.

Pero este formato ya había sido implementado en el país meses antes, cuando artistas como Siddartha o El Tri también organizaron autoconciertos. En el caso del primero, la presentación se efectuó el 29 de agosto de 2020 en el Parque Bicentenario de Ciudad de México. Cada cubículo contenía un lugar para el automóvil y un hueco para que los tripulantes pudiesen bajar y disfrutar del concierto.

González hace entonces un paréntesis y comenta que no es la primera vez que cambian los escenarios. A lo largo de la historia estos se han o han sido transformados por diferentes razones. Una de las anécdotas más recordadas es la del compositor Richard Wagner, quien en 1872 comenzó a construir un nuevo teatro: el Festspielhaus de Bayreuth, Alemania, donde revolucionaría para siempre la forma de percibir un espectáculo.

En su ambición, Wagner aisló al público del escenario en búsqueda de que este reprimiera sus reacciones y sentimientos. Este público modelo, renunciante al ruido y profeso del silencio, es el que imperaba en las galas de ópera y música clásica occidental hasta antes de la pandemia.

Aquacinema en la Presa de la Olla. Foto: Twitter

Richard Sennett, al cual cito, explica muy bien el proceso. En la época donde Wagner está pensando el nuevo teatro de Bayreuth, realmente lo que él hace es incorporar lo que ve en la arquitectura, donde hay una serie de nuevos creadores y nuevas creaciones que de algún modo influyen en la concepción de un nuevo espectador: en la relación del espacio arquitectónico, con el teatro, con los actores. Digamos que de repente, una cosa que se da por descontada que era cómo debía ser un teatro, nadie ponía en duda que fuese un anfiteatro con ciertos elementos, etcétera, etcétera. Wagner, a partir de ciertas innovaciones en otros campos, decidió que se podía incorporar ciertos elementos para generar un nuevo tipo de espectador”, dice González.

González forja así una analogía, donde los espacios arquitectónicos que, a causa de la pandemia no son utilizables de la manera prevista en este momento, obliguen a repensar estrategias para que el espectador tenga seguridad durante el espectáculo.

En el caso de Wagner era una cuestión más cognitiva, de comprensión de la obra, de la ópera. En el caso actual es una comprensión de lo que se prima, de lo que se pone sobre la mesa como algo prioritario, que es la seguridad”.

CATALUÑA INTENTA REACTIVARSE

Apenas en marzo de 2021, se implementaron pruebas pilotos en salas de conciertos de Barcelona. Sitios como Razzmatazz, Apolo y Luz de Gas reabrían puertas en horario desacostumbrado, para unirse al ensayo de cómo podrían realizarse espectáculos en un futuro. Así se realizaron test instantáneos a los asistentes para asegurarse que estaban libres de contagios.

Una crónica del periódico El País relata la narrativa de esa noche. En algunas salas se registraron ínfimos casos positivos, mismos que fueron aislados de inmediato. Sin embargo, todos los ojos estaban puestos en el Palau Sant Jordi, un pabellón construido para los juegos olímpicos de Barcelona ‘82 que ahora albergaría a cinco mil personas con cubrebocas en un concierto de la banda Love of Lesbian.

Los asistentes pasaron por filtros sanitarios. Entre abundancia de gel antibacterial e información sobre el virus, personal del hospital Germans Trias i Pujol les aplicó la prueba instantánea, cuyos resultados eran enviados de forma inmediata a sus teléfonos celulares. De los cinco mil asistentes sólo cuatro resultaron positivos y dos más fueron confinados por proximidad con los contagiados. Adentro el público se aglomeró en la plancha. No hubo distancia social, pero nadie se desprendió el cubrebocas.

Suena Nadie por las calles y parece que por un momento la vida vuelve a ser como antes, cuando la música era pasión compartida entre saltos y apretujones, menciona el texto.

En entrevista para El Sol de México, los integrantes de la banda Love of Lesbian comentaron que la idea surgió desde la iniciativa privada, desde una organización de festivales en Barcelona que buscaba ver un poco de luz y atenuar la crisis que se estaba viviendo a nivel económico y social. Como la propuesta incluía un gran aforo, la agrupación se sorprendió, caviló, dudó hasta que estuvieron seguros de que las condiciones sanitarias que exigían podrían llevarse a cabo. Fue jugarse el todo por el todo, no habría lugar para fallos.

Público durante el concierto de Love of Lesbian en Cataluña. Foto: elpais.com

Durante el concierto, el público bailó y entonó las canciones de la banda sin desprenderse el cubrebocas. Se supo entonces que se había ganado una batalla pero no la guerra.

Rayco González reflexiona sobre este evento, lo sitúa en un punto entre liberatorio y catártico “para la población española que tenía un año con ganas de ese tipo de eventos, donde hay tecnología, luces y sobre todo protocolos y ritualización, que tiene que ver con la función fática, de esta cosa del contacto”.

Un mes después, la prueba piloto concluyó que el concierto no fue supertransmisor de contagios. Las autoridades sanitarias sólo registraron seis infecciones de asistentes tras el evento, mismos a los que se les dio respectivo seguimiento.

ACTUALIDAD

El 21 de abril de 2021, la Camerata de Coahuila volvió a tocar para su público de manera presencial, tras un año ofreciendo solamente conciertos virtuales. Los asistentes laguneros arribaron al Teatro Isauro Martínez desde las ocho de la noche para pasar los filtros sanitarios: toma de temperatura, empleo de cubrebocas y gel antibacterial.

En esa ocasión, el recinto sólo aceptaría un 25 por ciento de su capacidad total (125 de 721 personas). La instrucción fue dejar tres butacas vacías entre cada asistente, por lo que previo al concierto algunos trataban de conversar en voz baja a la distancia. Tampoco hubo programas de mano que indicaran qué piezas se ejecutarían. Se trató de una nueva normalidad, donde respetar las medidas sanitarias fue la obertura de la noche.

En esta adaptación tampoco hubo intermedio y el ritual del vino y el canapé brilló por su ausencia. Al terminar el concierto, los asistentes salieron del teatro sin formar los tradicionales círculos de pláticas, en el aire todavía se respiraba cierto temor a pesar de que los contagios han bajado de forma considerable en La Laguna.

Hace unas semanas, Monterrey volvió a ser punto en materia de innovación de eventos masivos (por lo menos en el país). La empresa Apodaca Group diseñó Palco Tecate, una serie de conciertos al aire libre en el Parque Fundidora, con un modelo similar inspirado en propuestas implementadas en Europa. Se trata de una serie de módulos separados a un metro, en ambiente más solemne, donde una cantidad limitada de asistentes pueden disfrutar, beber y bailar durante los conciertos.

Mientras tanto, en el campo deportivo, pese la época oscura que aconteció en México con las dos grandes olas que mostró la pandemia, tal pareciera que el aficionado mexicano siempre busca olvidar. Hoy se permite el acceso al público en los estadios de fútbol en el país. Si bien es cierto que se emplean las medidas sanitarias, se exige el uso de cubrebocas y sólo se permite un aforo limitado, se sigue vendiendo alcohol y la distancia social cada vez es menos respetada.

Palco Tecate, un espacio diseñado por Apodaca Group para eventos masivos durante la pandemia. Foto: Twitter

Incluso el doctor Hugo López-Gatell, epidemiólogo y subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud en la Secretaría de Salud de México, ya realizó señalamientos sobre cómo se estaba llevando a cabo la logística en los estadio mexicanos de futbol. El caso más alarmante fue el sobrecupo registrado en el estadio Hidalgo de Pachuca, durante la semifinal de la Liga MX entre el equipo local y Cruz Azul. Las gradas albergaron a más del 40 por ciento del aforo permitido, lo que podría ocasionar un futuro rebrote, a pesar de la actual temporada de vacunación.

La memoria siempre deja algo, una huella del evento que hemos vivido, que seguramente es muy excepcional al menos para las dos últimas generaciones en Europa y en América Latina estamos hablando de una situación completamente excepcional” comenta González.

Es indudable que la pandemia por COVID-19 cambió al mundo. Nada volverá a ser como antes, pero existe esa búsqueda constante por lo que fue, aunque ese “por lo que fue” ya esté modificado de alguna forma. La nostalgia busca cubrir el presente y enmascarar al futuro. Se podría decir que este recuerdo de cómo se vivían los espectáculos antes de la pandemia, acompañará a las nuevas experiencias, que pueden terminar siendo muy similares al pasado. Sin embargo, predecir el futuro rasga sus intenciones en el muro de la utopía.

¿Vaticinar lo que puede ocurrir? No lo sabemos. Profetizar es siempre un riesgo, debes tener una gran capacidad intuitiva, teórica y experiencia vital de cómo han evolucionado las tecnologías, etcétera. Pero creo que algo va a dejar como huella esta situación, al menos en la actitud de los espectadores. Por ejemplo, yo me imagino que a nivel de tifo (palabra italiana para designar la preparación de los fanáticos más adeptos a los clubes de fútbol, los que están en la curva, gente que lleva todo tipo de parafernalia, banderas, cánticos y todo el entorno festivo del encuentro), probablemente eso se va a ver modificado de algún modo”, finalizó Rayco González.

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