Carlos Montemayor
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Carlos Montemayor

La novela de la guerrilla

La historia de México está plagada de represiones violentas. Sinnúmero de novelas y ensayos han querido explicar el origen de esta realidad. Desde Tomochic con Heriberto Frías, pasando por Martín Luis Guzmán, José Revueltas y Octavio Paz se ha querido entender la sociedad moderna de nuestro país. Ninguno como Montemayor ha mostrado a los dos Méxicos.

Carlos Montemayor nació en Parral, Chihuahua, en 1947. Desde pequeño se interesó por la música. Según sus entrevistas, recibió clases de guitarra y solfeo de un maestro local llamado Rito Jurado. Su padre y abuelo escribieron poesía; no obstante, él se inclinó tardíamente por la escritura. Lo hizo debido a que el paisaje parralense lo conmovió sobremanera después de haber pasado todo un año en la capital del país realizando sus estudios de preparatoria. Su escritura, en palabras del mismo autor, es telúrica, con una gran cercanía con la tierra.

Carlos Montemayor, además de ser un gran escritor de ficción, fue reconocido por su erudición en la literatura grecolatina; trabajó en varios proyectos de traducción. También fue uno de los más importantes investigadores de la literatura en lengua náhuatl de la historia reciente. Sus estudios acerca de los cuentos y mitos de las culturas prehispánicas han sido ampliamente reconocidos. Son famosas sus interpretaciones operísticas en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Pero sin duda por lo que más se le admira es por ser el autor de grandes novelas como Guerra en el paraíso (1991) y Las mujeres del alba (2010).

ANTES DE LA PARTIDA

Por desgracia el escritor murió hace casi siete años debido a un cáncer de estómago. Su último viaje lo realizó precisamente a la ciudad de Torreón, para participar en unas conferencias con maestros normalistas. En el epílogo de Las mujeres del alba, Jesús Vargas Valdés cuenta que Montemayor a finales de 2009, ya con los estragos de la enfermedad, intentaba con ahínco terminar de redactar su última novela, la cual se ha comentado que es la mejor de ellas. Montemayor en casi todas sus novelas ha tomado como tema la guerrilla en México. Lo que sorprende de su narrativa no es solamente la temática, sino la forma totalizante, de gran aliento con la que la desarrolla, así como también su lucidez y capacidad crítica para afrontar tabúes que en el México actual aún no han sido comprendidos a cabalidad. En una entrevista que Silvia Lemus le hiciera en los años noventa, Carlos Montemayor afirma: “Aquí debemos entender que las guerrillas no nacen por haber leído ciertos libros u otros, o por haber adoptado una ideología u otra. Con las guerrillas tampoco se inicia una etapa de violencia, las guerrillas son la etapa final de una enorme violencia social que va sofocando, reprimiendo, desgastando a pueblos enteros, a zonas enteras”.

El autor parralense se inauguró en esta vertiente con su elogiada Guerra en el paraíso, misma que aborda el movimiento guerrillero de Lucio Cabañas. La novela fue merecedora del Premio de Narrativa Colima 1991, para obra publicada. Con el paso de los años, quizá, la novela quedó injustamente en la sombra; sin embargo, con el reciente asesinato de los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa en 2014, leer su novelística es de suma importancia para entender los movimientos sociales de México.

UNA TESIS TRÁGICA

La novelística de Montemayor es sumamente compleja. No lo es por su forma, que tiende a privilegiar el diálogo, sino por la posibilidad que tiene de mostrar realidades de una manera cruda. Es común que los escritores utilicen sus novelas para justificar sus posturas ideológicas; crean personajes tipo para demostrar tesis sociales y culturales. El autor de Guerra en el paraíso elude constantemente esta posición y por el contrario intenta ser lo más crítico posible en relación con los temas que aborda. Los personajes que aparecen en sus historias dejan de ser justificaciones para plantear ideologías y se manifiestan como seres vivos en medio de los procesos sociales de México.

En Guerra en el paraíso se plantea una contradicción terrible en la realidad mexicana. Por un lado tenemos la injusticia social, la pobreza, la falta de oportunidades y por otro lado tenemos la necesidad del gobierno por instaurar la modernidad capitalista, por homogeneizar todos los sectores sociales y culturales de nuestro país en aras del progreso. Guerra en el paraíso plantea esa problemática. La guerrilla de Lucio Cabañas no obedece a ningún capricho ideológico o a la lectura de libros, sino obedece simple y llanamente al hambre. El gobierno mexicano presionado por sus compromisos principalmente capitalistas se ve obligado a preservar la paz en la región. En otras palabras, se ve en la necesidad de negar la existencia de la guerrilla en primera instancia y, cuando ya no le es posible hacer esto, erradicarla. De esta manera se criminaliza a quienes se levantan en armas para exigir sus derechos, se les hace una guerra sucia, se les cancelan sus derechos civiles, se convierten en enemigos públicos. Lucio Cabañas quizá en su momento (se entiende en los diferentes párrafos de la novela) fue uno de los hombres más comprometidos con los derechos sociales en México. No obstante, debido a esos mismos ideales, se ve confrontado con un sistema que niega dichas posturas. Montemayor en muchas ocasiones lo dijo: cada vez que un grupo guerrillero se levanta en armas, como lo es EZLN, el gobierno mexicano ha tenido la oportunidad de redimirse, de hacerse más democrático y justo. El problema es que para poder hacer eso tendría que modificar casi todos sus esquemas y reformar de una manera profunda a la totalidad de la sociedad mexicana. Eso generaría que no existieran los emporios hoteleros en las playas de Guerrero y Chiapas, eso significaría que la modernidad no entrara en su versión capitalista a estos territorios. El mismo Montemayor en su momento observó la complejidad del asunto, no sin entrever que básicamente el problema es de voluntades.

La novelística de Montemayor sin duda pone el dedo en la llaga. Nos muestra a un Lucio Cabañas humano, con errores, con contradicciones, hecho que nos hace ver sus culpas. Le quita su halo de ídolo, pero quizá de esa manera muestra la justa razón de su movimiento. Por otro lado también devela el oportunismo político que tuvieron algunas agrupaciones comunistas que quisieron relacionarse con la guerrilla del Partido de los Pobres. Es significativa la escena en la que los comunistas desprecian a los campesinos por no entender los libros de marxismo. Asimismo es reveladora la manera en la que expone a los militares, algunos ignorantes, simples piezas en el tablero, y otros con buenas intenciones pero incapaces de entender, por cuestiones ideológicas, lo que es verdaderamente justo en nuestro país.

Carlos Montemayor no sólo desarrolló la temática de la guerrilla de Lucio Cabañas, sino que también escribió dos novelas que narran el asalto al cuartel de Madera en Chihuahua por un grupo de guerrilleros conformados principalmente por maestros normalistas en 1965. De este conflicto social salen los títulos Las armas del alba y Las mujeres del alba. Esta última fue escrita bajo una promesa que el autor tuviera con las viudas, madres e hijas de los caídos en el dicho asalto del poblado de Madera; donde contaría sus historia, la versión de las mujeres, ya que en la primera, concentrada casi en su totalidad en los hechos bélicos, no habló de la otra visión de los acontecimientos. Quizá Montemayor al ver terminada esta última obra pudo morir en paz.

A pesar de tener 62 años cuando murió, pienso que ocurrió prematuramente. Habría sido de suma importancia tener su interpretación de lo que ha sucedido en nuestro país en los últimos cinco años.

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