Violencia de género, violencia que enferma
Salud

Violencia de género, violencia que enferma

Riesgos para la salud física y mental de las mujeres

Ilustración de portada: Freepik

Mucha tinta se ha gastado en abordar el tema de la violencia de género desde las perspectivas de la justicia social y los derechos humanos. Se habla mucho menos de él como un fuerte problema de salud pública.

Tanto las agresiones de pareja como de índole sexual acarrean perjuicios importantes para la salud física y mental.

A pesar de su alta incidencia, los ataques contra la mujer (de tipo físico, psicológico, íntimo y demás) no figuran dentro de las políticas de salud de los gobiernos ni se reconoce la carga que representan para el sistema sanitario.

Tampoco se considera que los proveedores de asistencia médica deben ser capacitados con los fines de identificar, evaluar y tratar (incluso intervenir, cuando aparece algún caso crítico) a las violentadas que entran en su órbita.

En la atención de estos casos, el papel del médico debería incluir consignar los hechos detectados, canalizar a las víctimas a las instancias correspondientes y dar seguimiento.

CIFRAS

Según la Encuesta Nacional Sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2016, el 66 por ciento de las mexicanas de 15 años o más de edad dijo haber sufrido al menos un incidente de violencia de cualquier tipo a lo largo de su vida.

Casi 44 de cada 100 fueron agredidas por su pareja del momento o en su relación más reciente, mientras que 53.1 por ciento había sido víctima de un incidente de violencia por parte de agresores distintos al compañero sentimental.

Las mujeres que residen en áreas urbanas son más propensas (69.3 por ciento) a experimentar maltrato por parte de cualquier tipo de agresor.

De los cerca de 19 millones de mujeres que declararon haber sido objeto de al menos un acto violento en sus relaciones afectivas, 48.2 por ciento habló con alguien (familiar, amigas, compañeras, vecinas) al respecto. Muy pocas se acercaron con algún especialista, como un psicólogo o un abogado, o bien con representante de alguna religión.

Además, de cada 100 mujeres que experimentaron algún incidente de violencia sólo 12 presentaron denuncia y/o solicitaron apoyo; de esa docena, la mitad acudió a alguna institución, tres denunciaron y otras tres hicieron ambas cosas.

Muchas mujeres no revelan que han sido agredidas, por lo que el profesional de la salud debe estar preparado para detectar signos de violencia. Foto: Freepik

CARGA SANITARIA

Con frecuencia, las víctimas de ataques buscan atención médica. Esto significa que, en muchos casos, un profesional de la salud es el primero en enterarse de que fueron agredidas.

Si bien hay estudios en que mujeres maltratadas afirman confiar en los agentes de la salud para revelar situaciones de abuso, en la práctica es constante que no digan nada aunque las evidencias de lesiones salten a la vista.

El personal sanitario debe estar preparado para identificar signos de violencia, ofrecer apoyo, recoger evidencia forense, prestar la asistencia médica solicitada y dar seguimiento al caso.

Una vez que acude a revisión a consecuencia de un ataque, la mujer requiere un servicio de salud integral y sensible a la cuestión de género.

¿Cómo encarar casos de este tipo? Requisito esencial es mantener una actitud libre de prejuicios, que valide lo que la mujer manifiesta.

En segundo lugar, hay que prestar atención, indagar sobre los antecedentes, conducirse con prudencia al abordar temas delicados y responder a las inquietudes de la afectada ofreciendo apoyo práctico.

Enseguida, conviene proporcionar a la mujer información acerca de los recursos, legales o de otro tipo, a su alcance.

La consulta debe efectuarse en privado y sujetarse al compromiso, por parte del médico, de preservar la confidencialidad de los temas tratados.

INTERVENIR

Lidiar con las consecuencias de las agresiones, tanto a nivel físico como mental, no es sencillo. El profesional sanitario a cargo debe ser consciente de que, en un momento dado, casos críticos por lo general, decidirse por una intervención de emergencia para prevenir mayor daño es la opción acertada.

Intervenciones eficaces para tratar a sobrevivientes de violencia de pareja abarcan aspectos piscológicos, maternoinfantiles, prácticas terapéuticas (como escritura o yoga), entre otras acciones salutíferas. En todo caso, el profesional de la salud debe respaldar a la paciente en las decisiones que adopte.

Ante signos de violencia de género, se deben recabar todos los datos médicos necesarios para presentar en caso de un juicio legal. Foto: Behance / Babashorika (Natalya Ma)

PERJUICIOS

¿Qué tanto afecta a la mujer la violencia de género en sus manifestaciones más frecuentes? La lista de afecciones clínicas asociadas a agresiones perpetradas por su pareja incluye síntomas de depresión, ansiedad, trastorno por estrés postraumático, trastornos del sueño, propensión al suicido, autoagresión, consumo de alcohol o sustancias psicotrópicas.

Otras manifestaciones son dolores crónicos, síntomas digestivos de causa desconocida y episodios genitourinarios espontáneos. A veces acarrea resultados reproductivos adversos, como embarazos no deseados o abortos.

Hemorragias vaginales reiteradas y enfermedades de transmisión sexual (ETS) son más consecuencias funestas, así como lesiones traumáticas. Además, las agresiones abren la puerta del organismo a estropicios relacionados con el sistema nervioso central: cefaleas o problemas cognoscitivos, por ejemplo.

Un signo que indica la posibilidad de abuso es la intrusión del compañero sentimental en las consultas.

SEXUAL

Sufrir íntimo abuso acarrea consecuencias negativas para la salud mental, física, sexual y reproductiva de la mujer. En la parte psicológica no es inusual que la víctima requiera atención de largo plazo.

Cuando se enfrenta a un caso así, el profesional sanitario debe tener clara la importancia de reunir pruebas forenses, en especial si la afectada desea iniciar un procedimiento legal.

En el historial de la paciente, el proveedor de atención médica debe consignar el tipo de agresión y el tiempo transcurrido desde que fue perpetrada, el riesgo de embarazo o de contraer VIH u otra ETS, así como su percepción del estado de salud mental de la víctima.

La paciente debe saber que haría bien en recibir profilaxis (tratamiento preventivo) contra males como clamidiasis, gonorrea, infecciones por tricomonas o sífilis.

Erradicar la violencia contra la mujer no significa sólo proteger a un sector vulnerable o avanzar hacia una sociedad más justa, también representa cuidar mejor la salud de la mayoría de la población.

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