El perdón en la sangre
Nuestro mundo

El perdón en la sangre

Nuestro Mundo

En la historia de nuestra ciudad existen capítulos que no debieron ocurrir. Uno de los más aciagos es el llamado pequeño exterminio ocurrido el 13, 14 y 15 de mayo de 1911, cuando cientos de chino-mexicanos fueron asesinados aquí en Torreón. El contexto es el siguiente: desde 1895, miles de ciudadanos chinos habían llegado a México. Con disciplina y esfuerzo, no pocos de ellos habían logrado prosperar. En nuestra ciudad la comunidad china estaba formada por unas seiscientas personas que se dedicaban a cultivar hortalizas y al comercio. El 13 de mayo de ese año las tropas revolucionarias se preparaban para tomar la ciudad, mientras las tropas federales se alistaban para defenderla. Durante tres días, los revolucionarios insultaron y despojaron de sus pertenencias a los ciudadanos chinos y asesinaron a 303 de ellos.

No se trató, como algunos han dicho, de un brote de violencia aislado, sino de la materialización de una política de odio que llevaba años gestándose. Una política alentada por el Estado. Por eso, a 110 años de los hechos, es digna de aplaudirse la decisión del Presidente Andrés Manuel López Obrador de pedir perdón por los agravios el 17 de mayo aquí en Torreón, en una emotiva ceremonia en donde estuvieron presentes el embajador de China ante México, Zhu Qingqiao, así como destacados miembros de la comunidad china en nuestro país.

Una de las participantes fue la Doctora Mónica Cinco Basurto, especialista en el tema de la comunidad china en México. En un emotivo mensaje, Cinco Basurto recordó que, si bien la matanza de Torreón duró tres días, el antichinismo se extendió por décadas en nuestro país. Bajo los falsos argumentos de que los chinos desplazaban de los empleos a los mexicanos, abarataban los trabajos, contaminaban la salud pública y engendraban hijos racialmente inferiores, la campaña negra halló su período más álgido entre 1911 y 1934. Fueron años de odio institucionalizado en que agredía no sólo a los orientales, también a las mexicanas que se casaban con un chino, como ocurrió a la abuela de la doctora Cinco Basurto. Cientos de mexicanas consideradas chinas por matrimonio fueron repatriadas a China, donde permanecieron por más de 30 años sin poder regresar por falta de documentos. “Reconocer que el Estado mexicano se equivocó significa también visibilizar que los chinos, y sobre todo sus descendientes, seguimos estando aquí y que todos los días trabajamos para hacer de nuestras comunidades un lugar mejor desde lo que somos: orgullosos mexicanos de ascendencia china”, dijo la doctora.

Después tocó a Don Sergio Ley López, embajador emérito de México ante la República Popular de China, exponer las razones por las que el desagravio era más que necesario: “Recordar. Comprender. Perdonar. Tres grandes verbos de nuestra lengua que nos reúnen esta mañana”, dijo Don Sergio en un mensaje cuya conclusión fue: “Reconstruir nuestros vínculos centenarios con el mundo asiático que se rompieron a principios del siglo pasado es una tarea y un compromiso del presente. El rostro activo del perdón”.

Fue el Presidente López Obrador quien mencionó una de esas formas activas en que el perdón se traduce. Un regalo de vida de China para México: el envío de millones de insumos para combatir el Covid-19, desde caretas y cubrebocas en la fase inicial de la pandemia, hasta los millones de dosis de vacunas CanSino con las que los maestros de nuestro país, incluidos miles de profesores laguneros, han sido inoculados. Podría decirse que, en cierta forma, llevan en la sangre la evidencia del perdón.

Quiero decir desde Torreón: nunca vamos a olvidar la fraternidad de China en los meses amargos de la pandemia, dijo el Presidente, y aprovechó para recomendar La casa del dolor ajeno, contundente crónica de trescientas páginas escrita por Julián Herbert. El libro, publicado en 2015 por Random House, abreva de muchas fuentes en busca de las causas de la masacre, desde el pasado remoto hasta nuestros días. Sin duda una lectura imprescindible para recordar y comprender un capítulo de nuestra historia que nunca más debe repetirse.

Comentarios