Mariana Bernárdez y su pacto poético
Entrevista

Mariana Bernárdez y su pacto poético

Ilustración de portada: José Díaz

Este deletrear

que pulsa los dedos

en susurro

de una voz que no es voz

anega y desnuda

tu afonía y la mía

(Esto que escribo: Mariana Bernárdez)

La ciudad ruge. La vida va de prisa. El tiempo no se detiene. Tic, toc, tic, toc. El pulso de la densa capital de México está acelerado. La rutina se planta para cegar la visión de ciudadanos que no distinguen diferencia entre sus días; todo, siempre, parece ser lo mismo. Pero… en medio del estruendo, hay alguien que defiende la quietud, el silencio. No pelea con el exterior, más bien viaja hacia sus adentros para escuchar a su cuerpo que la dirige hasta la entraña, y ahí es donde ocurre la magia: el lenguaje silencioso del poema grita dentro de las hojas de una mujer que desde niña conoció el asunto de versificar la vida y realizó un pacto con la poesía.

Mariana Bernárdez se encuentra enclavada en su estudio que se ubica dentro de su casa, comparte por medio de una pantalla que el trabajo a su cargo es arduo, pero respira, sabe que en medio de todo siempre habrá una hoja en blanco, esperándola.

Es poeta y ensayista, su escritura intenta vincular ambos géneros, no le importa que el resultado sea impopular. Sabe que se libera tecleando en ambos terrenos, por eso es una de las voces más singulares de su generación, su concepción metafórico-simbólica la desmarca del resto. Mariana celebra que actualmente exista una polifonía poética, asegura que se vive un momento de diversidad de plumas que hablan a través de un género que cada vez cuenta con más adeptos.

Lejos de la idea del reconocimiento, su pluma continúa llenando páginas y páginas. Al momento, contabiliza más de una veintena de libros publicados entre poesía y ensayo, de los cuales algunos encontraron eco en otros países, pues su obra está traducida al inglés, italiano, portugués, catalán y rumano.

Entre sus libros de poesía recientes se encuentran: Rumor de niebla, Don del recuento, Nervadura del relámpago, Escríbeme en los ojos, En el pozo de mis ojos y Aliento.

La enamorada del verso dialoga con Siglo Nuevo sobre las profundidades de la poesía. Conoce bien el fondo, pues en él (desde hace varios años) se refugia para explicarse a ella misma las cosas y los momentos que la maravillan.

Foto: Cortesía de Mariana Bernárdez

Reza uno de tus poemas del libro Nervadura del relámpago “Ante mis ojos desfila la bastedad del silencio, quizá en esta duración sea posible habitar en otra quebradura y espolear los tiempos hasta o acertar a saber quién se es” ¿Es en este silencio y en la praxis poética que Mariana se reconoce?

Te diría que es más complicado el tema en un sentido, y a la vez sencillo. Vas teniendo, digamos, distintas escrituras porque vas teniendo distintos libros y los libros van respondiendo no meramente a una historia personal, sino a una forma de estar. Ese modo de estar, es un modo de escucha, de atender y de asombro. Nervadura del relámpago es un libro muy especial en el sentido de que responde a un libro anterior que se llama Trazos de esgrima, donde se enaltece al cuerpo, al misterio de la carnadura, del cuerpo y la necesidad de habitar y devorar el cuerpo para poder vivir. Y la primera escritura ocurre en el cuerpo y escribes con todo el cuerpo. Y el cuerpo es este receptáculo que se deja atravesar por el lenguaje.

Si tú no tienes ese nudo se vuelve muy difícil escribir poesía, porque (por ejemplo) una crónica te permite una narrativa de hechos, un ensayo la inmediatez o la prolongación de una reflexión, pero la poesía es otra cosa y es algo que te atraviesa y tú tienes que dejarte atravesar por eso, y para dejarte atravesar necesitas estar muy clara en esa unión tan de entraña que eres como persona, porque si no no pasa eso, si no no tienes esta experiencia del límite, la poesía es una experiencia de límite. Límite no solamente de lenguaje, sino límite porque te extrema esa corporalidad que te lleva a nublar el Yo para poder asombrarte ante el mundo de lo que se te da a ver.

¿Para ti cuál es el poder poético de la palabra?

Yo creo que la palabra poética está lejos de los juegos de poder, pero no significa que sea ajena a una posición ética que implica la consciencia de la libertad. ¿Por qué la palabra poética está lejos del juego del poder? porque no se somete nada ¿Por qué de un momento a otro tiene que ver con ética?, porque tiene que ver con una estética. […] Mi ejercicio de la libertad no es pensar qué cereal voy a comprar, mi ejercicio de la libertad tiene que ver con el proyecto vital que yo quiero construir, y eso significa tocar la parte más creativa de mi personalidad, de mi mismidad y que involucre al otro, porque yo no he conocido proyectos vitales que se mantengan de forma lejana a las personas.

¿Crees que la poesía verdaderamente significativa es incorruptible?

Yo creo que la poesía por sí misma es significativa y tiene un sentido que no necesariamente tiene una intencionalidad. Cuando me preguntas referente a lo corruptible pues mira, pensé muchas cosas. Por un lado pensé nuevamente en este vínculo hacia el poder que es un tema muy complejo, porque qué significa el poder, poder para qué, poder al servicio de qué, legitimidad del poder, pero eso es otro tema, eso es otra cosa. Luego por el otro lado pienso ¿Corruptible? Y pienso que el cuerpo es corruptible, porque el cuerpo se va a volver polvo, o sea aquí el que siempre gana es el polvo, pasan los siglos y lo que sigue ganando es el polvo. En este sentido, el cuerpo por supuesto es corruptible porque es la parte finita, la parte material y la que se va deshacer ¿Corruptible la poesía? No, no creo, porque no está al servicio de nada. Incorruptible tampoco, creo que está muy viva y que en esa medida puede ir atravesando los siglos y yo puedo seguir leyendo a Nezahualcóyotl y estremecerme con sus poemas como con Sor Juana Inés de la Cruz, como con otros poetas que siguen diciéndome algo, porque la materia de la poesía tiene que ver con lo que nos hace durar, con el tiempo memorioso.

Foto: Behance / Joey Guidone

En su texto La noche de la civilización, el escritor Alejandro Rozado expone que la poesía es la única dimensión sagrada que le queda al ser humano para dar sentido histórico a la vida contemporánea ¿Qué piensas al respecto?

Más bien tú le tienes que preguntar al autor hacia dónde quiere ir, y no es por darte la vuelta a la contestación. El tema de lo sagrado, digamos, es muy explorado desde un ángulo de estudio del siglo XX y yo creo que responde al desahucio propio de una primera y una segunda guerra mundial y luego de una guerra fría, y luego de tantas otras guerras, porque finalmente una de las preguntas es: ¿Por qué el hombre está inmerso en la violencia? ¿Por qué está inmerso en la barbarie? Y luego la pregunta es si esa violencia conecta con un sentido de lo sagrado, […] Yo no sé si también él se esté yendo hacia algún aspecto que no deja ser también muy interesante, que es el tema de la religiosidad. Creo que la poesía, en ese sentido, efectivamente es uno de los baluartes más importantes que tenemos que nos religa, y ese es un sentimiento profundo de un ser humano: la religación, el vincularnos al mundo. La poesía es lo que nos permite, no solamente sujetarnos al mundo o al otro, sino que además nos permite tocar esto que nos vincula de una manera, y repito esta palabra, extrema con el lenguaje. El lenguaje es lo que nos permite todo y es un lenguaje que se ha hablado durante siglos. Entonces sí creo que nos da una religación. Cuando ya entramos a la parte de lo sagrado como tal, empezamos a preguntarnos si el poeta es un místico o si entra en trance, es decir, todas estas cosas que se tienden a juzgar muy rápidamente y que yo siempre soy muy cuidadosa y trato de ser muy respetuosa, porque hay muchas cosas en la escritura poética que tienden a confundirse con la escritura mística y aquí a lo que quiero llegar de forma muy breve, es que finalmente la poesía presta voz para que el místico pueda expresar la experiencia de lo inefable….porque es el único modo de que algo extremo pueda caber en el lenguaje, lo cuál es absolutamente asombroso, esa es la cuestión… entonces no sé por donde, en realidad, se está yendo Alejandro Rosado, no he leído el artículo y, bueno, son líneas generales sobre un tema que es apasionante y que obviamente también te va a llevar hacia otra cuestión que es fundamental: si la poesía da o no conocimiento y qué tipo de conocimiento.

Desde tu perspectiva, ¿qué crees que distinga a la poesía de estos tiempos?

Creo que hay un pulso poético muy importante que ha quedado demostrado en la pandemia. Hay una cosa que me da mucha esperanza, no es solamente la cantidad de poetas sino la cantidad tan diversa de voces; hay una polifonía de voces y creo que eso es muy positivo porque aquí tenemos que caber todos. No se cómo explicarte…. Esta idea de que todos somos iguales y que tenemos que homologarnos creo que a mí me cuesta un poco de trabajo y te voy a montar este ejemplo, y perdóname que sea tan simple, pero el otro día me como una manzana y digo ‘que buenísima está esta manzana, qué cosa más extraordinaria es la fruta’ porque tú compras una manzana y al final todas saben distintas y luego pensé ‘pues como las personas’. Creo que esto es el punto, cuando empiezas a ver todos los festivales que hay, todas las lecturas de poesía que existen, te empiezas a dar cuenta de la belleza que hay en la humanidad de que todos somos distintos y todos tenemos algo qué decir. Eso finalmente a mí me da mucha esperanza porque creo que hay un pulso poético vital, un pulso creativo que está ahí que nos va a dar un empuje para poder salir adelante y creo que eso es de verdad fundamental porque de alguna manera hay mucha desesperanza, la gente está muy irritable (estamos todos muy irritables), hay muchas cosas que nos van quitando el sentido de la esperanza y yo creo que este es un momento muy particular, en el sentido de que puedes tocar cosas muy de adentro y darte cuenta de todo lo que no te sirve y dejarlo atrás.

Foto: Cortesía de Mariana Bernárdez

¿Todo poeta es o debería ser consciente de la extrema existencia sensible? ¿Son seres con una sensibilidad privilegiada?

No lo sé, la realidad es que no lo sé. Creo que todo el tiempo se dice esto de los artistas, que tienen una sensibilidad extrema, no lo sé porque hay gente que no la tiene. Lo que sí encontraría como común denominador, y no como definición, es su enorme capacidad de asombro. Esta parte creo que es fundamental, sabes, porque cuando la gente conserva la capacidad de asombro, entonces puede detener la mirada y también puede estar atenta a lo que escucha y a lo que toca.

Apostarse en el mundo poético, ¿significa dedicarse a versificar la vida?

Creo que cuando tomas la decisión de dedicarte a esto, pues estás en esto y se vuelve un modo de estar, de vivir.

Ahora bien, en una entrevista mencionaste que la poesía era tu vida pero el ensayo era tu pasión ¿Cómo ha sido trabajar al borde de ambos géneros?

Lo que dije tiene que ver con un examen de maestría de filosofía, porque yo lo confesé públicamente que mi vida había sido la poesía, pero una de mis pasiones ha sido la filosofía y obviamente la filosofía me llevó al ensayo, que además es un ensayo académico, pero he terminado haciendo un ensayo poético que tiene muy poco éxito comercial y que es ampliamente cuestionado. […] Tengo una inmensa curiosidad por todo, lo cual luego es un problema, podría pasar la vida estudiando. El ensayo tiene que ver con eso y cada vez me interesa más el género, me interesa mucho lo que se está escribiendo sobre ensayo, me parece muy interesante como género, todos los dobleces extraordinarios que puede tener, es fantástico.

Te cito en tu texto El ensayo como sospecha “lo que atormenta, una vez acorralada la vida por la barbarie de la muerte, encuentra su expresión depurada en el ensayo capaz de arrojar una pregunta a sabiendas de carecer de respuestas, porque su finalidad es problematizar” ¿En este ejercicio has podido encontrar respuestas o solamente más preguntas?

Cuando he tenido suerte me he podido hacer más preguntas (risas). Cuando no he tenido esa suerte, lo que he podido hacer es ampliar, hacer más ancha la pregunta. Me costó muchos años entender que ese es el proceso del pensamiento y que la gran suerte que se tiene cuando estás en una discusión es poder ir haciendo más cuestión. Hace más de 20 años era imposible hablar del feminicidio y se fue haciendo cuestión del tema, ahora se habla mucho del feminicidio y se hacen muchas cuestiones pero no se ha resuelto el problema, pero sí se cuestiona, y eso es un gran avance, es enorme. […] Por eso me parece tan interesante lo que está ocurriendo a nivel de ensayo. Es importante plantearnos los problemas, eso ya es un enorme avance. El pensamiento no empieza a partir de la pregunta, creo que llegar a una pregunta implica un larguísimo proceso de reflexión y también hay que recordar que si el pensamiento es un camino es porque va y viene, es decir, uno puede echar en reversa, cosa que también no te venden ese boleto, porque todo es siempre para delante, siempre para delante. No te cae el veinte hasta muchos años después de que puedes regresar; regresar, ir y venir porque el pensamiento es una flexión.

La curiosidad es una de las fuerzas que impulsa a la autora a leer y escribir. Foto: Freepik

¿Existen momentos específicos en donde te mueva más escribir poesía que ensayo, o viceversa?

La escritura no es algo que yo provoco, es algo que me viene. Te diría que lo único, en un momento dado, que sí me provoco, es cuando me piden cosas.

¿Actualmente qué estás leyendo?

Tengo la mala costumbre de leer muchos libros a la vez. Estoy leyendo la poesía completa de Joan Margarit que fue Premio Cervantes de 2019. Acabo de leer un libro de entrevistas maravilloso de José Ángel Valente, me he releído toda la obra poética de Dolores Castro, ahora que le hicieron homenaje. Estoy leyendo ensayos de Antonio Colinas sobre literatura.

Y escribiendo...

Me enfoqué mucho en escribir varios textos sobre Dolores Castro, lo disfruté muchísimo. Acabo también de escribir para el homenaje de María Zambrano un ensayo. Estoy terminando de escribir mi proyecto para la beca del FONCA y estoy con mucha carga de trabajo editorial, que también es una forma de re escrituras de textos.

Podríamos cerrar con un verso que te gustaría compartir.

Es un verso que me regaló Gustavo Peñalosa, hijo de Dolores Castro, con el que trabajé muchos años. Tengo una memoria bastante mala, pero este es un verso que se me quedó, me lo regaló y me ha acompañado y he aprendido mucho de él. Vuelve a mí y me acompaña y espero que te acompañe a ti también, yo te lo regaló a ti, es un verso de San Juan de la Cruz que dice: “Mi amado, las montañas”.

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