Sarco: la máquina de eutanasia
Familia

Sarco: la máquina de eutanasia

Tecnología para finalizar la vida

Acabar con la vida de forma voluntaria es un tema complejo en que entran en juego las facultades que se deben tener para tomar una decisión como esta. Los factores que se toman en cuenta para hacer legal esta opción son numerosos, y buscan ser justos y apegados a la realidad de las personas, no sin librarse de extensas discusiones sobre su ética.

Es en este contexto que aparece la máquina llamada Sarco, que acelera el proceso para terminar con la vida. Si existe una herramienta como esta, es posible que también se esté avanzando hacia una aceptación de la eutanasia.

TECNOLOGÍA Y EUTANASIA

El exmédico y humanista austriaco Philip Haig Nitschke ha dedicado parte de su carrera a hablar sobre la eutanasia en conferencias, libros y artículos, además de colaborar en estudios relacionados con el tema.

Fundador y director del grupo pro-eutanasia Exit International, ha alcanzado bastantes metas en el ámbito tras quemar su certificado de práctica médica como forma de protesta en 2015, después de constantes polémicas con la Junta Médica de Australia. De esta forma se separó del sector médico para defender su libertad de expresarse en torno al tema.

A partir de ese punto continuó alcanzando algunos de sus objetivos más importantes, como hacer campaña para la aprobación legal de la eutanasia en el norte de Australia, ayudar directamente a personas a poner fin a sus vidas, y convertirse en el primer médico del mundo en administrar la inyección letal de forma legal y voluntaria.

Sus esfuerzos se han visto mayormente en la concientización, pero también se ha permitido ir mucho más lejos. Ideó un sistema que consiste en una computadora portátil que libera una dosis letal indolora, lanzada en 1997.

Ese fue el antecedente de Sarco, una máquina creada en 2017 que también posibilita una muerte indolora y pacífica mediante un mecanismo fácil de usar. La activación del dispositivo se realiza desde dentro, lo que propicia un único modo de uso: voluntario.

Funciona con una dosis de nitrógeno. El gas llena el interior de la máquina desplazando al oxígeno, propiciando lo que se conoce como asfixia por gas inerte, debido a una cantidad baja o nula de oxígeno en el ambiente. Sin dolor y de forma rápida, deja inconsciente a la persona al pasar un minuto, y fallece a los cinco.

Para Nitschke, la muerte debería ser accesible incluso en casos donde no hay enfermedad, por ejemplo, si la persona está satisfecha con su vida y no desea envejecer más. Foto: Behance / Paco Puente

Nitschke advierte que la máquina Sarco se utiliza únicamente habiendo hecho una prueba psicológica mediante inteligencia artificial, para determinar la salud mental del candidato. Cabe mencionar que las características de esa prueba no están detalladas.

EL DESEO DE MUERTE

Una de las dudas que surgen sobre este invento es, naturalmente, ¿quién puede ser apto para utilizarlo? Se entra en una discusión bastante importante y compleja sobre qué características debe tener una persona para ser candidato a su uso; por ejemplo, determinando su salud mental o el momento de la vida que cruza, así como si su muerte afectaría demasiado a terceros.

Si alguien depende de la persona que intenta concluir su periodo vital, si se ha hablado con familiares, si las razones que tiene son suficientes, y un largo etcétera, entrarían en esta discusión que, de hecho, se tambalea bastante entre lo que es una decisión libre o no.

Nitschke está en contra del principio que muestra al deseo de muerte como necesariamente ligado a la patología o la irracionalidad. Bajo esta lógica, la muerte no es en ningún momento una decisión consciente.

Sin embargo, en algunas circunstancias se puede mantener el deseo de acabar con la vida sin que interfieran enfermedades mentales como la depresión. Sea teniendo la certeza de que se ha vivido lo suficiente, se han alcanzado las metas esperadas o se está conforme con lo que se ha logrado.

El valor de la vida, sin duda, es un tema importante para cualquier sociedad. En él se basan decisiones en materia de derecho y ética, así como cualquier lineamiento para regir las reglas sociales.

Todo parece indicar que la balanza se carga más hacia el lado de Nitschke. En siete países, uniéndose más recientemente España en 2021, la eutanasia es legal. En esta nación, se autoriza sólo en casos donde la persona sufre una enfermedad o padecimiento grave e incurable, que sea crónico, imposibilitante y que cause sufrimiento intolerable.

Fueron Holanda, Países Bajos y Bélgica los países pioneros en esta tendencia mundial al legalizar la práctica en 2002, siendo Bélgica el que dio un paso más adelante: la eutanasia es legal para menores de 12 años en caso de enfermedad terminal. En Luxemburgo, desde 2009, el procedimiento se realiza después de que el candidato recibe la aprobación de un panel de expertos.

El diseño de Sarco está hecho para quitar la carga negativa a la muerte. Foto: fakt.pl

Colombia se convirtió en el único país de América Latina en admitir la eutanasia. Sus condiciones son que el candidato se encuentre en un estado de sufrimiento o dolor intenso. Por otra parte, en Canadá, desde el 2016 se solicita llevar un procedimiento de 10 días antes de la práctica, así como dos testigos y la aprobación de dos médicos para deliberar si existe una posible cura al padecimiento del solicitante o si está en una fase terminal.

DISEÑO PARA LA MUERTE ASISTIDA

Sarco se plantea como un artefacto diseñado para resignificar la muerte. El mismo Nitschke habla de la defunción como una despedida que no tendría que ocultarse, sino que debe ser algo “hermoso”, uno de los días más importantes de la vida. Esta máquina se presenta como una extensión de la idea de que el suicidio asistido es un derecho, por medio de su diseño y utilización amigables.

Está hecha por medio de impresión 3D, una de las tecnologías actuales más sobresalientes en la arquitectura y el diseño. Además, su aspecto futurista muestra la pretensión con la que ha sido construida: abrir paso a una concepción mucho más libre de la vida. No es para menos, ya que Nitschke ha dicho que si la vida es un regalo que no puede ser cedido, ésta se convierte en una carga.

Su funcionamiento con nitrógeno líquido se suma a la libertad con que está pensado su uso, ya que es una sustancia no regulada a la que se puede tener acceso fácilmente. Otro asepcto que destaca a la eutanasia como derecho, es la portabilidad y la comodidad. El carácter casero de Sarco hace que el concepto de la muerte asistida ya no se asocie con verse recluido en una institución u hospital.

El usuario de la máquina puede transportarla a donde le apetezca utilizarla y bajo las condiciones que le sean adecuadas. La cápsula es desmontable; se desprende de la parte inferior para ser utilizada para los ritos concernientes, el funeral y velorio. También se puede usar como un ataúd biodegradable que se reintegra al ambiente.

Es posible que el estándar con el que se valora la vida sea tan alto, que se esté cayendo en defenderla sin matices y a cualquier costo, incluso extendiendo el sufrimiento físico o mental de una persona. Todo parece indicar que este límite es cada vez más discutible, por lo que en esta ecuación se le puede dar lugar a mejorar la calidad de vida sobre la simple prolongación de la misma.

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