Tratamientos alternativos contra la COVID-19
Ciencia

Tratamientos alternativos contra la COVID-19

En búsqueda de una cura independiente

Imagen de portada: Freepik

Actualmente existen al menos siete vacunas contra la COVID-19, y son alrededor de 200 vacunas experimentales en desarrollo, de las cuales 60 ya se encuentran en fase clínica. Al tratarse de una enfermedad nueva, la población junto con los expertos han ido aprendiendo a prueba y error: desde cuidados básicos hasta la implementación de alternativas para atacar al virus.

La realización de ensayos clínicos es la base para encontrar esas alternativas. Se trata de evaluaciones experimentales con seres humanos para comprobar la eficacia de un medicamento o un tratamiento emergente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce dos de estos ensayos, el Recovery (Recuperación) y el Solidarity (Solidaridad). Ambos proyectos han obtenido resultados viables para el uso de nuevas estrategias de recuperación, sin embargo, alrededor del mundo se siguen probando otras opciones y los resultados arrojados son de vital importancia.

LA LISTA ES PEQUEÑA

A finales del año pasado se dieron a conocer tratamientos con anticuerpos monoclonales. Para explicar mejor el término, es una especie de proteína elaborada en laboratorio con la finalidad de unirse a ciertas sustancias dentro del cuerpo. El tratamiento no es nuevo, pues se había usado para combatir enfermedades reumatológicas y algunos tipos de cáncer. Esta clase de anticuerpos son como clones de los generados por el cuerpo. La propuesta ha tenido relativo éxito, aunque aún se encuentra en fase experimental.

Los pacientes candidatos a este tipo de tratamiento son aquellos que obtienen un resultado positivo en la prueba con síntomas leves o moderados, además de no haber permanecido o encontrarse en hospitalización y que no requieran terapia de oxígeno. A diferencia de la vacuna, este tratamiento no es para prevenir la enfermedad o protegerse de ella, sino que ayuda al paciente a combatir la infección. Algunos nombres dados a los anticuerpos monoclonales son bamlanivimab o casirivimab más imdevimab.

El uso de corticosteroides ha sido otra buena alternativa para los pacientes con COVID-19. A mediados del año pasado, apareció en el informe Recovery de la OMS el uso de esta clase de hormonas para aminorar la inflamación y reducir el riesgo del paciente portador del virus. Poco después, se publicó un documento con validación científica revisado por pares a favor del uso de esta familia de hormonas. La investigación concluyó que su administración era recomendable en pacientes graves o críticos.

La dexametasona es uno de los tratamientos más extendidos para pacientes de COVID en estado grave. Foto: Freepik

La dexametasona es el principal corticosteroide empleado en pacientes de COVID-19. Algunas de sus ventajas son su bajo costo, accesibilidad y eficacia. El tratamiento es aplicado principalmente en pacientes graves o críticos, aunque también puede ser utilizado en pacientes bajo riesgo con un posible cuadro moderado. Sin embargo, según el informe de la OMS, no es recomendable la administración de dexametasona a pacientes con síntomas leves debido a la poca evidencia de su eficacia en este caso.

Otra alternativa implementada son los inmunomoduladores, los cuales se definen como sustancias que, al momento de tener contacto con el cuerpo, regulan el sistema inmune mediante la producción o la reducción de anticuerpos. Uno de los componentes que forman parte del grupo es el tocilizumab, un medicamento recomendado en pacientes con artritis reumatoide y que ha sido aprobado para el tratamiento de COVID-19 por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA). También se puede suministrar junto con corticoides únicamente para uso hospitalario, para pacientes en estado crítico con lesiones pulmonares extensas o con un cuadro grave.

Los antivirales, como su nombre lo dice, son fármacos utilizados para atacar específicamente al agente patógeno. Hay varios tipos de medicamentos dentro de esa categoría y uno de los que más auge ha tenido en torno a los tratamientos contra el coronavirus es el remdesivir. Un estudio publicado en mayo de 2020 por la Revista Nueva Inglaterra de Medicina (en inglés The New England Journal of Medicine), consistió en un análisis clínico con mil 59 pacientes adultos hospitalizados con un cuadro leve de infección respiratoria causada por el virus. En ese control, 538 pacientes fueron tratados con remdesivir y 521 con un placebo; los resultados obtenidos fueron benéficos en torno a la aplicación de esta sustancia.

A pesar de los beneficios y de ser uno de los tratamientos con más uso, la OMS no aconseja la aplicación a pacientes hospitalizados sin importar la gravedad del cuadro clínico. La premisa se basa en el ensayo clínico Solidarity (la muestra fue de 7 mil pacientes), el cual arrojó como resultado una baja efectividad en torno a la mejoría de los afectados. A pesar del comunicado, el remdesivir ha sido aprobado en 50 países, incluyendo Estados Unidos, Canadá, Japón, Brasil y México para uso como parte del tratamiento aconsejado.

Muchos tratamientos alternativos siguen en fase experimental, por lo que todavía no hay resultados contundentes sobre su eficacia. Foto: Behance / Yasmin Ayumi

POLÉMICAS EN FASE DE APROBACIÓN

Otra alternativa son los sueros hiperinmunes. Así como su nombre lo dice, es una solución elaborada a partir de anticuerpos policlonales, es decir, una mezcla entre varios anticuerpos producidos por distintas copias del linfocito B de un animal, en este caso, caballos, aunque también se utilizan otras especies como conejos, ratas, cabras, pollos y ovejas. El tratamiento se basa en la inmunoterapia y la propuesta fue desarrollada por el laboratorio argentino Inmunova junto con el Instituto Biológico Argentino (BIOL), mAbxience y Grupo Insud.

En el país rioplatense, el suero fue aprobado a finales de diciembre del año pasado y se recomienda su uso para pacientes con cuadros moderados a severos. Brasil ha invertido en el desarrollo de este fármaco, mismo que se encuentra en espera de autorización para realizar ensayos clínicos con humanos. A pesar del gran avance en la investigación del suero, aún no se tienen evidencias contundentes para la aprobación del remedio. El desenlace es incierto, pues por el momento no existen recomendaciones disponibles con bases sólidas y, además, la implementación de la dosis podría toparse con una barrera: los costos para el desarrollo del medicamento son muy elevados.

No sólo el suero hiperimune ha sido cuestionado, otros tratamientos como la ivermectina fueron puestos en duda por su eficacia. La polémica surgió porque el uso del medicamento es principalmente para controlar parásitos, como los piojos. A mediados de mayo de este año, la Agencia Digital de Innovación Pública de Ciudad de México, por medio de su titular José Antonio Peña Merino, informó resultados benéficos en torno a un estudio realizado a pacientes de COVID-19 a quienes se les aplicó ivermectina para combatir la enfermedad. Sin embargo, pocos días después de la publicación, el profesor Rodrigo Salazar Elena, investigador y coordinador del Laboratorio de Métodos de Flacso-México, explicó que los resultados mostrados en ese informe tenían varias irregularidades metodológicas, por ejemplo, basarse sólo en el factor de hospitalización cuando lo correcto es tomar en cuenta más variables.

Es normal que en el proceso de investigación sigan surgiendo polémicas en torno a la búsqueda de un tratamiento certero. La COVID-19 sorprendió con su llegada y no sólo al sector médico, sino que influyó en todas las áreas, como lo social, político, cultural y emocional. Sólo el tiempo determinará cuál de todos los tratamientos es el más eficaz, sin embargo, un paso gigante es la implementación de la vacuna. Ojalá los resultados de investigaciones futuras sean siempre benéficos y en pro de la humanidad.

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