A la orilla de la crónica de Vicente Alfonso
Nuestro mundo

A la orilla de la crónica de Vicente Alfonso

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Un comentario digno del libro A la orilla de la carretera, de Vicente Alfonso, sería el dilatado ensayo que aborde la alta calidad de su información, de sus ideas y de su prosa y la variedad temática, paradójicamente contenida en la unidad que sugiere el subtítulo de Crónicas desde Chilpancingo; aunque en mi lectura encuentro subtemas que, como las varillas de los castillos que arman los albañiles, cada una refuerza el conjunto. Sin embargo, me atrevo a pergeñar unas líneas que, claro, se referirán a una de las albañilescas varillas.

Antes conviene decir que Vicente Alfonso nació en Torreón Coahuila. Ha obtenido dos premios internacionales de novela y uno nacional de cuento. A la orilla de la carretera fue Premio Bellas Artes de Crónica Literaria Carlos Montemayor. Hace unos días conquistó el premio de novela “Elmer Mendoza”. Parte de su obra ha sido traducida a varios idiomas. Ha ganado otros premios y becas.

En una considerable cantidad de los textos de A la orilla de la carretera, los ojos avisados encontrarán el espíritu de otro escritor y uno de sus mayores libros: Carlos Montemayor y Guerra en el paraíso. Esta es una de las diversas líneas que dan unidad al libro. Si el lector carece de los referentes para detectarla, Vicente Alfonso se los va sembrando. Por ejemplo, en el tercer texto, bajo el sugerente título de “La guía Montemayor”, narra que va a cierta librería de Chilpancingo atraído por “una novela documental”. Es Guerra en el paraíso.

A veces son pocas palabras las que develan que el espíritu de Montemayor habita en Vicente Alfonso. Escribe: “Son tiempos donde la desconfianza florece con facilidad, pienso, mientras insisto con [Laura] Castellanos en el tema Montemayor.” Una insistencia que es comunidad. Ejemplo similar aparece cuando se entrevista con la escritora Marxitania Ortega. Escribe: “Aunque advierto que la conversación con Marxitania se aleja de Guerra en el paraíso, no intento reencauzarla […]” Estas palabras del autor torreonense implican que no quisiera haber dejado el tema de la novela de Montemayor.

El libro se sigue hilvanando con dos afanes de Vicente Alfonso: ubicar las fuentes militares donde bebió Carlos Montemayor para escribir su gran novela y cómo surgió en él la idea de escribirla. Lo primero fue sugerencia de Laura Castellanos; lo otro brotó desde que Juan Villoro le aconseja acomodar sus pasos sobre las huellas del chihuahuense. Villoro le dice: “Sería muy interesante que indagaras la forma en que un libro como Guerra en el paraíso fue posible.”

El cómo encontrará dos respuestas. Una se la proporciona Rogelio Ortega, amigo de Montemayor, quien le platica que “Carlitos” escuchó una conversación acerca de si Lucio Cabañas había muerto o seguía vivo. “Esa fue la clave, o una de las claves, que motivaron a Carlos. La otra era el compromiso de sus orígenes políticos e ideológicos, su vínculo con la guerrilla de Gámiz.”

La segunda versión es del reportero Juan Veledíaz, quien le informa a Vicente: “Es a partir de las pláticas [con el general Salvador Rangel Medina] como empieza a tomar forma Guerra en el paraíso. Montemayor tenía planes de hacer una novela sobre la guerrilla de Lucio Cabañas, pero no tenía las entradas, ni la historia, ni el desarrollo de la trama. Eso es lo que le da Rangel.”

Como dije, son muchas las varillas que sostienen el castillo de A la orilla de la carretera. El espacio se agota y ya sólo alcanza para decir que es un importante libro el de Vicente Alfonso y lo emparenta con el de Montemayor al decir: “creo identificar dos conceptos que emparientan estas crónicas: los conceptos de guerra y memoria, pues son las dos ideas que sostienen […] Guerra en el paraíso”. En su último párrafo reconoce que su volumen es un “tributo a Guerra en el paraíso”.

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