Simple Minds me mantiene vivito y coleando
Nuestro mundo

Simple Minds me mantiene vivito y coleando

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Me convertí en fan de Simple Minds por una canción. Luego me volví adicto. El operador de la estación llamada Radioactivo era el diyei. Dice Rulo David que Polo Tobón ponía el tema Hypnotised cuando algún locutor se demoraba en entrar al aire. La rolita me prendía. Y al igual que Jim Kerr, yo había sido hipnotizado. Pero yo no era inocente. Ni me quería defender, como dice la letra. Simple Minds era la banda fresa de Glasgow. Dicen algunas críticas que la agrupación ha pasado por géneros como el pospunk y new wave. Mentira. Son rockeros edulcorados. Pero soy adicto a sus melodías. Y en realidad me parece música para chavorruco fresón.

Para celebrar el cumpleaños del Yogui (compa de secundaria), lo invité a ver a Simple Minds en 2018. Sería la primera presentación de la banda en México. Obvio debíamos estar ahí. Yogui anhelaba cantar los temas freskis de la banda. Don't You (Forget About Me), Let There Be Love, Alive and Kicking. Pero no se logró. Su hija nacería durante la semana del concierto. Adelante, atiende a tu familia, le dije. De haber sabido le decía a alguien más, pensé. Fue pura mentira. Me quedé con las ganas de cantar en vivo Hipnotised. Puerca vida.

Yogui y yo nos habíamos conocido en el Instituto Metropolitano. Él era un oso guitarrista, yo un fanático del hipnotismo. Nos hicimos bróders después de rompernos la madre el primer día de clases. Derramamos sangre y saliva y sudor. Pero después pura melcochita compadrezca. Nos acoplamos con otros camaradas. También amantes de la música. Nadie dudaba que fuéramos a convertirnos en los cuatro fantásmicos. Así nos llamamos. El grupito duró unos meses. Una incipiente banda que hacía covers de Metallica. Pero yo deseaba tocar algunos temas de Simple Minds. Mi prioridad era convertirme en baterista. Nunca ambicioné otra cosa. Mi meta era tocar en Rockotitlán, como cualquier músico de la colonia Del Valle.

Simple Minds es música para jotos, me jodía Alex. Tenemos nueva compañera, le anunciaba a todo el grupo al entrar al salón. A mí me daba risa. Y no todo eran burlas. Gabriel se acercaba a mí durante recreo y me confesaba que Simple Minds era el grupo favorito de su hermano mayor. Días después me obsequió un caset grabado con varias canciones de la banda. En la caja decía Alive and Kicking. Esa canción es la favorita de mi hermano, me dijo. ¿Sabías que trabaja en WFM?, comentó. Las únicas estaciones de radio que yo escuchaba en aquellos años eran dos: Radioactivo y WFM. Pero era como tener gustos polarizados. Algo así como Guns N' Roses y Metallica. Sabías que eran del mismo barrio pero en la cancha se daban con todo.

Hasta ahora sigo oyendo a Simple Minds, pero con más intensidad. Incluso en las estadísticas que arroja Spotify aparece como una de las más frecuentes en mi cuenta. Y en mi bio de Instagram publiqué como frase Alive and Kicking, que para mí la traducción idónea sería "Vivito y Coleando". Así me sentí después de haber superado quince días bajo el yugo del covid. Fueron momentos críticos. De miedo. Mucho malestar, como saben. Pero por fortuna la libré. Aquí estoy. Y sigo vivo y coleando mientras escribo estas líneas y escucho de fondo el álbum en vivo de Simple Minds. Live in the City of Angels. Mientras estoy en la oficina pienso en que ojalá vuelvan a México, porque la pandemia debe terminar en algún momento y entonces invitaré otra vez al viejo oso Yogui.

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