Terapia genética
Ciencia

Terapia genética

Los virus al rescate

En mayo de 2021, después de permanecer prácticamente ciego durante toda su vida, un hombre francés de 58 años logró recuperar parcialmente la vista. Desde hace cuatro décadas se le había diagnosticado retinosis pigmentaria, una enfermedad neurodegenerativa donde se destruyen las células sensibles a la luz y que provoca ceguera total. El tratamiento: una inyección con un adenovirus en uno de sus ojos, o en otras palabras, una especie de virus portador de una proteína fotosensible procedente de un alga. Para complementar la eficacia de la solución, se utilizaron gafas especiales para que el paciente pudiera reconocer los objetos en frente de él.

Hasta el momento es el primer caso registrado de recuperación parcial de la visión. La llamada terapia optogenética fue la herramienta con la cual el afectado logró recuperar parte de su vista. La técnica consiste en la manipulación de proteínas microbianas fotosensibles y células a través de la luz. El método en sí deriva de la terapia genética, la cual, como su nombre lo dice, consiste en recibir un tratamiento basado en la modificación del código genético. Hablando del caso del hombre francés, la enfermedad que le producía la ceguera era una mutación de 71 genes diferentes, por lo tanto, la raíz del problema radicaba en el ADN. Aunque desde la década de los 70 se viene planteando e investigando sobre la terapia genética, lo cierto es que con los avances de la ciencia posmoderna, es posible acercarse al objetivo principal del tratamiento.

¿LOS HÉROES SON LOS VIRUS?

La terapia genética es una propuesta que aún se encuentra en fase de experimentación y consiste en la transferencia de código genético a las células del paciente para curar enfermedades. Específicamente, se trata de modificar la información genética de las células que causan el malestar y, para lograrlo, se utilizan vectores virales, con los cuales se aprovechan sus características biológicas, las cuales permiten el fácil transporte de material genético. Al hablar de vectores virales, se hace referencia a distintos tipos de virus modificados, es decir, se utilizan esta clase de microorganismos como portadores del remedio.

Las enfermedades genéticas y hereditarias son los principales objetivos de la terapia. Los virus se utilizan para interponer a las células diana, también llamadas células blanco. En definición, son cualquier tipo de célula donde una hormona se une a su receptor, y así genera una respuesta bioquímica o fisiológica.

Actualmente se investigan diferentes virus cuyas propiedades matienen la expresión permanente o temporal del transgen. Dentro de la lista se incluyen principalmente los recombinantes, mismos que tienen dentro de su familia a los adenovirus, adeno-asociados y los retrovirus. La elección del vector depende del uso y la eficiencia según las necesidades del tratamiento.

Los virus recombinantes se pueden presentar tanto de forma natural, como combinados. Esta clase posee líneas celulares modificadas con la propiedad de ensamblar más virus y de esa forma producir partículas virales. Estas partículas son las que contienen el gen requerido y una vez ya codificado el gen en las proteínas virales, transfiere la información a una célula diana. Al proceso se le llama transfectar, es decir, infectar y transmitir su ADN a una célula. Esta clase de virus son los más eficientes en el proceso de la transgénesis.

Los adenovirus, por su parte, son una especie de virus que genera infecciones respiratorias y conjuntivales; incluso se aislaron por primera vez en amígdalas. Normalmente su uso es in vivo, o sea, se aplican directamente a las células. Su ventaja es que también pueden infectar a células que no se encuentren en fase de división. Además, estos microorganismos tienen grandes cantidades de producto genético. Los adenovirus también son estables sin estar necesariamente integrados a una célula diana.

Foto: Behance/ Vigg Illustration

Los adeno-asociados (también conocidos como AAV), son una clase de virus constituidos por una cadena de ADN sencilla y requieren de otros adenovirus o de virus herpes. Los AAV no son patógenos, además de ser los más solicitados dentro de la terapia genética porque tienen una larga respuesta de trasgene en diferentes tipos de tejidos, por ejemplo, el hígado, músculo, retina y el sistema nervioso central. El problema de este tipo de virus es que hay una inmunidad preexistente en los seres humanos, ello puede ocasionar algunos estragos.

Cuando se habla de retrovirus se hace referencia a los causantes de enfermedades como el cáncer o el SIDA, sin embargo, es el más eficiente para utilizarse en experimentos con terapia genética: tienen una alta estabilidad, tanto funcional como estructural. La única desventaja es que su función se limita sólo a células con división activa.

¿QUÉ PASARÁ EN UN FUTURO?

En Chile, en el 2020, un grupo de investigadores patentó avances de su trabajo; de esa forma pudo brindar la licencia a una empresa belga de biotecnología para seguir desarrollando estudios clínicos en humanos. Los científicos estuvieron investigando durante diez años enfermedades neurodegenerativas, como el parkinson, alzheimer o la esclerosis lateral amiotrófica.

Este es el primer caso de transferencia de conocimiento científico en contra de enfermedades neurodegenerativas derivadas de una patente. La propuesta estuvo financiada por múltiples proyectos Fondef y por fundaciones internacionales, como la Michael J. Fox y la ALS Therapy Alliance de Estados Unidos. Rosario Villegas, directora de Innovación BNI, detalló el objetivo final de cualquier innovación en biotecnología: la ciencia básica debe llegar a una terapia.

Aunque el hecho acarrea múltiples beneficios, la acción de patentar diversos métodos o tecnologías de terapia genética, es uno de los dilemas éticos que se planteano en torno al método aún en fase de experimentación. La cuestión es compleja: por una parte, la inversión privada es uno de los principales motores de financiamiento para incentivar investigaciones; pero a su vez, patentar procedimientos o genes supone una barrera en cuanto a la distribución del tratamiento.

Otra cuestión ética que se plantea es la etapa de intervención. Es decir, no implicaría el mismo conflicto ético el hecho de intervenir a un paciente en edad, que a uno durante el proceso de gestación. Si un paciente es tratado con la terapia, no podrá heredar el nuevo código proporcionado. Pero, si se realiza una intervención desde la concepción, aunque pueda representar una causa benéfica, como la restauración de un gen de una enfermedad neurodegenerativa, también se puede utilizar para otro tipo de fines no tan favorables para los progenitores o, en este caso, para el futuro individuo.

Es importante recalcar que la terapia genética sigue siendo un método experimental y todavía no alcanza a ser una realidad común. Hasta el momento, ha tenido pocos resultados benéficos, sin embargo, no cabe duda que la ciencia también tiene ciertas fronteras delimitadas por la ética. Tal vez en esta época aún no se presente, pero la terapia genética se puede fragmentar en dilemas éticos que en un futuro podrían tener complicaciones sociales. Al final de cuentas, el tiempo, los avances y la evolución de la humanidad, tendrán la última palabra.

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