Fuego cruzado
Reportaje

Fuego cruzado

La epidemia de armas en Estados Unidos

Estados Unidos, el “imperio de la libertad” y el hogar que se vislumbra de la felicidad, está inmerso en una “epidemia” de armas de fuego, que de acuerdo con la organización sin fines de lucro Gun Violence Archive (Archivo de la violencia armada, por su traducción del inglés) ha cobrado la vida de 19 mil 423 personas del primero de enero al 11 de junio de este 2021.

Desde que se registró la primera muerte por causa de la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, en Estados Unidos el primero de marzo de 2020, la venta de armamento ha ido en aumento.

Durante ese año, la crisis económica y los confinamientos para evitar la propagación de la enfermedad provocaron una psicosis colectiva que llevó al país de las barras y las estrellas a registrar su mayor número de muertes relacionadas con la violencia armada, al contabilizarse un aproximado de 19 mil 300 decesos durante los dos primeros trimestres del año (cifra superada tras seis meses del 2021), un incremento del 25 por ciento con relación al 2019, según un informe de la Organización No Gubernamental (ONG) Everytown, esto pese a que los datos de ese año no se encuentran aún disponibles tanto en ONGs o por parte del gobierno estadounidense.

De acuerdo con Everytown, se prevé que la violencia armada en 2020 haya cobrado la vida de al menos 40 mil estadounidenses, lo que equivaldría a un aproximado de 12.3 muertes por armas de fuego entre cada 100 mil habitantes. Esta cifra se traduciría como la mayor en las últimas dos décadas y, posiblemente, de acuerdo con cifras de Gun Violence Archive, podría superarse.

La pandemia de COVID-19 a su vez provoca que los controles para la compra de armamento sean más laxos, permitiendo que las mismas terminen en manos de personas no aptas que vulneran la seguridad de las comunidades.

Las regulaciones, de acuerdo con las leyes de Estados Unidos, señalan que para la adquisición de armamento se debe tener la edad requerida, la cual es de 18 años en la mayoría de los estados de la Unión, y pasar un examen de antecedentes penales, mismo que en algunas entidades no es requerido. No obstante, cabe recalcar que las leyes federales son más estrictas en cuanto a la compra de armas cortas que de fusiles, puesto que en el país, la edad mínima requerida para adquirirlas es de 21 años, al igual que para comprar bebidas alcohólicas en todo el país. Al menos cuatro estados de la Unión Americana tienen como edad mínima requerida para la compra de un rifle los 14 o los 16 años.

Lindsay Nichols, directora de Políticas Federales del Centro Legal Giffords para la Prevención de la Violencia Armada (Giffords Law Center en inglés), destacó que las leyes que facilitan comprar fusiles sobre armas cortas existen porque fueron redactadas cuando los rifles de estilo militar tenían una menor popularidad y los adolescentes compraban armas largas para cazar.

Acusó que las leyes “son anticuadas y se tienen que actualizar”, subrayando de igual forma que “endurecer las restricciones de edad para comprar armas es algo fácil de hacer, y podría tener un impacto significativo en algunos tipos de violencia con armas de fuego”.

Foto: Behance/ Stuart McReath

Como comparativa, según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), dependiente del Departamento de Salud federal, elevar la edad legal para comprar bebidas alcohólicas a 21 años ha salvado vidas. Una investigación concluyó que los estados que llevaron a 21 años la edad legal para beber vieron una reducción del 16 por ciento en los accidentes de tránsito.

Por su parte, si bien los fusiles tipo AR-15 se convirtieron en el arma elegida en la mayoría de las matanzas recientes de Estados Unidos, estos artefactos de estilo militar siguen siendo poco utilizados en los hechos de violencia cotidiana. Entre 2010 y 2014, sólo el 3.5 por ciento de los asesinatos con armas de fuego se llevaron a cabo con algún tipo de rifle, según un análisis de datos del Buró Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés). La mayoría de los homicidios con armas de fuego se siguen cometiendo con armas cortas.

En cuanto a los datos del FBI del 2015 al 2019 contabilizan un total 58 mil 335 muertes oficiales en el mencionado periodo, siendo el 2016 el año con mayor número de defunciones a causa de la violencia armada con 15 mil 355 casos confirmados, cifra distante de las expuestas por las ONG Gun Violence Archive, Everytown y Gifford’s Law Center; cabe señalar que de ese total, de acuerdo con el Buró Federal de Investigación, en ese mismo periodo las armas empleadas en los casos registrados fueron de 51 mil 258, donde las cortas fueron las mayormente empleadas.

Lyndsay Nichols detalla que la relajada restricción al armamento tipo militar también está ligada a que las leyes previeron que hay una mayor asociación de las armas cortas con el crimen callejero, puesto que, entre otras cosas, “las pistolas son más fáciles de ocultar y transportar, por lo que se suponía que los rifles no serían utilizados para estos fines”.

LA CULTURA QUE VE A SU PROPIA GENTE MORIR

Gun Violence Archive informa que en el periodo de enero al 11 de junio de este 2021, se habían perpetrado al menos 262 tiroteos masivos, de los cuales 15 terminaron con asesinatos colectivos.

Sin embargo, los tiroteos masivos no forman parte de la historia reciente de Estados Unidos, pues cabe señalar que el país cuenta con menos del cinco por ciento de la población mundial, pero con el 31 por ciento de los atacantes en tiroteos masivos en todo el mundo, de acuerdo a un estudio de la Universidad de Alabama publicado en 2016.

En cuanto al total de armas, los estadounidenses cuentan con el 48 por ciento de las 650 millones de las mismas en manos civiles, de acuerdo con la base de datos del Congreso de Estados Unidos y de Small Arms Survey, una organización sin fines de lucro con sede en Suiza. Según esta última, la cantidad de armas de fuego de civiles probablemente ha aumentado desde 2007.

El acceso a armas cortas es más restringido porque son las más usadas en el crimen callejero, aunque los rifles son los más utilzados en tiroteos masivos. Foto: Behance/ Shun Izumi

Para dimensionar las cifras, en 2017, Stephen Paddock de 64 años disparó contra los asistentes del Harvest Music Festival en Las Vegas, Nevada, asesinando a un total de 58 personas e hiriendo a más de 500. El ataque que se perpetró desde la ventana del piso 32 del hotel Mandalay Bay Resort & Casino ante una multitud de 22 mil asistentes al festival es considerada la peor masacre en la historia moderna de Estados Unidos.

Un año antes, en 2016, Omar Mir Seddique Mateen perpetró la masacre del club LGBT+ Pulse, en Orlando, Florida, que dejó 49 personas muertas y 53 heridas. En 2012, Adam Lanza inició una matanza en Newtown, Connecticut, asesinado a su madre antes de acabar con la vida de 26 estudiantes y personal de la escuela primaria Sandy Hook. En 2007, 32 personas murieron en la masacre de Virginia Tech.

Las muertes relacionadas con armas ocurren en circunstancias trágicas alrededor de todo el país a diario, y es que de acuerdo con la organización con sede en Suiza, en Estados Unidos hay un promedio de 89 armas por cada 100 personas, muy por encima de Yemen con 55, Suiza con 46 y Finlandia con 45.

Esto se puede traducir en que al menos cuatro de cada 10 estadounidenses posee un arma debidamente registrada de acuerdo con el Centro de Investigaciones Pew publicado en 2017.

Según Small Arms Survey, es imposible identificar el número exacto de armas de fuego propiedad de civiles, debido a una variedad de factores, incluidas las armas que no se registran, el comercio ilegal y el conflicto mundial.

Esta es la situación de las llamadas armas fantasma, las cuales se caracterizan, entre diversos factores, por no contar con un número de registro, lo que imposibilita su rastreo por parte de autoridades estadounidenses y, a su vez, son adquiridas evadiendo los ya relajados filtros legales.

Su nombre deriva precisamente de esa característica, y para obtener una, basta con buscar en Internet los kits con las diferentes piezas y herramientas para su ensamblaje.

Cabe señalar que es la forma más fácil de adquirir armas para los menores de edad, así como para gente no apta para comprar un arma de fuego. De acuerdo a la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, son “legales”, siempre y cuando estén destinadas para uso personal.

El Centro Legal Giffords señala en un informe que la popularidad de estas armas ha ido en aumento con el paso de los años, no obstante, cuando comenzaron a comercializarse eran adquiridas principalmente por aficionados con mucho tiempo libre y rara vez aparecían en la escena de un crimen.

El tiroteo en el Harvest Music Festival en Las Vegas ha sido el peor de la historia moderna de Estados Unidos. Foto: Gettyimages/ Stephen Paddock Las Vegas

Una medida frecuente de su aumento en la escena estadounidense son los cada vez más usuales decomisos realizados por las autoridades hacia personas que, generalmente, no pasarían los controles en una armería.

De acuerdo con The Trace, una organización sin fines de lucro y periodismo dedicado a la violencia armada en Estados Unidos, tan sólo en el estado de California, en 2019, el 30 por ciento de las armas decomisadas carecían de un número de serie. Otro informe realizado por la televisora KABC-TV cifró en un 40 por ciento el total de las armas sin registro con las que las autoridades lidiaron durante el mismo periodo pero en 2020.

Estadísticas del Centro para el Progreso Americano (Center for American Progress, en inglés), registra que las armas fantasmas han sido utilizadas en diversas masacres y tiroteos masivos. En 2020, un hombre al que se le prohibió la posesión de armas mató a dos personas en Pensilvania con una pistola casera de nueve milímetros.

En noviembre de 2019, un joven de 16 años disparó a cinco de sus compañeros de clase, ataque en el que dos de ellos murieron, en Saugus High School, California, con una pistola casera, antes de dispararse a sí mismo. También en ese año, pero en agosto, un hombre usó un kit de arma casera para construir una calibre .223 con la que disparó 41 tiros en 32 segundos en un bar en Dayton, Ohio. 11 personas murieron y otras 15 resultaron heridas

Dos años atrás, en 2017, un hombre que residía en el norte de California y que tenía prohibido poseer armas de fuego ordenó kits para fabricar rifles de estilo AR-15. El 13 de noviembre inició una serie de tiroteos en los que asesinó a varias personas, incluida su esposa, y dejó casi una decena de heridos.

Investigaciones del Centro Legal Giffords indican que este tipo de armamento también podría estar fabricado con plásticos o elementos provenientes de impresoras 3D, mientras que los tutoriales para su ensamblado proliferan en toda la red.

En Estados Unidos, por ley, los fabricantes e importadores de armamento deben colocar el número de serie en el arma de fuego para que se pueda identificar su origen, modelo, marca y calibre; en caso de una emergencia, las autoridades pueden rastrearlas hasta su primer comprador.

No obstante, esto no es requerido con las armas fantasma. Según Brady, organización contra la violencia con armas de fuego en la Unión Americana, esto se debe a que estas se fabrican con piezas que “no están técnicamente terminadas”, y que requieren pasos adicionales previo a que puedan hacer de una pistola o rifle, un artefacto funcional.

La ATF ha interpretado como un arma de fuego todo artefacto que está listo para su uso, lo que se traduce en que aquellas que no están técnicamente terminadas o que requieren algunos pasos adicionales antes de que puedan usarse, no están sujetas a estos requisitos legales. Amparados en ese vacío legal, los vendedores consideran que no están ofreciendo un "arma real", sino partes, o que no se trata de un "arma terminada",.

Actualmente es posible conseguir el modelo 3D de armas funcionales para imprimirlas desde casa. No hay una regulación adecuada para ello

Agencias federales estadounidenses denuncian los riesgos que implica este tipo de armamento, no sólo en la Unión Americana, puesto que temen que podría volverse un tema regional. En 2013 Michael Yarbrough, un hombre de Corpus Christi, Texas, fue sentenciado a 10 años de cárcel por comprar más de 900 kits de repuestos y receptores de armas de fuego y vender algunas de las que armó, del tipo AK-47, para transportarlas a México.

Fuera de la región norteamericana, en Centroamérica, El Salvador presenta la mayoría de homicidios con armas de fuego del mundo (excluyendo a las zonas con guerras en curso), con más de 90 personas asesinadas por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con Small Arms Survey.

Entre 2010 y 2015, Honduras registró los promedios más altos de homicidios relacionados con armas de fuego: 67 de cada 100 mil personas. Venezuela y El Salvador están muy cerca en ese mismo período de cinco años, con 52 y 49 muertes relacionadas con armas de fuego, respectivamente, por cada 100 mil habitantes.

Ante las cifras de tiroteos masivos y reportes de organizaciones no gubernamentales se presumiría que Estados Unidos estaría entre los países con mayores incidentes relacionados con armas de fuego en todo el mundo (excluyendo las zonas de conflicto armado); no obstante, las agencias de seguridad de Estados Unidos no están obligadas a informar a la Policía sobre asesinatos cometidos con armas. A menudo, tales incidentes se registran como “homicidios justificables” y pueden o no estar incluidos en las estadísticas oficiales de homicidios, según Small Arms Survey.

FRENAR LA ‘EPIDEMIA’ DE VIOLENCIA: EL PLAN BIDEN

El presidente de Estados Unidos, el demócrata Joe Biden, anunció el 8 de abril de este año que había llegado la hora de frenar la “epidemia” de violencia generada por las armas de fuego, misma que calificó como una “vergüenza nacional”.

El mandatario lanzó un paquete de medidas que, entre otras cosas, pretende endurecer el control de la venta de lotes para la fabricación de armas caseras. Esta propuesta de legislación surgió en momentos en que la Casa Blanca y los demócratas en el Congreso buscaban hacer lo mismo, pero con las armas de asalto o alto calibre.

Los intereses partidistas entre republicanos y demócratas han impedido que en el Congreso se lleven a cabo medidas que endurezcan los controles, sin embargo el presidente no parece dispuesto a forzar el cambio de manera unilateral. A pesar de esto, ante la inactividad del Congreso que se niega a legislar sobre el control armamentístico, el mandatario anunció una serie de acciones ejecutivas dirigidas hacia problemas concretos.

Los intereses divididos entre demócratas y republicanos han impedido que avancen las leyes de regulación de armas en el Congreso. Foto: Behance/ Stuart McReath

Las acciones ejecutivas son diferentes de las órdenes ejecutivas; estas últimas se publican en el conocido como Registro Federal, son de obligado cumplimiento y dan a los presidentes el poder de dictar directivas de forma unilateral. Las acciones ejecutivas, sin embargo, son una llamada de atención de la Casa Blanca sobre un problema para que se pase a la acción.

Entre los decretos figuran los controles para las armas fantasmas. El Departamento de Justicia será el encargado de la tarea; asimismo la Casa Blanca pidió a esa dependencia establecer un modelo de “bandera roja”, cuyo objetivo es permitir a los familiares o a las fuerzas del orden solicitar una orden judicial que prohíba, temporalmente, el acceso a las armas de fuego a las personas en situación de crisis si representan un peligro para ellas mismas o para los demás.

De igual forma, declaró el incremento en la financiación de las iniciativas destinadas a reducir la violencia urbana en Estados Unidos, con una dotación para diversos programas por valor de cinco mil millones de dólares para los próximos ocho años.

A las acciones se suma la nominación del presidente de David Chipman para dirigir la ATF, un veterano exagente de esa agencia que en los últimos años ha defendido desde el sector privado mayores controles sobre las armas.

Su confirmación permanece estancada desde abril en el Senado, y su caso se podría sumar a la división partidista que ha provocado que, desde 2006, fecha desde que se necesita la aprobación de la Cámara alta para esta agencia, las gestiones de directores estén pendientes de confirmación.

Como antecedente, el expresidente Barack Obama (de quien Joe Biden sirvió como vicepresidente) propuso a Byron Todd Jones en 2011 para el puesto y no fue ratificado por el Senado estadounidense hasta 2013, por lo que durante ese periodo ejerció sin confirmación. Desde que dejó el cargo, en 2015, sus dos sucesores tampoco han sido confirmados.

Como parte de sus promesas de campaña, el demócrata también busca que se vuelva a implementar una ley federal que estuvo vigente entre 1994 y 2004, la cual prohibió la venta de armas de asalto y cartuchos o municiones de alto calibre.

La iniciativa no fue mencionada por Biden hasta marzo de este año cuando en Boulder, Colorado, Ahmad Al Aliwi Alissa, de 21 años de edad, abrió fuego en un supermercado y asesinó a 10 personas. En aquella ocasión, Biden instó al Congreso a actuar para aprobar una legislación sobre el control de armas que prohíba los rifles de asalto. El 23 de marzo, por segunda vez en una semana, el mandatario ordenó que las banderas ondearan a media asta en los edificios federales.

Foto: Behance/ Sébastien Thibault

El demócrata ha dejado claro que busca que el Congreso apruebe leyes que requieran verificaciones estrictas de antecedentes para todas las ventas de armas y que se prohíba la adquisición civil de los rifles de asalto y armamento de alta capacidad. Pero la cuestión es cómo y en qué medida el Senado, dividido entre 50 demócratas y 50 republicanos, puede aprobar reformas legales que exijan 60 apoyos, una mayoría reforzada.

Tras la matanza de Boulder, el líder demócrata en el Senado, Chuck Summer, se pronunció en el mismo sentido que Joe Biden sobre el control de armas, al puntualizar que se requiere una legislación que regule el armamento en la población civil.

LA DEFENSA DE LA POBLACIÓN ARMADA’

Pese a estos intentos demócratas de frenar el incremento de armas en manos de residentes estadounidenses, hubo dos escenarios que ayudaron a la industria armamentística a marcar un récord de ventas durante enero: el asalto del 6 de enero al Capitolio y la toma de posesión del presidente Joe Biden.

Los comerciantes de armas vendieron más de dos millones de armas de fuego en Estados Unidos durante enero de este año. Esto representa un aumento del 75 por ciento sobre los 1.2 millones de armas que se comercializaron en ese mismo periodo del 2020, de acuerdo a cifras de la Federación Nacional de Deportes de Tiro (NSSF, por sus siglas en inglés), un grupo de comercio en la industria de armas de fuego.

Según cifras oficiales del FBI, el Buró de Investigación realizó 4.3 millones de verificaciones de antecedentes penales en enero, una cifra récord, y se estima que, de continuar a este ritmo, la agencia completaría más de 50 millones de verificaciones de antecedentes relacionados con armas para finales de año en Estados Unidos.

De acuerdo al registro, sólo hay otros tres meses en los que hubo una mayor cantidad de verificaciones de antecedentes de armas del FBI. Primero está enero de 2013, cuando Barack Obama asumió su segundo mandato tras la masacre de la escuela primaria Sandy Hook en 2012, y a esta fecha le siguen junio y julio del 2020, luego del asesinato del afromaericano George Floyd a manos del hoy expolicía Derek Chauvin en Minneapolis, Minnesota.

Estos aumentos no son inusuales cuando algún candidato demócrata gana la presidencia estadounidense, el ejemplo más cercano son los dos periodos de Barack Obama. No obstante, para Mark Oliva, portavoz de la NSSF, la retórica de la campaña del presidente Joe Biden en 2020 que busca prohibir los rifles AR-15 y exigir que sean registrados para cumplir con la Ley Nacional de Armas de Fuego, dejó a algunos propietarios con mayor temor de que su capacidad para comprar armas y municiones se vea reducida en un periodo corto. Esto está fuertemente ligado con la insurrección del 6 de enero, hecho que provocó que las acciones en la Bolsa de Valores de Wall Street subieran para Smith & Wesson y Sturm Ruger.

Tras el asesinato de George Floyd a manos de un policía, el FBI aumentó sus verificaciones de antecedentes penales relacionados con armas de fuego. Foto: urgente24.com>

De acuerdo con la portavoz de la NSSF, se espera que los intentos continuos de aumentar el control de armas provoquen un alza significativa en las ventas de estas bajo la administración Biden.

Si bien industrias como la farmacéutica, la defensa o finanzas suelen aportar más a candidatos federales, los grupos de “un sólo tema” no se basan en ese principio, pues para estas agrupaciones no se trata tanto de gastar y desbordar otros poderes de la industria sino de cómo se comparan con la otra parte: aquellos que defienden la posición opuesta.

Tal es el caso de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), la mayor organización civil estadounidense que defiende los derechos de la portación de armas de fuego en los 50 estados de la Unión, quienes con esa medida, junto a sus aliados han dominado durante años el tema político de las armas.

Este poder fáctico se debe a que grupos de derechos para la portación de armas, como la NRA, hicieron durante las elecciones para el Senado estadounidense de 2018, casi 600 mil dólares en contribuciones directas y gastos independientes a nombre de los candidatos al Congreso, mientras que los que buscan control apenas si recaudaron 14 mil dólares. Al destinar apoyo financiero principalmente a grupos republicanos, la NRA se ha dotado de fuerza electoral.

Entre los actuales 535 legisladores en el Congreso, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, 307 han recibido contribuciones de campaña directas de la NRA y sus afiliados o se han beneficiado de los gastos de las Asociaciones Nacionales Republicanas independientes, como la publicidad que respalda sus campañas.

Para realizar estas acciones que les benefician políticamente, la NRA cuenta con una solvencia financiera proveniente de las donaciones que recibe de la industria de armamentos y otros contribuyentes, la membresía que pagan los que pertenecen a la organización, así como su capacidad de financiamiento para el gasto político, publicitario y de entretenimiento.

Como datos previos al periodo electoral del 2018, el presupuesto anual de la Asociación Nacional del Rifle ascendió de 343 millones a 375 millones de dólares de 2015 a 2016 (año de elecciones presidenciales).

Ese poder financiero también se ve reflejado en el número de miembros que acoge la NRA, el cual se estima entre los cinco millones y aprovecha su alcance a nivel nacional para promover diversas actividades relacionadas con el uso de armas de fuego. Sin embargo, David Chipman asegura que la organización actúa en favor de la industria de armamentos y de sus principales donantes, más no por los 45 dólares anuales que cobra de membresía.

Foto: Behance_Shauna Fannin

En las elecciones del 2018 al Senado, destacó que la asociación llevó a cabo donaciones iguales o inferiores a los 50 dólares, muy por debajo de los cinco mil dólares permitidos.

La NRA acostumbra a contribuir públicamente con montos por debajo de los límites establecidos por las leyes, pero organizaciones afiliadas están asociadas a otras donaciones que no se publican y que han sido utilizadas en causas políticas, principalmente para frenar las legislaciones en pro del control de armas.

La asociación se opone a la mayoría de las propuestas para fortalecer las regulaciones sobre armas de fuego y está detrás de los esfuerzos a nivel federal y estatal para revertir muchas restricciones existentes sobre la posesión de armas.

Tan sólo en las presidenciales del 2016, la NRA gastó cuatro millones de dólares en cabildeo y en contribuciones directas a políticos, así como más de 50 millones en campañas políticas, incluidos aproximadamente 30 millones para ayudar a elegir al expresidente Donald Trump.

Más allá de los números, la NRA es conocida en Washington como una fuerza política capaz de encumbrar o derribar incluso a los políticos más poderosos.

Actualmente la estrategia de la NRA y los políticos a favor de las armas es esperar que el interés público en reforzar el control disminuya y la atención se desvíe a otros temas, sin embargo la creciente ola de tiroteos masivos en zonas públicas ha evitado que esto suceda.

El debate estadounidense ha estado envuelto de polémica debido a las 27 palabras (en el texto en inglés) de la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos, la cual decreta, según su traducción de los Archivos Nacionales, “siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado Libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas”.

Pese a ello, activistas del control de armas señalan a la cláusula introductoria como evidencia de que la enmienda estaba destinada a crear una milicia "bien regulada". En 2008 un tribunal federal concluyó que la Segunda Enmienda garantiza un amplio derecho a la posesión de armas de fuego y que se prohíbe la imposición de requisitos estrictos de registro de armas personales, tales como las que busca implementar la Administración Biden.

Desde entonces, los tribunales inferiores han tenido que considerar demandas contra las prohibiciones de armas de asalto, contra los requisitos de registro y contra las prohibiciones de portación visible que han sido impuestas por algunos estados.

Por su parte, el Tribunal Supremo ha dictaminado dos veces en los últimos años que el derecho a poseer armas personales está consagrado en la Constitución, por lo que el debate se mantendrá.

Comentarios