Paternidad
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Paternidad

Un filme que deconstruye el rol

La crianza de los hijos está relacionada con la cultura. Dentro de la sociedad se tiene una función firme sobre los roles de la madre y el padre. Ser papá es complicado. Lo es más cuando ese concepto tradicional de paternidad se desorganiza . Los tiempos van en continuo cambio y gracias a ello, poco a poco el paternaje se ha ido reivindicando de manera profunda en la cosmovisión popular. Ante las nuevas exigencias, modalidades, prácticas y estilos de vida de la posmodernidad, los roles paternos se transforman en unos nuevos. La crianza masculina se va acercando cada vez más dentro de la vida de los descendientes.

Paternidad es una cinta estrenada a través de la plataforma de Netflix a sólo unos días del festejo del día del padre. Dirigida por Paul Weitz, la película relata la vida de Matthew Logelin, un hombre quien perdió a su esposa mientras ella se encontraba en labor de parto y cómo, a través de los años, aprendió y superó los obstáculos de la crianza de su hija, Maddy. El filme rastrea con delicada precisión aspectos de la convivencia padre e hija. Las críticas, la falta de fe, la ayuda transformada en obstáculo y la relaciones sociales como el trabajo y la familia, son parte del desfile de la paternidad. Dentro de esa algarabía, se pone en duda lo que verdaderamente implica ser padre, así como sus formas y métodos para llevarlo a cabo.

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En cuestiones técnicas, la cinta posee una estética agradable. Los colores van de la mano con los cambios argumentales. Al principio se muestra la desgracia a través de tonalidades frías, con matices de azul, negro, blanco y beige. Después, cuando la situación comienza a clarificarse, los escenarios comparten una coloratura cálida, a través del rojo, amarillo y naranja. En la obra se distinguen dos partes: la paternidad cuando Maddy es una recién nacida, donde se mezclan otras situaciones como el duelo; y la relación padre e hija durante la infancia de ella. A pesar de la profundidad de los argumentos, también hay escenas cómicas y chuscas. El guion es ágil y permite al espectador disfrutar de la narrativa en tercera persona.

La muerte marca el destino de Matt. Debe lidiar con un duelo y a la vez con una crianza en solitario. Sus amigos y familiares tratan de consolarlo, pero a la vez se encuentran preocupados por el bienestar de la niña. Entre las personas más consternadas, están la madre de él y su suegra. Ambas juegan un papel determinante y hacen reflexionar a la audiencia sobre los hechos, ellas dudan de las capacidades del personaje principal para educar a la bebé. La razón es una cuestión cultural, Matt es un hombre proveedor y aún es difícil ver una paternidad en un rol polifacético o diferente a lo tradicional. Ese sentimiento de duda también lo comparte su círculo de amistades más cercanas, ellos cuestionan las habilidades de crianza de su amigo.

El hombre decide ir contracorriente. Sabe que es un terreno montañoso y de difícil acceso y lo es más porque él no tuvo un modelo paterno cuando era niño. Por lo tanto, en un principio su suegro es quien funge como mentor. Se puede apreciar un paternaje heredado. Su familiar le explica el posible panorama al cual tendrá que enfrentarse. El ser padre también constituye la creación de una red de apoyo, tanto de amigos, familiares y otras personas cuya situación es la misma. Las abuelas, en este caso, son el soporte principal. Las dos respetan la decisión de Matt sobre criar en solitario a su bebé, pero nunca se deslindan de esa responsabilidad.

El área de trabajo no es la excepción. Aunque el jefe de la compañía donde Matt labora no comprende por completo la situación de su empleado, le tiene cierta consideración. El ámbito laboral se cruza con las tareas y responsabilidades de la casa. Para el personaje principal es complicado deslindarse de uno sólo, si no hay trabajo, no hay ingreso en el hogar. Algunas de las opciones es llevarse a Maddy a la oficina, pero a pesar del buen recibimiento de sus compañeros, no es un lugar apto para una bebé. Al ser un largometraje reciente, la película trata de plasmar la situación actual de los retos de la paternidad. Uno de ellos es la separación de la fuente de ingresos con los deberes y muchas de las veces, el trabajo aún no tiene muchas opciones viables ni flexibilidades para otorgar licencias de paternidad.

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En la obra se muestra una Maddy más grande. Aún es una niña pero ya dejó de ser bebé. Las responsabilidades cambian y también se fortalece la interacción padre e hija. Se ve una relación sólida. La pequeña tiene un papel activo dentro de la vida del personaje principal, convive con sus abuelos y los amigos del padre. Matt no le guarda secretos a su hija. En ese periodo, después de muchos años de la muerte de su esposa, el hombre se permite la posibilidad de encontrar otra pareja. La niña lo sabe y aunque no lo comprenda del todo, no se le oculta nada.

Salir con otra mujer no es una forma de abandono del padre hacia la Maddy, sino una unión. Representa el reencuentro y aceptación del pasado, pero al momento de iniciar ese proceso, comienza uno de ruptura. El quiebre de un orden establecido obliga a Matt a tomar decisiones en torno a su trabajo, su vida sentimental y por ende, la forma en cómo criar a su hija. De ahí surge las incógnitas, ¿Cómo poder balancear la vida laboral y sentimental con las responsabilidades de ser padre? ¿Cuál es la opción más acertada?. El rompimiento le ocasiona estragos, conflictos internos y un miedo latente sobre el mejor camino para su pequeña.

El rol del padre sigue siendo cuestionado. Hay una crisis entre el paternaje ausente y presente. Ambas partes tienen sus ventajas. El primero le daría la posibilidad de tener los suficientes recursos para enviar a Maddy a la universidad, pero nunca estaría con ella en sus etapas de desarrollo. El segundo permitiría acompañarla durante su vida aunque no garantice su futuro. Matt permanece en un pozo y no ve la salida. Sin embargo, el apoyo familiar y sus amigos logran tenderle una mano para sacarlo de ahí. Tomó una decisión y al hacerlo, las situaciones de vida se reajustan para bien.

Existe un contraste notorio entre los primeros años de vida de Maddy con los de su niñez. Cuando ella nace también existe una crisis y aunque el hombre se mantiene firme ante las consecuencias, le es complicado y laborioso crear otros nuevos esquemas en la crianza. En cuanto a la niñez, los lineamientos establecidos se encuentran presentes, pero las situaciones sociales y el rumbo de la vida lo obligan a romperlos y crear unos nuevos.

Todavía queda mucho por saber de la paternidad. No es moda ni un asunto posmoderno. Los roles masculinos de crianza siempre han existido, pero apenas se están explorando y deconstruyendo. Urge una reivindicación de la paternidad no sólo como rol de proveedor, también uno de protección y amor, donde se pueda estar activo de lado de la crianza de los hijos. La sociedad sigue en constante cambio; espacios como las oficinas o las redes de apoyo para padres deberían de ser más comunes. Sin embargo, así como el paternaje todavía es una constante exploración, con el tiempo existirá una apertura más amplia del tema. El amor paterno puede conjuntarse con todas sus cualidades: bueno, fuerte, tierno y sobre todo, protector. Una protección que sólo papá sabe cómo transmitir.

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