Bugchasing
Sexualidad

Bugchasing

En búsqueda del contagio del VIH

Ilustración de portada: Behance / Joey Guidone

Una educación sexual sin tabúes es realmente importante para poder tener acceso a la información que nos protegerá de enfermedades de transmisión sexual (ITS) como el VIH, la sífilis o la gonorrea. Además, hablar abiertamente de estos temas da pie a disfrutar la sexualidad como una parte normal y natural del ser humano. Pero, ¿qué pasa cuando las prácticas sexuales interfieren con la salud sexual?

Y es que, aunque suena a episodio de serie con moraleja acerca del sexo, existen diferentes prácticas que ponen en riesgo la salud e integridad de quienes las practican, una de ellas es el bugchasing.

¿QUÉ ES?

Primero hay que mencionar que en inglés bug significa bicho, que es como vulgarmente se le conoce al VIH; por eso el término se traduce como búsqueda del bicho. A grandes rasgos, esta práctica sexual consiste en tener relaciones con personas infectadas por el placer o la adrenalina que el contagio les pueda generar.

La primera vez que se utilizó este término fue en 1999 por los científicos DeAnn Gauthier y Craig Forsyth durante una investigación que consistía en el estudio de las prácticas sexuales sin protección dentro de la comunidad homosexual; durante este se dieron cuenta de que algunas personas practican sexo sin condón aún y cuando estaban infectadas, mientras que otras accedían a tener coito con ellos por puro placer.

Cuando comenzó la epidemia de SIDA en 1981, muchas de las personas homosexuales sintieron que la propaganda para acabar con la enfermedad los estigmatizaba. Entonces el bugchasing nació como una forma de eliminar el miedo a la enfermedad, como un discurso de protesta.

El bugchasing nació de la comunidad homosexual como una forma de protesta ante las campañas contra el SIDA, las cuales los estigmatizaban. Foto: Behance / Joey Guidone

Realmente no se dice que las personas infectadas vayan esparciendo el virus con cuantos se acuesten; de hecho, quien esté buscando infectarse anda en bares, prostíbulos y otros posibles lugares de contagio, esperando encontrar a un portador accidental o directamente. Otra opción es contactar por medio de redes sociales o aplicaciones de citas a quien posiblemente lo enfermará. Aún así, no se puede descartar que la población que no tiene idea de esta práctica salga afectada.

Dentro del bugchasing se pone por encima de las ITS el placer por contacto piel con piel y se cree que se practica la sexualidad sin miedos y estigmas.

¿POR QUÉ ALGUIEN QUERRÍA ADQUIRIR EL VIRUS?

Por más extraño que parezca, esto se considera una parafilia. Como se mencionó antes, algunos individuos sienten placer ante la idea de que están siendo contagiados; afirman que se han aburrido de las relaciones sexuales “normales” y buscan algo con más adrenalina. Por otro lado, está la idea de que en algún punto de su vida van a adquirir la enfermedad y prefieren buscarla ellos mismos. También se asegura que algunas personas quieren identificarse con algún grupo social, en este caso el de los enfermos de VIH.

Una buena educación sexual puede hacernos comprender que el sexo es más que la penetración.

En el portal El Mundo se publicó una entrevista con un bugchaser. En ella el hombre menciona que la mayoría de las personas que realizan esta práctica están conscientes de sus riesgos, aunque cuando el entrevistador le pregunta de qué manera cree que cambiará su vida, él afirma que sólo tendrá que tomar una pastilla más diaria. Además, cuenta que el sexo “normal” le ha aburrido y que busca emociones más fuertes a la hora de la penetración.

De igual manera, cuando se le pregunta la relación que tiene la educación sexual con el bugchasing, relata que son dos cosas diferentes y que los gustos y las prácticas sexuales no tienen cabida dentro de esta, haciendo mención del BDSM, que es un término creado en 1990 para abarcar a un grupo de prácticas sexuales cuyas siglas significan Bondage; Disciplina y Dominación; Sumisión y Sadismo; y Masoquismo. Aunque todas las prácticas que abarca el BDSM se pueden llevar a cabo con la protección correcta.

Foto: Behance / Joey Guidone

Los riesgos son más que obvios y no hace falta ponerse a mencionar una por una las razones por las que este tipo de prácticas son peligrosas tanto para la salud individual como para la de los demás. Y es que, al menos en México, los servicios de salud quedan mucho a deber a la hora de tratar el VIH y las enfermedades oportunistas que atacan al paciente.

RULETA SEXUAL

Ciertamente dentro de esta práctica no es como que las personas vayan buscando contagiarse de VIH u otra enfermedad, pero aun así el riesgo es bastante alto. La ruleta rusa es un juego que se practica dentro de las orgías, donde un grupo de varones se acomodan en círculo mientras las mujeres van sentándose encima de ellos por determinado periodo de tiempo. Incluso la penetración se llega a realizar sin excitación previa, lo que puede causar vaginismo, además de desgarros y evidentemente mucho dolor.

Realmente a nadie le importa, o no debería, el cómo una persona practique sexo, el problema es cuando estas prácticas se realizan sin protección. Nadie dentro de la orgía quiere contraer gonorrea, pero sin un condón de por medio y estando bastantes personas dentro del acto, es muy probable que exista un contagio.

Entonces sí, la educación sexual y la sexualidad responsable están ligadas con las prácticas sexuales. Es importante conocer la magnitud de las ITS e informar acerca de ellas.

No es necesario hacer hincapié en aspectos personales o preferencias a la hora de hablar de la práctica de una sexualidad responsable, ni estigmatizar a cierta parte de la población. Hay puntos básicos, como la protección y la responsabilidad, que pueden ayudar a que este tipo de situaciones no se vayan extendiendo. El hecho de mantener relaciones en un bar, en un prostíbulo, con gente desconocida o con varias personas a la vez no se pone en tela de juicio, sólo se recalca la desinformación o la poca conciencia social que implica el andar buscando contagiarse de VIH o alguna otra ITS.

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