Moonrise Kingdom
Cine

Moonrise Kingdom

Una odisea amorosa infantil

El amor y la determinación no son una cuestión de edad. Esa es la premisa ilustre de la película Moonrise Kingdom, estrenada en 2012 y dirigida por Wes Anderson. La cinta cuenta con el reparto de actores reconocidos como Bruce Willis, Edward Norton, Bill Murray y Tilda Swinton. Narra el romance entre Sam y Suzy, dos niños cuya pasión es inusual, caótica, pero verdadera. El rechazo por parte de sus demás compañeros y la incomprensión de los adultos, los motiva a maquinar un plan para irse a vivir lejos de su entorno. Los problemas comienzan cuando ambos desaparecen para buscar una ensenada a la que llaman Moonrise kingdom, traducido literalmente al español como ‘El reino de la salida de la luna’.

La serie de tomas, matices y banda sonora conjugan en armonía esta historia épica tan peculiar. Su estilo único, combinado con dosis moderadas de humor satírico y en algunas escenas irreverente, le valió al largometraje el Premio Gotham como Mejor Película.

COLOR SONIDO Y MÚSICA

El estilo de Anderson es muy característico. Las primeras escenas nos muestran parte del panorama donde se desarrollarán los actos. Y no sólo es un deleite visual, también es un manjar auditivo. Los colores tienen un papel contrastante con las acciones de los personajes. Son tonos amarillos y azules, con diferentes retoques de iluminación, los cuales dan una sensación de travesura. La mezcla de sonido se transforma en música. Por una parte, se puede escuchar la lluvia y por otra, a lo lejos, una radio de voz infantil. El aparato narra la composición de una orquesta, una variación sublime del Rondeau para Abdelazer de Henry Purcell como tema principal. La obra se titula Young person’s Guide to the Orquesta (Guía de orquesta para jóvenes, en español). Es una sinfonía a manera de collage escrita por Bejamin Britten. La pieza tiene una intención educativa, trata de mostrar a los niños los diferentes instrumentos que componen una orquesta. No es una versión para bailar, tiene el objetivo de ser contemplada desde la intimidad del hogar. En el transcurso del filme, el público se da cuenta que se trata de una casa fragmentada.

Foto: hacerselacritica.com

El mosaico de matices amarillos prevalece en la cinta y se contrapone con tonos rojizos y rosa pastel. Ambos colores son la representación de los dos protagonistas. La trama se va desmenuzando, se introduce la isla de New Penzance y la época, 1964. Sam es un chico que vive con sus padres adoptivos, además es un experto explorador en el campamento Ivanhoe de los Boys Scouts. En cambio, Suzy vive con su familia, ambos padres son abogados y tiene dos hermanos. En la aparente tranquilidad hay caos, ninguno de los dos son comprendidos, ambos comparten una visión de vida similar, por esa razón se aman. Ellos se conocen de una forma esporádica en medio de la puesta en escena de El arca de Noé. A partir de entonces se vuelven amigos por correspondencia y comparten experiencias de supervivencia. Llegan a una conclusión: si quieren ser felices, es necesario huir.

El largometraje hace hincapié en microhistorias. El campamento Ivanhoe es como un personaje en conjunto. El jefe de los exploradores, Randy Ward, es un líder surrealista. Cuando se entera que Sam renunció a los Boys Scouts decide rastrearlo junto con la tropa. A la búsqueda se les une el capitán Sharp, un melancólico jefe de policía.

El guion es conciso y tiene un poderoso lugar en la obra. Posee una dialéctica expresiva, breve y directa; por ello la trama avanza de manera ágil y así atrapa al espectador. Gracias a los diálogos, las acciones de los personajes dan giros argumentales inesperados que sellan el transcurso de la película. Éstos tienen un desarrollo lógico ante las circunstancias del entorno.

Las microscópicas narrativas son singularidades en la obra. Por ese medio el público puede conocer a fondo la evolución de los personajes secundarios. No hay papeles pequeños o insignificantes. Cada uno de los actores lleva una función dentro de la cinta. El progreso de cada uno es notorio al finalizar la película.

AMOR INOCENTE PERO VERDADERO

El tema principal es el amor, pero uno reflejado de forma platónica con suma intensidad. Se muestra como una elección rotunda, una acción que no tambalea a pesar de la corta edad de Sam y Suzy. Dentro de ese mismo sentimiento pasional existe la dicotomía escape-búsqueda. El ambiente donde se desarrollan no parece hostil, sin embargo, sí lo es para ellos dos. Ambos quieren salir de esa realidad que los atormenta y no los comprende. A través de la huida intentan llegar al lugar ideal para reconstruir su propio círculo social. El Moonrise Kingdom es la utopía, la solución a sus males. Representa una nueva oportunidad para comenzar sin la presión de las demás personas.

Foto: palomitascaramelizadas.com

Respecto a esa misma relación, hay un viaje de por medio. Los enamorados deben superar pruebas en el camino. Gracias a sus habilidades, logran salir victoriosos. Por ejemplo, vencen al grupo de los exploradores cuando éstos intentan detenerlos en su odisea. Es un viaje heroico en el que Sam y Suzy se van conociendo de una forma más íntima. A ella le gusta leer partes de sus libros favoritos mientras él la escucha. Incluso se explora una sexualidad inocente sin llegar a concretar ningún acto. Con esa correspondencia, ambos tratan de crear un nuevo origen.

Cuando su mundo se ve arruinado por la llegada de los adultos, el compañerismo de los exploradores se transforma en otra microhistoria. Cuando ven y comprenden la realidad de Sam y Suzy, ellos se unen para ayudarlos. Se dan cuenta que, aunque no sea asunto del campamento, es un acto de empatía porque forman parte de un mismo bando. Deben escapar de nuevo, así que inician otra búsqueda con la ayuda de intermediarios, incluso se realiza un acto simbólico de boda que para la pareja vale oro. Hay dos niveles: el de los niños y el de los adultos. A pesar de ello, también hay dos personajes cuya función es ser un puente entre ambos: el jefe Randy y el capitán Sharp. Ambos son figuras de autoridad entre las dos perspectivas y sirven como diplomáticos o entes de apoyo.

No se puede decir que Moonrise Kingdoom tiene un desenlace feliz, sin embargo, es satisfactorio para el espectador. Las últimas escenas exhiben un deleite de eventos llenos de tonalidades. Si antes se visualizaban matices contrastantes y fuertes, ahora se narra la pasión con colores opacos. Además, la banda sonora es un acierto total. Las acciones concuerdan con el obstáculo principal y brindan una conclusión gratificante y abierta a la interpretación. El amor no desaparece. Se transforma en otra posibilidad más pacífica a comparación del inicio. Ese mismo sentimiento se puede tomar como un personaje. Hay un desarrollo, así como Sam y Suzy: su amor parte de un punto A al Z, no se queda sólo en el punto B. Un gran acierto para el título con el tono humorístico de Anderson.

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