Ni lo que dice Yañez
Literatura

Ni lo que dice Yañez

Su voz poética en Nueva escritura sumaria

Acaso el amor es una rara sustancia, piedra, o mineral con el que los poetas juegan. Ese motor que mueve y ordena las palabras dentro de la página. En Ricardo Yañez podemos encontrar ese impulso amoroso por la poesía y cómo este movimiento puede llevarnos a lugares distintos, con ideas distintas y aires distintos. Nueva escritura sumaria ofrece un recorrido por los más de 40 años de trayectoria de Yañez. Un panorama en el que el lector podrá vislumbrar las diferentes etapas del autor, así como una variedad de objetos y personajes.

La riqueza de esta obra radica en el catálogo tan amplio de formas: versos libres y otros medidos. Canciones y sonetos que delatan una afinación muy meticulosa del oído y una presencia de musicalidad muy distintiva en cada línea. Rimas generalmente interesantes y prosas contagiadas de humor, así como otras estampas breves con la detonante capacidad del aforismo y la sugerencia del haiku. Es necesario reconocer esa labor por recuperar y, quizá, revivir esa manera clásica que, por momentos, pareciera ser olvidada por la poesía más contemporánea.

cortesía

Ricardo Yañez nació en Guadalajara en 1948. Estudió Letras en la Universidad de Guadalajara y la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha sido editor de El Ciervo Herido; profesor en la U. de G.; periodista fundador de El Sur, Unomásuno La Jornada, y articulista y miembro de la mesa de redacción de la revista Mira. Fue acreedor al IV Premio Punto de Partida en 1971 por su obra El Girasol y al Premio de Narrativa en el Segundo Certamen Literario de la Universidad de Guadalajara 1972. 

Nueva escritura sumaria es una antología preparada por Sergio Luna, Moisés Ramírez y Antonio Diestra, y fue publicada por Vaso Roto Ediciones en 2011. En este documento encontramos textos que representan lo más significativo de libros de Ricardo, como Ni lo que digo, Dejar de ser, Antes del habla, Si la llama, Estrella oída, Novedad en la sombra, Vado y Como al principio. Como agregado a esta edición bastante bien hecha, hay un poema extra realizado por Raúl Bañuelos en el que se engrandece la obra del jalisciense.

El libro no parece tener un acomodo cronológico por la publicación de los poemas. Parece ser que sigue una distribución más bien intuitiva. Un reacomodo de textos que siguen una lógica, digamos, más compleja. Los poemas hallan su lugar por una especie de criterio estético y sonoro. Es notable el trabajo de recolección, pues en él se revela un cuidado especial por el aliento y el concepto de cada texto que se expone. Es este uno de los grandes aciertos del volumen. Una experiencia rítmica que en ningún momento se vuelve cansada, monótona o aburrida.

Todos los textos, además, contienen una relación o hilo temático que pareciera ser reformulado por los compiladores. Podemos concebir una atmósfera poética bien lograda en la que los cambios de forma y fondo, de registro y de tono se hacen con naturalidad y eficacia.

LA PALABRA AMAR

Existe una fuerza en el poemario, un reactor que se activa al ir bajando por cada línea. Constantemente despierta ese amor desesperado que podría habitar dentro del lector. Un llamado que se vuelve imposible de ignorar. No es que sea interesante hablar del amor, como seguramente miles de poetas en el mundo ya lo han hecho, es esa forma despreocupada de abordarlo. Se propone un tratamiento lúdico para todos los modos extraños en los que este fenómeno se presenta. “A veces es una araña la palabra amar / una araña en las vigas de la casa / y uno es la mosca la tonta mosca”.

Foto: Behance / Yukai Du

Es de suponer, entonces, la amplia cantidad de erotismo usadA en la obra. Una muestra de ternura en la que el Yo lírico (a veces también nombrado Ricardo Yañez) llama a la mujer amada. Supe de ti es un poema de reconocimiento, de la profunda visión de un ser ante otro. “Supimos circular la sangre en dos cuerpos distintos / anduvimos la colcha como un lago, la cama como un río, / la ciudad como un cuarto en el que no falta nada / salvo el amor que falta, siempre falta, para que nada falte en el amor”.

Los ojos son otro ingrediente al que se recurre varias veces. Existen muchos espacios en los que este elemento se ve involucrado en la creación de imágenes amorosas. Ojos que a veces se encuentran en el mar y luego se transforman en el mar mismo. También están esos donde una voz habita sobre las retinas y el iris. En este caso, los globos oculares funcionan como un lugar de arquitectura abstracta y no exactamente como un par de piedras en un rostro que se adoran sólo porque sí.

Asimismo, este lenguaje romántico es trasladado a un escenario urbano. Los poemas toman las calles del libro y encuentran una nueva posibilidad expresiva regalándonos, de cierta forma, un acceso más inmediato a las emociones que se intentan ilustrar. Hay unas líneas simpáticas al principio de este volumen que recuerdan esa contaminación que no abandona a la capital del país, y que al mismo tiempo podrían representar un hallazgo en la sencillez del lenguaje que usa: “a 600 y tantos kilómetros de distancia oí tu voz, / y todo fue clarísimo / en el día más contaminado de la Ciudad de México”.

Del centro viajamos al norte y nos encontramos en Tampico. Aquí se halla unos de los poemas más intensos de Nueva escritura sumaria. Está escrito en prosa y tiene como objeto las estrellas. Se trata de una estampa casi narrativa donde un personaje se embriaga de melancolía después de bailar con una mujer morena y realiza un contacto muy íntimo con el cielo que observa. Se denota un tratamiento especial entre lo celeste y lo terrenal. “Orinas detrás de una troca, larga, abundantemente orinas, mirando hacia la estrella que te mira como si te mirara (…) Sentías defraudar a la mujer y sentías, sin hacerlo, que estabas traicionando a aquella estrella que sabías mirarías al salir (…) salieras a la noche estrellada con los ojos nublados de sudor y miopía y amor sin rumbo”.

TIEMPO DE PÁJAROS

Los pájaros adquieren un protagonismo considerable en la antología. Muchas veces acompañan a varios integrantes de la familia que también es retratada. Uno de los tonos que Yañez sabe lograr es aquel que desenvuelve una anécdota o un recuerdo. Esta familia evoca un registro mucho más personal e íntimo en donde se adquiere una suerte de tono casi biográfico.

Por su parte, las aves representan algo más complejo. Pueden ser, quizá, ese rasgo efímero de la existencia, pues se les puede ver muy cerca de la muerte o de las imágenes que tratan la soledad o la ausencia de alguien. “Tenemos que rodear este tiempo de pájaros, dijo la prima Eva, que / sabía / de la inutilidad de todo esfuerzo / (…) / esta espuma de pájaros, esta risa que dices que reías / y consolémonos de tu adiós con el fuego de tu aún / estoy llegando”.

Foto: Behance / Fatinha Ramos

EL MEJOR MODO DE MIRAR LAS ESTRELLAS

La experimentación es algo muy distintivo en la obra de Ricardo. Sobre todo, el juego, el empleo divertido de casi cualquier cosa. No se trata de una búsqueda por formular chistes en vez de poemas. Es más bien la vuelta al lado humorístico de ciertos lamentos y penas que carga la voz principal del libro.

Las crisis existenciales son abordadas en tonos lúdicos e interesantes. A veces con poemas que no rebasan las diez palabras y otras veces con juegos de la estructura y del significado. “Hay días en que no quisiera abrir la puerta / de mi cuarto porque tengo miedo de que todo se / convierta en humo. / Y hay días en que salgo a toda prisa de él, / temiendo que el humo esté en mi cuarto”.

Ricardo Yañez nos regala un visión divertida y musical de la realidad, y una perspectiva intensa y al mismo tiempo pícara de la vida. Tenemos un autor que recrea la tradición poética y explora nuevas posibilidades para las estrellas y los pájaros. Nueva escritura sumaria es un acierto para quien busca contemplar al escritor con sus distintas voces. Es un libro que pone evidencia una de sus últimas líneas: “el amor existe”.

Comentarios