La calle del terror
Cine

La calle del terror

Homenaje al slasher

De la mano de la directora Leigh Janiak (Ritual de la muerte), Netflix trajo la historia de terror de este verano. Y es que en 2015 Fox había dado a conocer la idea de adaptar al cine el universo literario de Lawrence Stine. Posteriormente la empresa fue comprada por Disney y al tener un estilo de producciones tan marcado, era obvio que Fear Street (La calle del terror) no encajaba y posiblemente no vería la luz. Originalmente las películas estaban pensadas para estrenarse en cines con un mes de diferencia entre cada una; de hecho, las tres se rodaron en apenas seis meses. Finalmente, Netflix adquirió los derechos y decidió estrenarlas en la plataforma con apenas una semana de por medio.

Janiak siempre tuvo claro que la clasificación de la película, en fidelidad hacia los libros, sería R; aunque al principio los productores buscaron persuadirla para que entrara dentro de la B.

Apostar por una saga que fue filmada en su totalidad antes de su estreno es bastante arriesgado puesto que, si la primera entrega no obtiene el recibimiento esperado, las siguientes películas quedarán desechadas sin ver la luz. Afortunadamente para Netflix, las dos primeras partes de La calle del terror han sido bien recibidas tanto por el público como por la crítica.

Los adolescentes encargados de destruir la maldición son Deena, su novia Sam, su hermano Josh y un par de amigos.

Foto: Netflix

La trama de esta trilogía gira en torno a un pueblo que fue maldecido por la bruja Sarah Fier, que se cortó una mano antes de ser colgada en la horca, para poder ir y venir al plano terrenal. Los habitantes del pueblo van contando la historia de generación en generación; para algunos es una simple leyenda, mientras que otros han sido testigos del alcance que aún tiene la bruja. Shadyside, que es el pueblo donde se desarrolla la historia, es famoso por la gran cantidad de asesinos seriales que han perpetrado sus crímenes bajo la influencia de la bruja.

Los libros en los que está inspirada esta nueva trilogía son la saga de Fear Street escrita por Lawrence Stine. La primera historia se publicó en 1989 y estuvo desde sus comienzos dirigida a un público adolescente.

Alrededor de las tres entregas se mostrarán tanto los orígenes de la bruja, como los asesinatos perpetrados por habitantes poseídos por ella, y la forma en que nuestros personajes principales tratarán de romper una maldición que tiene siglos. Hasta ahora Netflix estrenó dos partes de la trilogía: Fear Street: 1994 y Fear Street: 1978; la parte final será Fear Street: 1666.

Foto: Netflix

NO NUEVA, PERO SÍ FRESCA

Ciertamente estas películas no tienen una propuesta nueva dentro del género slasher, pero la forma en que la directora le dio vida a esta saga de libros sí es fresca. Hasta las entregas que corresponden al 94 y 78, la historia tiene una trama tanto entretenida como misteriosa. Siendo honestos, las películas están lejos de asustar, lo cual puede ser un punto bueno o malo dependiendo de qué tan fan de los jumpscares se sea; pero el desarrollo de la trama cumple con mantener al espectador pendiente de los detalles que se entrelazan entre sí.

Quizás uno de los puntos que más destaca de la trilogía son los asesinos y las historias de las matanzas que cometieron: desde el campista que descuartizó a los niños a su cargo hasta la chica que aniquiló a sus amigas y su novio para posteriormente suicidarse.

Durante la segunda parte de la trilogía, que sirve para explicar los hechos de la primera, se ve que se ha creado un universo propio, en el que no sólo se dan explicaciones al espectador para que entienda el porqué de lo que pasa en la actualidad, sino que Fear Street: 1978 funciona tanto en conjunto con su predecesora, como de manera individual. Muy probablemente lo mismo pase con 1666 donde se explicarán los orígenes de la bruja de Shadyside.

Foto: Netflix

PERSONAJES QUE PUDIERON SER ICÓNICOS

Las películas no se libran del todo del patrón de personajes estereotipados de los filmes slasher, sin embargo, a diferencia de otras de su género, durante los primeros minutos de ambas partes se toman tiempo considerable para presentar a cada uno de los personajes, la historia que tienen detrás y cómo esta llega a explicar el porqué de sus acciones; como la venta de drogas en la primera o la falsa clase social en la segunda. Y es que incluso tocan temas secundarios bastante interesantes, como la homofobia en los años 90 (la protagonista es lesbiana), y precisamente estos se vuelven una parte importante de la trama.

De esta manera los personajes tienen oportunidad de escribir la historia, aunque sea un poco, y no están ahí solamente para que el espectador disfrute de sus asesinatos. Incluso se llega a empatizar con ellos, sobre todo en la segunda película, y aunque las muertes están escritas desde la primera entrega, en el fondo se espera que los chicos salgan ilesos.

Así pues, La calle del terror sí profundiza en sus personajes, pero los termina dejando sin explotar todo su potencial.

Todos estos puntos son aciertos dentro del guion de Janiak y es que el ir y venir entre ambas películas está bastante bien desarrollado. Desgraciadamente todas las historias detrás de los chicos, las características que los definen y la empatía que se crea con los personajes, se quedan algo cortas a la hora de profundizar en ellos; se explotan lo suficiente como para salirse del típico estar ahí sólo para morir, pero no buscan ser recordados.

Hay algunas acciones de los personajes que se sienten forzadas para que el guion se acomode; como el hecho de que Deena haya preferido arriesgar a sus dos mejores amigos antes que a su ex novia.

UNA TRAMA PARA ADOLESCENTES

Como se mencionó anteriormente, las películas están basadas en libros de terror para adolescentes, así que la historia se desarrolla, en su mayoría, con personajes de esta edad; los adultos son casi inexistentes y los que aparecen como parte de la trama son estúpidos o groseros. Quizás una de las mayores incoherencias de la saga parta de este punto. A pesar de esto, y tal como Netflix se lo propuso, los filmes son disfrutables para un público tanto adolescente como adulto.

HOMENAJE AL SLASHER

La primera parte de la trilogía nos presenta a los personajes que en la actualidad están lidiando con la maldición de Sarah Fier en Shadyside. Luego de ver la primera secuencia de la película es imposible no pensar en Scream; sobre todo porque, así como en la primera entrega de esa saga, la directora del filme nos presenta a una actriz bastante conocida como lo es Maya Ray Thurman (Stranger Things) y luego, al igual que Wes Craven hizo con Drew Barrymore, el personaje de Maya muere apuñalada. Dentro de las similitudes de esta secuencia está el hecho de que ambas mujeres reciben una llamada y al momento de morir desenmascaran a su agresor. Asimismo, tiene ciertos tintes que recuerdan a Sé lo que hicieron el verano pasado (I know what you did last summer).

La segunda entrega rinde homenaje a sagas como Friday 13; hay ciertos guiños a estas películas durante todo el filme, por ejemplo, el costal que cubre el rostro del asesino y que es similar al que usó Jason en su segunda entrega.

LEJOS DE SER PERFECTA

A pesar de que la película cumple con lo que promete, no se salva de las incoherencias y agujeros en el guion; por ejemplo, al final de la primera entrega la protagonista recibe varias puñaladas de su novia, que ahora está poseída por el espíritu de la bruja, y al principio de la siguiente parte se presenta como si nada hubiera pasado, aún y cuando los eventos transcurren en la misma noche.

Y es que por momentos se presenta a los asesinos como seres invencibles que son incapaces de morir, pero luego en la segunda parte Sam es contenida por el cable de un teléfono durante todo el tiempo que se demoran Deena y Josh en escuchar la historia de lo que ocurrió en 1978; lo cual es bastante incoherente si tomamos en cuenta que ni siquiera una explosión pudo acabar con los asesinos.

La segunda entrega, hasta ahora, es la que más cae en los estereotipos de películas de terror del verano; aunque si lo vemos por otro lado sería un poco falso escribir un guion acerca de un campamento de adolescentes sin sexo y drogas. Al igual que en otros filmes de este género, las escenas porno están ahí sólo para mostrar un asesinato “diferente” y, al menos en 1978, los personajes, a pesar de tener algo de desarrollo, están muy encasillados: la pareja de drogadictos, la pareja virgen con el tipo que se muere por tener relaciones, la pareja “normal” y el grupo de niñas con complejo de Regina George. Aun así, aunque la trama inevitablemente cae en los clichés, trata de salir rápidamente de ellos.

Foto: Netflix

GUIÑOS A STRANGER THINGS Y AMBIENTACIÓN

La trama acerca de un grupo de adolescentes que busca acabar con una maldición suena parecida a otra producción bastante popular de Netflix: Stranger Things. Y es que tanto el arte como el estilo de Fear Street tienen inspiración en esta serie, puesto que Ross Duffer, uno de sus creadores, es el esposo de la directora. De hecho, en la primera parte, cuando Deena está viendo la cajita con las cosas de Sam, hay un sticker pegado en esta que tiene la misma fuente del logotipo de Stranger Things.

Algo bastante genial de la ambientación de la primera película es la mención de otros maestros del horror de esas décadas, como Stephen King, cuyos libros con las primeras portadas se pueden ver en la tienda donde trabaja el personaje de Maya Ray. En estos detalles la directora trató de ser lo más fiel posible A la ambientación de esa década, aunque algunas canciones de la banda sonora se estrenaron años después del 94.

Por su parte, 1978 no termina de convencer al espectador de que se está viendo algo que ocurrió durante finales de los 70 y quizás, en parte, la culpa sea que la vestimenta de ese tiempo ha vuelto a estar de moda actualmente.

En general las dos primeras entregas cumplen con lo que prometen; ciertamente no se espera que se vuelvan iconos en el cine slasher porque rendir homenaje a otras películas es un arma de doble filo. La trama es entretenida, fresca y sin duda profundiza tanto en la historia como en sus personajes.

Sin duda la segunda parte supera a su predecesora tanto en contenido como en estética; y es que a pesar de que esta entrega cae de lleno en clichés de este género, la historia es más disfrutable y cuenta con más lógica.

Ambas entregas dejan al espectador con ganas de conocer más a fondo la leyenda de la bruja para poder atar cabos sueltos. Queda esperar a que Netflix libere La calle del terror: 1666, para conocer la verdadera historia de Sarah Fier y saber porqué todos los personajes que se han visto en estas dos películas aparecen en el avance de la tercera como campesinos de hace más de trescientos años.

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