Parálisis del sueño
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Parálisis del sueño

Despertar sin movimiento

No poder despertar y estar lo bastante consciente para querer hacerlo, intentar gritar y no lograrlo, tener una sensación de presión e inquietud. Todo esto ocurre durante la parálisis del sueño, sin que sea posible moverse.

Muchas personas podrían indicar que han experimentado una parálisis del sueño. De hecho, según el miembro de la Sociedad Española del Sueño (SES), Óscar Larrosa Gonzalo, este mal ha afectado por lo menos una vez en la vida a un porcentaje entre el 50 y el 60 por ciento de la población general. Las edades a las que se produce pueden ser cualquiera, situando los picos de incidencia en la adolescencia o después de los 60 años.

UN TRASTORNO COMÚN

Más allá de ser una experiencia desagradable, en algunos casos es difícil de sobrellevar y tiene consecuencias para la vida cotidiana. La parálisis del sueño es un trastorno primario del sueño según el DSM-IV (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales).

Lo anterior significa que se caracteriza por una dificultad para iniciar o mantener el sueño, o que el mismo no es reparador, y también que no está vinculado con otras enfermedades psiquiátricas, médicas o de abuso de sustancias, y es posible que casi cualquier persona pueda experimentarlo.

Se categoriza dentro de las llamadas parasomnias, trastornos caracterizados por episodios breves o parciales de despertar, sin una interrupción tan importante del sueño, pero que sí afecta su calidad y cantidad.

Se ha dicho ya que algunas de las personas más vulnerables podrían verse afectadas por esta parálisis. En la adolescencia puede aparecer vinculada a los desajustes normales del organismo y la presión psicológica propios de esta etapa, y en la vejez con los deterioros psíquicos y cognitivos que pueden aparecer a edades avanzadas.

Es un estado en que no se puede mover el cuerpo, una parálisis muscular que surge al inicio del sueño o al despertar. Básicamente, el cerebro no ha despertado por completo, y el organismo se queda con la inmovilidad normal durante el sueño; al no estar completamente consciente, se experimentan alucinaciones y, en muchas ocasiones, la desesperación de querer despertar sin lograrlo.

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Se produce un desajuste en los mecanismos que regulan el ciclo del sueño REM (movimiento ocular rápido), provocando la recuperación de la conciencia y la percepción sensorial, dejándonos en un estado entre el sueño y la vigilia donde no se pueden mover los músculos. La sensación desesperante y las alucinaciones, a veces bastante tenebrosas, caracterizan este fenómeno.

LA PARASOMNIA Y SUS ALUCINACIONES

Según la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño, las personas experimentan esta afección por primera vez entre los 14 y los 17 años. Y si bien la etiología (causa) no está relacionada con el abuso de sustancias u otros trastornos fuera de su tipo, puede aparecer junto con otra parasomnia: la narcolepsia.

Este trastorno crónico del sueño causa somnolencia abrumadora y ataques en los que la persona se queda dormida repentinamente durante el día y sin causa aparente. No es un vínculo necesario, pero sí de importante mención, aunque muchas personas que padecen parálisis del sueño no sufren de narcolepsia.

Por otra parte, es posible que un número bastante importante de personas hayan experimentado la parálisis como un desajuste que aparece de improviso, sin que afecte de manera importante su sueño o su vida cotidiana.

Este fenómeno no es en sí peligroso, pero la experiencia puede presentarse de manera alarmante y dejar a la persona con la sensación de que hay algo que debe ser tratado o por lo menos analizado. Sin embargo, en muchas ocasiones no es necesaria la intervención psicológica o médica.

Los mecanismos fisiológicos que actúan en la parálisis del sueño son, en un principio, la ya mencionada etapa REM, en la que se producen sueños más intensos, complejos o emocionales, e incluso aquellos que se experimentan de forma lúcida.

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En esta fase del sueño, aparece actividad eléctrica en el área cortical del cerebro; esta es similar a la del estado de vigilia. Los neurotransmisores GABA y glicina se liberan en las neuronas para reprimir el tono muscular esquelético, haciendo que las neuronas motoras de la médula espinal sean inhibidas. Este desajuste en el proceso por el que cualquier persona transita de forma cotidiana, provoca una recuperación de la conciencia antes de que sea posible recuperar el movimiento o reaccionar ante estímulos del exterior.

El sistema límbico, que es el encargado de las emociones, intenta una defensa ante esta situación extraña para el cerebro. Hace que la persona se sienta ansiosa para que huya o reaccione, pero la posibilidad de hacerlo está bloqueada por el momento.

Es entonces que aparecen las alucinaciones hipnagógicas, las cuales se producen antes del sueño; o hipnopómpicas, que se producen al despertar. De modo que se experimentan en forma visual, auditiva o táctil, tal como ocurre durante el sueño. Se puede producir una combinación de lo que se percibe de forma real con la alucinación.

LA PARASOMNIA EN NIÑOS

Aunque la parálisis del sueño es común en la adolescencia, los problemas del sueño en general son más frecuentes en la infancia. El sonambulismo, despertares con confusión o terrores nocturnos afectan más a los niños.

Si bien quienes padecen sonambulismo pueden estar bastante tranquilos y sin miedo, se corre el riesgo de tener algún accidente en este estado. Los despertares con confusión ocurren en bebés y niños pequeños, teniendo como primeros síntomas los quejidos o movimientos; aunque pronto puede convertirse en agitación, gritos o llanto. Respecto a los terrores nocturnos, la diferencia está en que en estos últimos se experimenta miedo intenso. Es necesario distinguir entre las anteriores afecciones para saber si hay que preocuparse.

Para hacer frente a estos trastornos es necesario, en primer lugar, buscar una evaluación física y neurológica para descartar algún otro padecimiento. Si se presentan problemas de este tipo hay que guardar la calma para no alterar más al afectado, tener en cuenta que las parasomnias son comunes en la infancia y que desaparecen o se tratan de manera eficaz en la mayoría de los casos.

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Los trastornos del sueño durante la etapa REM son poco frecuentes en los niños, pero pueden ocurrir. Uno de los síntomas más identificables son los sueños dramáticos, intensos o violentos durante esta etapa. Pueden aparecer lesiones debido a los accesos de ansiedad mientras intentan reaccionar.

En el caso de la parálisis del sueño, sus efectos aparecen en la niñez o adolescencia en la mayoría de los casos, con más prevalencia en la segunda etapa, y sus síntomas duran uno o varios minutos.

Las pesadillas también son normales en niños de tres a seis años y deben ser tratadas con calma. Se debe actuar intentando comprender lo que ocurrió, repasando el sueño para revisar sus características y manteniendo la tranquilidad, puesto que se puede tratar de sueños muy vívidos que causan crisis de pánico al rememorarlos.

De cualquier modo, es importante no atribuir causas que hagan sentir culpable al niño, o hacerle sentir que algo está mal con él, porque estos trastornos son comunes y tratables. Y por último, aunque no menos importante, es necesario no señalar causas paranormales, que sólo ayudarían a que el niño le añada más gravedad al asunto.

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