Falla el médico, paga el enfermo
Salud

Falla el médico, paga el enfermo

Un llamado a la seguridad del paciente

La seguridad del paciente es un tema ineludible de los servicios sanitarios. Fue surgiendo conforme los sistemas de salud evolucionaron y ganaron complejidad, lo que acarreó un aumento de los daños sufridos por personas tratadas en unidades médicas.

Su objetivo es prevenir riesgos y errores en la atención, de modo que se minimicen perjuicios causados durante la prestación de la asistencia sanitaria. Piedra angular del concepto es la mejora continua, una basada en extraer lecciones de errores y eventos adversos.

Garantizar la seguridad de quienes sufren algún padecimiento es aspecto fundamental de los servicios de salud. Para ello, el cuidado sanitario debe reunir características como ser eficaz, estar centrado en los individuos y prestarse de forma integrada, oportuna y equitativa.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las consecuencias de una atención poco segura se ubican entre las 10 causas principales de muerte y discapacidad a nivel mundial.

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Cuando un sistema sanitario gana complejidad también se incrementan las opciones de que los profesionales de la salud cometan errores, por ejemplo, que un hospitalizado reciba un medicamento equivocado a causa de una confusión con otro producto cuyo empaque es parecido.

En un caso así, la responsabilidad no es de una sola persona. La receta debe pasar varios filtros, como el médico del ala correspondiente, la farmacia y el enfermero que la administra. Lo frecuente es que el proveedor individual que cometió el error de forma activa asuma la culpa del incidente y, en un momento dado, reciba algún castigo.

Sin embargo, hechos así hablan de deficiencias como una carencia de procedimientos estandarizados para almacenar medicamentos de aspecto similar, mala comunicación entre proveedores, falta de verificación antes de administrar la medicina y un escaso, o nulo, involucramiento del paciente en su propio cuidado. Es un error que podría prevenirse implementando un proceso que garantice de la seguridad en los diferentes niveles involucrados en suministrar un fármaco al enfermo.

PROPORCIÓN

En países de altos ingresos, el 10 por ciento de los pacientes sufre algún tipo de daño mientras recibe atención hospitalaria. El dato, además de elevado, es sorprendente si se considera que casi el 50 por ciento de los eventos adversos a causa de una atención deficiente son prevenibles.

Cuando múltiples fallos latentes se armonizan, el error activo se presenta y afecta al individuo. De hecho, muchas prácticas médicas y riesgos relacionados con la atención sanitaria se están convirtiendo en problemas importantes para la seguridad de quienes recurren a centros hospitalarios.

Cada año se producen alrededor de 134 millones de eventos adversos derivados de una atención poco segura en clínicas de naciones de ingresos bajos y medios. Hablamos de descuidos, equívocos y fallos que provocan 2.6 millones de muertes.

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Estudios de la OMS arrojan que cerca de dos tercios tanto de las manifestaciones nocivas como de los años perdidos (por discapacidad o muerte), producto de cuidados sanitarios deficientes, se producen en países de ingresos bajos y medios.

A nivel mundial, hasta 4 de cada 10 pacientes sufren perjuicios en algún grado dentro de la atención primaria y ambulatoria.

EVENTOS COMUNES

Los errores de medicación que causan lesiones o tienen un efecto pernicioso en el enfermo generan costos estimados en 42 mil millones de dólares anuales.

Infecciones relacionadas con una atención sanitaria insegura afectan a diez de cada cien pacientes hospitalizados en países de ingresos bajos y medios. Procedimientos poco seguros complican la vida de hasta el 25 por ciento de los individuos objeto de intervención médica.

En el plazo de un año, cerca de 7 millones de personas que pasan por quirófano padecen complicaciones significativas relacionadas con procederes desfavorables de los profesionales sanitarios. Alrededor de un millón de quienes son operados fallecen durante la intervención o inmediatamente después.

Prácticas de inyección sin ajustar a procedimientos de seguridad pueden transmitir infecciones. Por esa vía, agentes nocivos como el VIH o los virus de la hepatitis B y C llegan a colarse en los individuos.

Errores diagnósticos afectan al 5 por ciento de los adultos que reciben atención ambulatoria. Más de la mitad de estos fallos de juicio puede llegar a causar daños considerables.

Transfusiones poco seguras exponen a los pacientes al riesgo de reacciones adversas y de transmisión de infecciones. En el catálogo también aparecen los errores de irradiación, es decir, casos de sobreexposición a la radiación y situaciones en que se irradia al paciente incorrecto o la zona del cuerpo que no era.

La septicemia es otro problema frecuente que, si no se diagnóstica a tiempo, pone en peligro la vida del paciente. Como muchas afecciones que la causan resisten a los antibióticos, es capaz de deteriorar con rapidez la condición de las personas. Afecta a 31 millones de personas alrededor del globo en un sólo calendario. De esa cantidad, más de 5 millones fallecen.

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MEJORAR

En los Estados miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (de la cual forma parte México), el 15 por ciento del total de la actividad y el gasto hospitalarios es resultado directo de eventos adversos.

Invertir en prevenir perjuicios causados a pacientes puede derivar en ahorros sustanciales de recursos y, más importante aún, en mejores resultados para los convalecientes.

Ejemplo de medida que conviene adoptar es involucrar al individuo en el tratamiento que recibe. En la OMS estiman que implementar una directriz efectiva en ese sentido reduciría la carga derivada en eventos adversos hasta en un 15 por ciento.

Errar, cabe comentar, es humano. Sencillamente no es realista esperar un rendimiento perfecto por parte de personas que trabajan en entornos de complejidad supina y, por ende, muy estresantes. Evitar que los trabajadores de la salud cometan errores exige proveerlos con herramientas como sistemas, tareas y procesos bien diseñados, de calidad.

En resumen, debe establecerse una cultura sanitaria que conceda la debida importancia a la seguridad de quien sólo desea recuperar su bienestar.

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