Perfeccionismo y salud mental
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Perfeccionismo y salud mental

La doble trampa

Poner esmero y tener interés por un objetivo o proyecto hacen que el trabajo se aligere, que pase el tiempo más rápido y se logren las metas mejor de lo que se espera. La clave para que una persona se sienta realizada u orgullosa está allí. Pero, por otro lado, cuando se espera alcanzar algo más y parece no haber manera de hacerlo, aparece el perfeccionismo.

Siempre es posible mejorar. La exigencia es necesaria para lograrlo, aunque hay que poner un límite personal y saber cuándo se ha obtenido un resultado suficientemente bueno. De no ser así, la salud mental puede verse afectada.

LA SUFICIENCIA

Para el psicoterapeuta austriaco Alfred Adler, el perfeccionismo es un rasgo inherente y crucial en la autorrealización. Para el humanista Abraham Maslow, es indicador de la ausencia de neurosis, una inestabilidad emocional que rige parte de la personalidad y que es sumamente común en la población. Sin embargo, la teoría sobre el perfeccionismo a partir de los años cincuenta, difiere de estas nociones e indica que existe una relación de este rasgo de la personalidad con trastornos psicológicos como la depresión.

La relación que se debe hacer para comprender la idea del perfeccionismo como parte de un trastorno mental, es la suficiencia. Definida como la capacidad o aptitud mínima para algo o, conforme a la Real Academia Española, como la capacidad, presunción, engreimiento o pedantería, la palabra en el habla popular se utiliza para señalar si se está haciendo lo suficiente para sacar adelante una labor. A veces tiene la connotación de señalar si un individuo ‘es suficiente’. Lo problemático de esto último es que se define a una persona en razón de lo que es capaz de hacer en una situación específica, en vez de valorar sus capacidades en diversas cuestiones.

Investigaciones más recientes continúan en esta dirección, desmitificando el perfeccionismo. Según textos más recientes, como el libro Procrastinación (1983) de Jane Burka, afirman que el perfeccionismo está acompañado de la sensación de que no se podrán satisfacer las expectativas de los demás ni las propias, además de estar relacionado con la autocrítica exagerada o injusta y la depresión.

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Cuando un grupo especialmente vulnerable, como son los niños o los estudiantes adolescentes, se encuentran con exigencias que rayan en el perfeccionismo, hallan una discrepancia entre los estándares altos y su desempeño a pesar de sus intentos por mejorar. De este modo pueden desarrollar baja autoestima y evaluarse a sí mismos de manera negativa, lo que puede perdurar en su vida adulta.

PERFECCIONISMO EN NIÑOS

El perfeccionismo es una mezcla entre las tendencias innatas de buscar objetivos más altos y emocionantes, lo que es natural en cualquier persona, y los factores ambientales. El lugar en que crece un niño, su aprendizaje y por supuesto la forma en que sus padres enfrentan los problemas, forman el entorno del cual tomará información sobre el error, sobre el acierto y la perfección.

Los elogios excesivos o demandas de los padres y maestros, son parte de un entorno no adecuado que puede guiar directamente a problemas relacionados con la autoestima y la baja tolerancia al rechazo y la frustración.

No se trata de que el perfeccionismo sea, en sí, un trastorno o que siempre sea un rasgo problemático. Algunos niños suelen tener tendencias perfeccionistas, lo que exhiben en sus comportamientos constantemente: buscan tareas difíciles, establecen estándares altos para sí mismos y ponen bastante energía en sus logros.

La dificultad radica en actuar en respuesta a estos rasgos. Si se educa a los niños para que se adecúen, con una tolerancia a la frustración apta y confianza en sí mismos, la historia puede cambiar completamente de rumbo.

Un extremo del comportamiento perfeccionista puede verse en los niños que no obtienen satisfacción de sus esfuerzos, sea porque sus metas son poco realistas o porque las metas de sus padres lo son.

Si el error es visto como parte natural del proceso de obtener algún objetivo, y no como algo reprochable e inaceptable, entonces se podrá aprender de él. Sentir una aversión casi total por el error, es un camino sin salida.

El perfeccionismo extremo está relacionado con problemas en el rendimiento escolar y laboral, o con el desarrollo de trastorno obsesivo compulsivo, depresión o suicidio. Pero también con factores que se podría pensar que nada tienen que ver, como la ansiedad social, los trastornos alimenticios y las migrañas. En general puede ser leído como un indicador de estrés y las consecuencias del mismo pueden estar marcadas por trastornos diversos.

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El miedo al rechazo y la ansiedad social pueden estar vinculados con una relación inherente entre la estima que otras personas tienen hacia el niño o adolescente, con sus logros. Es necesario distinguir el amor filial de esto, y dejar en claro que se le sigue teniendo afecto al menor a pesar de lo que ocurra con los logros escolares, además de recordarle que si existe una decepción siempre se puede buscar la mejora.

En muchas ocasiones, las pequeñas soluciones que se brindan aportan a una mejor calidad en la salud mental propia y de quienes están alrededor.

CRACTERÍSTICAS DEL PERFECCIONISTA

El perfeccionismo extremo se puede distinguir desde la infancia a partir de algunos comportamientos. Una de ellas es tener expectativas especialmente altas sobre sí mismos, es decir, que no se sienten suficientes a pesar de sus logros ya importantes.

La autocrítica excesiva, la conducta cohibida y avergonzada, aparecen con facilidad en cuanto aparece un estímulo que los hace dudar de sí mismos. Sea un comentario, un chiste o cualquier acción, es necesario observar si se está actuando de acuerdo a la situación o de manera desproporcionada, sin juzgar.

Exhibir ansiedad por cometer errores, sentir poca autosuficiencia e inseguridad, tener sensibilidad alta a las críticas, también son características de una persona perfeccionista, adulta o infante. Pueden surgir dolores de cabeza u otras dolencias cuando deben realizar una labor bajo la expectativa de otras personas.

La idea de mérito que se tiene en la actualidad, que engloba el trabajo duro para lograr las metas, es uno de las principales alimentos de estas exigencias que, lejos de impulsar y mejorar un trabajo u objetivo, lo retrasan.

El perfeccionismo extremo está también relacionado con la postergación, la procrastinación y la evasión de situaciones estresantes o tareas difíciles. La carga mental de estar frente a una labor para la que la persona podría no sentirse suficientemente capaz, se vuelve un freno para iniciar, continuar o terminar una tarea, así como para priorizar o tomar decisiones. Por otra parte, también existe la posibilidad de que se hagan críticas fuertes hacia los demás, porque las inseguridades propias se tienen que proyectar hacia los otros.

La forma de ayudar está en pequeñas conductas que los niños pueden aprender. El cuidado y el respeto implican no incidir de manera exagerada cuando se comete un error, sino comprenderlo y dar la atención adecuada y proporcional a tal error. No hay que sobreactuar ni dejar pasar todo, y es necesario explicar las razones por las que se está respondiendo con asombro o con incomodidad ante un logro no alcanzado, siempre concluyendo en brindar una posible solución y motivando a que se vuelva a intentar.

No se trata de responder de la forma contraria, afirmando que todo se puede y que se es capaz de lograr lo que sea, sino enfatizar que se puede hacer mejor la próxima vez y que, a través de diferentes intentos y mejoras, se puede obtener un resultado satisfactorio.

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