Nosotros aspiramos
Opinión

Nosotros aspiramos

Miscelánea

Las idioteces más absurdas,

si se repiten con la frecuencia

necesaria, pueden ser

ampliamente aceptadas como verdad.

Giancarlo Livraghi

Pertenezco a esa clase de ciudadanos “aspiracionistas” y “egoístas” –como nos califica el presidente– a quienes nada nos ha sido dado. Que nos esforzamos por salir adelante y dar una aceptable educación a nuestros hijos. Escuelas privadas con el objeto de que por lo menos, tengan la seguridad de que el maestro los espera en el aula y no anda de huelguista. Pertenezco a la despreciable clase media que ante el desinterés del gobierno de proveernos una elemental protección (10 feminicidios al día, y 33 candidatos asesinados en la reciente campaña electoral, no escandalizan a nadie) debemos costearla de nuestro bolsillo.

Habito una casa pagada con el trabajo de mi Querubín QPD, quien durante muchos años y contra viento y marea, crisis o no, salió cada mañana muy tempranito a trabajar. Mis raíces se remontan a la tierra. Campesinos, emigrantes; un paso adelante y comerciantes. Sin oportunidad de estudios universitarios, un aspiracionista hermano de mi padre, inventó las Tortilladoras Celorio. Otra, tuvo sus momentos de gloria como pintora. Mi padre creó su propia empresa. Todos ellos aspiracionistas, lograron que su descendencia fuera la primera generación de profesionales que ahora cuentan con las herramientas para rifársela en este mundo cambiante y difícil.

Debe ser por eso que no me gusta el tonito de quién por vivir en un palacio, atenderse en costosos hospitales privados, con hijos magnates que viajan en avión privado y un pequeño que asiste al colegio más exclusivo de México, seguramente ahora se siente aristócrata; el mundo le queda chico, la clase media no lo merece. Aspirar a una vida mejor y trabajar para conseguirlo, significa para él, una especie de degeneración moral. Una expresión de deslealtad y soberbia. Lo ético y moral consiste en esperar como mascotas, el alimento que no somos capaces de conseguir por nuestro propio esfuerzo.

Cuando con la puerilidad de quien cree en las “limpias”, la estampita y el “detente”; quien sin tiempo para leer ni viajar ni aprender, porque no se puede repicar y estar en la procesión; y él lleva más de la mitad de su vida repicando y ha dejado sus mejores años en el empeño de “encaramarse a toda costa”. Que aspira a un país de pobres e ignorantes porque las clases medias con licenciatura, con maestría, con doctorado; ¡fuchi caca!, no votan por él. Si no fuera falta de respeto hablarle así a un presidente, me encantaría gritarle ¡ya cállate chachalaca! Quien mucho habla, mucho yerra y él impone cada mañana un discurso brabucón, quejica; en el que nunca se mencionan palabras como reconciliación, fraternidad, concordia, crecimiento, desarrollo, futuro, prosperidad.

Se envanece en cambio de las remesas con que sostienen a sus familias quienes han tenido que emigrar por falta de oportunidades. Ignora entre tantas otras cosas, que los países desarrollados apuestan a una gran clase media que trabaja, estudia, viaja, y descubre que la patria es cualquier lugar del mundo donde se puede vivir digna, libremente; y disfrutar sin hostigamiento el producto de su esfuerzo. Ese pobre hombre no sabe ni entenderá jamás que la educación es el semillero de clasemedieros, que bien estructurados por los estudios, son el futuro promisorio de cualquier país.

Según las últimas mañaneras, de lo que se trata es de aspirar para abajo. Eso es lo que hay. Es lo que el hombre al mando puede dar y no se le puede pedir más. “Dos cosas son infinitas, el Universo y la estupidez. En cuanto al universo, no estoy seguro”, dijo Albert Einstein.

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