Sin poses
Nuestro mundo

Sin poses

Nuestro Mundo

¿No les ha ocurrido que de pronto descubren una sonrisa, una mirada, un gesto que revela mucho de las personas?

El lenguaje corporal es un tesoro de información de cada uno de nosotros, no es necesario que recuerde que muchas de las estrategias de métodos como el de PNL (Programación Neurolinguistica) están fundamentadas en ello. Si los ojos van de un lado para otro, para arriba o para abajo, si cruzas los brazos, si aprietas los labios, si subes la ceja, si cruzas las piernas, si sacas el pecho, si inclinas la cabeza, si manoteas, si te encorvas al caminar, más una larga lista de señales que refieren lo que se piensa, se siente o se cree.

No se trata de sintetizar el manual para descifrar al otro, solo creo que una vez más, tendremos que abrir los ojos para que nuestras relaciones interpersonales sean del nivel que sean tengan más aliento y sean más enriquecedoras. Gestos, tonos de voz, manera de caminar, la risa, el lenguaje, conjugan una serie de factores como genética, aprendizajes por imitación y modelaje.

Hay una discusión sobre si el comportamiento y la personalidad pudieran tener una buena dosis de herencia, cada quien desde sus conocimientos puede intentar definirlo, los conductistas dirán que el origen es la imitación, otros aseveran que el 10 por ciento es de origen genético. Tal vez estas disertaciones sean irrelevantes, pero lo que no es menor es darnos cuenta que los hijos observan minuto a minuto nuestro comportamiento y lo que ellos construyen como parte de lo que son, tiene que ver con sus padres.

No es de sorprender entonces casos como el de Sara quien recién se ha divorciado y tuvo la ocurrencia de comentar en una tarde de café que no podía soportar que su hijo hablara y se riera como su papá, ¿y qué quería?, ¿que hablara y se riera como el vecino? La connotación emocional es la que no le permite a Sara recordar que cuando se eligieron como pareja no le puso pero a los matices de la voz y a la risa de su entonces amado. La cantidad de sustancias que corren por nuestro cuerpo hacen que en momentos determinados nos acerquemos o nos alejemos de las personas.

Hoy como nunca, se estudia minuto a minuto lo que una persona es capaz de hablar sin hablar, aunque también hay que reconocer que hay mucho que se aprende, hoy simplemente al teclear en Google el concepto lenguaje corporal, me encuentro con 30 millones cien mil resultados de la búsqueda, que contempla técnicas, (o sea que puedes aprender a leer lo que te dice el otro con la cara y sus posturas), tipos (lenguaje respecto a objetivos: seducción, atraer atención, convencer, lograr objetivos, etcétera), así como síntomas del estado emocional (tics, conductas repetitivas, estados anímicos). En pocas palabras, es una ciencia.

Me imagino a los seres humanos como grandes antenas parabólicas dispuestos a recibir información de manera consciente e inconsciente y con base a ello dirigir sus vidas. No es que quieras descubrir lo que otro tiene que decir en silencio, es que tu mente inconsciente capta y traduce, mira sin ver, oye sin escuchar, siente sin tocar, y así vas construyendo la narrativa de las personas sin que ellas se percaten, sin que tu mismo lo sepas de cierto. Luego las reacciones, tal vez, sólo tal vez, te hagan reflexionar sobre tu conducta hacia algunos

Por eso hay gente con la que te gusta estar, porque la armonía de sus gestos, movimientos y palabras es sumamente seductora, entendiendo esto ultimo y en apego a la más elemental definición: “como el acto que consiste en inducir y persuadir a alguien con el fin de modificar su opinión o hacerle adoptar un determinado comportamiento o actitud”. Si te fijas en eso estamos todos los días, todos los seres humanos, desde la mamá que quiere conseguir el cambio en sus hijos, los lideres políticos que quieren persuadir a la población en relación a una cierta ideología o el hombre que pretende conquistar a una mujer.

La clave del éxito para convencer a los demás es la naturalidad, todo lo que es fingido, estudiado o hecho con una intención egoísta termina por ser evidente, así que vayamos siendo como somos, sin poses y con congruencia.

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