Ruta Vinos y Dinos: enoturismo apoyado en el pasado
Reportaje

Ruta Vinos y Dinos: enoturismo apoyado en el pasado

La experiencia de recorrer el patrimonio coahuilense

Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia

como si esta ya fuera ceniza en la memoria

Jorge Luis Borges

De la tierra coahuilense brota la historia y el futuro. En lo que hace millones de años fuera el llamado mar de Tetis, hoy en día emergen fósiles cuya antigüedad es libro abierto para hurgar en el pasado del estado. Pero también desde este suelo asoma el porvenir, pues de él nacen las vides que convierten a la región en una de las zonas vitivinícolas más importantes a nivel mundial.

La región Sureste de Coahuila es conocida por los arqueólogos como “el cielo de los fósiles”, pues forma parte de los cinco puntos más relevantes del mundo respecto a riqueza palentológica. En el estado se ubicaban las playas del Cretácico, donde la vida marina se asentó en varios esteros, por eso es un lugar donde se pueden encontrar fósiles de flora y fauna pertenecientes a esos ecosistemas antiguos.

Mientras que la historia del vino coahuilense se remonta a finales del siglo XVI con la llegada de los colonos españoles, quienes fundaron la primera zona vitivinícola del continente americano en lo que actualmente es el municipio de Parras de la Fuente. Los españoles arribaron en busca de oro, plata y otros minerales, pero en lugar de eso encontraron abundante agua, suelo fértil y clima propicio para el cultivo de la vid.

Si el historiador griego Tucídides llegó a afirmar que los pueblos del Mediterráneo comenzaron a desprenderse del barbarismo cuando aprendieron a cultivar olivos y vides, los habitantes del Nuevo Mundo encontraron en el Valle de Parras el paraíso con los elementos necesarios para echar a andar una prospera industria vitivinícola.

Para el año de 1690 ya existían cerca de 40 productores de vino en la región. La mayor parte de la producción se concentraba en manos de la Iglesia y el vino parrense surtía a los conventos y nobleza criolla de Durango, Zacatecas, Guadalajara, Ciudad de México y parte de la actual Texas.

Como todo río que fluye, el vino parrense llegó al mar para embarcarse en las naves que regresaban a España. Fue entonces cuando su buena calidad alarmó a las autoridades ibéricas y, en 1699, el rey Carlos II ordenó aplicar una ley de 1680 que prohibía el cultivo de la vid y la producción de vino con fines comerciales en las colonias americanas. Así, la naciente industria quedó limitada a producir sólo para la Iglesia.

La medida se hizo efectiva en México y Perú, los únicos dos lugares de la colonia española en los que se encontraba oro y plata. No así en Chile ni Argentina, donde la ausencia de estos minerales generó desinterés por parte de la Corona y dio vía libre para que en esas regiones sí se desarrollara el conocimiento popular del vino.

Es quizá por esta situación que en México no se originó una cultura del vino con amplio alcance. Según datos de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV), Argentina registra un consumo per cápita al año de 28.9 litros al año, Chile 16.8 litros y México tan solo 1.2 litros.

Ante esta situación y tomando conciencia del patrimonio paleontológico y vitivinícola de Coahuila, autoridades municipales de Saltillo decidieron coordinarse con productores locales e instituciones estatales, con el fin de retomar un programa donde la mezcla de estos dos elementos revela campo fértil para el turismo y el ejercicio identitario. Se trata de la Ruta Vinos & Dinos.

Foto: SECTUR

RUTA ÚNICA

Carlos Franco, consultor externo de la Dirección de Fomento Económico y Turismo del municipio de Saltillo, comentó que la Ruta Vinos & Dinos se concibió en 2008 como una idea pensada para potenciarse con recurso del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR).

Cuando el actual Ayuntamiento de Saltillo, encabezado por el alcalde Manolo Jiménez Salinas, tomó posesión, uno de sus principales objetivos fue detonar el turismo en la región Sureste de Coahuila. La materia prima serían los viñedos, el patrimonio palentológico y la infraestructura hotelera. En mayo de 2019, la Ruta Vinos & Dinos tomó por fin carretera para activar su maquinaria.

Así, se invitó al Museo del Desierto y la zona palentológica de Rincón Colorado para participar en una ruta que incluiría también a los viñedos más importantes de Coahuila. El proyecto se echó a andar durante menos de un año, antes de que la pandemia desacelerara las actividades económicas en el estado.

Fueron varias rondas de pláticas en el Museo del Desierto con las casas vinícolas diciéndoles: ‘Vamos a apostar. El enoturismo no es competencia, es colaboración, hay para todos. Y si como región nos diferenciamos de las rutas ya existentes, eso nos hace más fuertes’. Quien visita una casa vinícola, visita toda la Ruta Vinos & Dinos, la recomienda”.

El consultor asegura que, en el enoturismo, cada casa muestra su personalidad, el proceso de sus vinos, sus recetas y sus historias. Es por eso que la ruta también busca establecer estándares de calidad homologados, donde la experiencia en cada lugar a visitar se mantenga a ritmo constante ante el turista.

En total, once casas vinícolas de Coahuila conforman la ruta: Bodega Barro Viejo, Bodega Los Cedros, Bodegas del Viento, Vinos Don Leo, Hacienda del Marqués, Hacienda Florida, Parvada Comunidad Vinícola, Vinícola Rancho El Fortín, San Juan de la Vaquería y Casa Madero. El área palentológica es representada por Museo del Desierto y Rincón Colorado, mientras que en la hotelería aparece Bosques de Monterreal.

Son once casas hasta el momento: seis en Parras de la Fuente, una en General Cepeda, dos en Saltillo y dos en Arteaga”.

La pandemia no frenó las actividades de la Ruta Vinos & Dinos, pero sí hubo que hacer adecuaciones. La ventaja que tuvo el enoturismo fue que se practica al aire libre y el flujo de visitantes puede controlarse a través de medidas sanitarias y de organización.

Entre 2020 y 2021, la ruta recibió aproximadamente a 40 mil visitantes, con una derrama aproximada de 50 millones de pesos. Además, el proyecto logró el reconocimiento internacional Excelencias Turísticas, otorgado por el Grupo Excelencias durante la Feria Internacional del Turismo (FITUR) 2021.

Foto: Erick Sotomayor

El flujo de visitantes que ha tenido la ruta proviene, en su mayor parte, de Monterrey y ciudades tamaulipecas. Y es que con las fronteras cerradas y la inseguridad que impera en las carreteras de los estados vecinos, Coahuila se ha convertido en un destino apropiado para los residentes del noreste mexicano. A nivel local, gran estrato de turistas son de Saltillo y Torreón.

En Coahuila se ha hecho un gran trabajo en la cuestión de carreteras. Se les da mantenimiento preventivo. Dirección de Fomento Económico y Turismo ha puesto en marcha un programa de señalización específicamente de la ruta y el tema de la seguridad, que la gente pueda sentirse tranquila”.

Las autoridades de Saltillo, General Cepeda, Parras de la Fuente y Arteaga trabajan en coordinación con el Gobierno del Estado, implementando bases de operaciones mixtas donde se hacen rondines continuos y se revisan brechas.

Eso le da al visitante la tranquilidad de que puede ir, recorrer viñedos y regresar perfectamente a su lugar de origen sin correr ningún riesgo”, afirma el consultor.

INICIAR EL RECORRIDO

No hay un punto de partida obligatorio para recorrer la Ruta Vinos & Dinos. Como en todo acto recreativo, el turista posee libertad para comenzar su viaje en el lugar que más le plazca. Pero en esta ocasión, siguiendo las recomendaciones de quienes organizan la ruta, Siglo Nuevo comenzó la travesía desde Saltillo, para enfatizar en la estructura hotelera y luego asistir al Museo del Desierto y así tomar la analogía del origen de la vida como origen del viaje.

Aunque el turismo en la región Sureste se ha caracterizado por las actividades de negocios, Juan Carlos Saade, director general de American Hotels Group, afirma que en años recientes ha existido un alza en el turismo de placer gracias a los museos y los viñedos a través de Vinos & Dinos.

Si bien la llegada de la pandemia causó incertidumbre en la industria hotelera, provocando que la ocupación cayera hasta el cinco por ciento durante el momento más crítico, actualmente la ocupación se ha levantado hasta el 45 por ciento, en gran parte gracias al enoturismo paleontológico que propone la ruta.

En el tema de la pandemia, se viene el aislamiento y cuando poco a poco se va abriendo, en las actividades de los regiomontanos, de la gente de Torreón y los alrededores de Saltillo, tuvo un éxito muy fuerte el tema de la Ruta de Vinos & Dinos”.

Si el viajero de negocios demandaba hospedaje sólo entre semana, el enoturismo llegó para llenar el hueco hotelero que aparecía durante sábado y domingo.

Barro Viejo, una de las paradas de la Ruta Vinos y Dinos. Foto: SECTUR

La ruta fue la principal impulsora económica de esta región, porque son actividades al aire libre y ya venía con auge antes de la pandemia, con gran aceptación y una gran idea por parte de las autoridades municipales para fomentar que venga gente de fuera y haga turismo de placer”.

Esta reactivación se complementa con los turistas que no precisamente llegaron para tomar la ruta, pero que se encontraron con ella al momento de arribar a la región gracias a otros eventos como los torneos deportivos.

La Ruta Vinos & Dinos acaba de ganar un premio internacional y esto lo ganó precisamente por la calidad de la ruta, la calidad de los vinos, la calidad de instalaciones que hay en la región, de hoteles y restaurantes y no le pide nada a otras rutas”, cerró el empresario.

CONOCER EL ORIGEN

Como se mencionó anteriormente, el patrimonio palentológico de Coahuila posee prestigio a nivel mundial. En el estado, cada porción de tierra que se pisa es como leer la página de un libro. El suelo resguarda rastros de vida anteriores a la presencia humana. En esta analogía, los periodos mezosoicos del Triásico, Jurásico y Cretácico se encuentran escritos con excelente ortografía en cada uno de los yacimientos coahuilenses.

En el tenor de la génesis vital, es preciso comenzar la Ruta Vinos & Dinos en el Museo del Desierto de Saltillo. La institución fue fundada en 1999 y durante las dos últimas décadas ha investigado las propiedades paleontológicas del suelo coahuilense. En sus salas se puede hacer un recorrido desde el origen de la vida, pasando por los fósiles y réplicas de dinosaurios, animales de la Edad de Hielo, las primeras tribus del estado, la Colonia española y eventos más recientes como la Revolución Mexicana y las industrias actuales.

Incluso, posee un área dedicada a la vida del semidesierto, donde se pueden apreciar especies de cactáceas y animales reales como osos negros, lobos grises, serpientes, tortugas o borregos cimarrones. Muchos de estos ejemplares llegan para rehabilitarse tras haber sido atropellados o perseguidos por el hombre. Aquellos que no logran salvarse son disecados para su exhibición. Se trata de un esfuerzo que hace el desierto para enfatizar en la riqueza natural de la región y la responsabilidad que la sociedad tiene con ella.

Para el biólogo Arturo González, director del recinto, el objetivo del museo es entender al ecosistema. El hecho de que los coahuilenses puedan dialogar con su entorno brinda sentido de identidad, de pertenencia y permite un mejor entendimiento con la existencia. Por eso, González asegura que para el museo es un honor haber sido considerado por la Ruta Vinos & Dinos como el comienzo de la travesía.

Es un proyecto muy bonito que tiene que ver con lo que tenemos, en este caso desiertos, rocas que guardaron evidencia del pasado, evidencia de los fósiles. Y resultó que esa evidencia de los fósiles fue increíble. Se dieron las condiciones en el pasado para que los animales que morían quedaran en unas condiciones de mineralización tan eficiente, que se volvieron fósiles increíbles”, comparte González.

Foto: SECTUR

Para el biólogo, la riqueza paleontológica se enlaza de manera natural con la producción vinícola. Ambos patrimonios provienen de la tierra, ambos tienen un rostro interpretado por paleontólogos y vinicultores, ambos narran una historia que concierne a la memoria histórica y económica del estado.

Fue gracias a esto que el Museo del Desierto colaboró con las casas vinícolas para instalarles un ícono paleontológico a cada una. Se trata de la reproducción de un fósil o escultura de algún elemento identitario acorde al lugar donde se asienta cada viñedo. El ícono se relaciona con la personalidad de la casas que representa, recibe al visitante mostrando su filosofía y teje nexos entre pasado y presente.

IMPREGNAR LA HISTORIA

Si bien el biólogo Arturo González considera que la vida camina hacia la complejidad, la Ruta Vinos & Dinos también comparte esta visión. Al tomar carretera el entorno puede cambiar desde los bosques de pinos en Arteaga, pasar por el semidesierto de Saltillo, leer el terreno y las rocas en General Cepeda, para finalmente adentrarse a los valles de Parras de la Fuente. Este mosaico de ecosistemas muestra los múltiples acentos que puede tener un territorio, donde se habla la misma lengua con variantes en la perspectiva deL mundo.

También es cierto que aquella vida incapaz de adaptarse a su tiempo termina por extinguirse. Así lo entendió don Gerardo Aguirre Flores, propietario del viñedo San Juan de la Vaquería, quien tras tener años dedicándose a la agricultura, en 2008 aceptó la invitación de don José Milmo (entonces director de Casa Madero) para cultivar vides en sus tierras.

El camino al viñedo de don Gerardo desde la capital del estado implica tomar la carretera Zacatecas-Saltillo, llegar a la carretera federal 54, seguir en dirección al sur y girar a la izquierda para encaminarse por la carretera estatal 105, pasar una zona industrial y tras algunos kilómetros arribar al poblado de San Juan de la Vaquería.

Sobre una loma de mil 850 metros sobre el nivel del mar, desde la que se pueden apreciar los campos de vides y algunos perfiles de suelo esculpidos milenariamente por el agua, don Gerardo y su familia producen en 20 hectáreas el único vino saltillense de la ruta.

El ícono instalado en este lugar es un ictosaurio, reptil extinto que podría recordar a los delfines modernos. También se colocaron fósiles de amonites, un molusco antepasado de los calamares. La razón es porque, en algún punto del pasado, este lugar fue un océano.

Aquí el suelo es calcáreo, por lo que también se facilita la fosilización. Se trata de un punto intermedio entre la zona alta de la Sierra de Arteaga y el camino que lleva hacia el Valle de Parras. El clima fresco causa que la maduración de la uva sea lenta.

Instalaciones de San Juan de la Vaquería en Saltillo. Foto: Erick Sotomayor

En nuestra filosofía, la estrella del evento es el vino, es lo que presentamos. A los visitantes les enseñamos mucho nuestra filosofía de cómo producimos la uva, cuáles son las condiciones que buscamos. Nuestra bodega tal vez no es muy turística, no está enterrada ni es de piedra. Es una bodega para hacer vino con mucha higiene con una buena logística de producción”.

Don Gerardo lo tiene claro: el buen vino nace del campo. Producir vino de calidad implica cultivar uva de calidad. El vino es de los productos más naturales, pues todos sus componentes tienen origen en el propio fruto: en su jugo, en su cáscara. Es importante que el visitante entienda el proceso de su cultivo, cosecha y producción, por eso se les ofrece una degustación al final del recorrido.

Hasta el momento, San Juan de la Vaquería oferta cuatro vinos, entre tintos, blancos y rosados y está por lanzar al mercado un quinto. En ellos se pretende impregnar la historia del poblado, que data de 1568, cuando arribaron colonos españoles provenientes de Mazapil (Zacatecas). Quizá su vino de reserva es el más indicado para resumir esta historia.

Otro práctica interesante que se realiza en San Juan de la Vaquería son las degustaciones con comida típica del poblado. Se trata de enlazar la gastronomía local con el vino local y comprobar la teoría del viñedo sobre que aquello que crece junto, combina bien.

Si aquí en la zona tenemos las gorditas, los burritos, el asado de boda, cosas de ese tipo. Quisimos probarlo y eso nos ha llevado a que la gente se siente a gusto con la comida […] Creo que el mejor maridaje es estar a gusto, relajarte, estar con amigos y perderle el miedo a mezclar”, cerró el agricultor.

ACENTO GASTRONÓMICO

Si se pretende indagar en los sabores coahuilenses, hay que acudir a los conocimientos del renombrado chef Juan Ramón Cárdenas. Sus investigaciones han arrojado que uno de los principales sabores, con presencia en los 38 municipios del estado, es la carne caprina.

Otros sabores importantes pertenecen a los dulces tradicionales de leche y de nuez; también converge el mezquite, los guajolotes, el asado de bodas, el pan de pulque, la cajeta de membrillo, las gorditas de horno y los productos lácteos de La Laguna.

Hay sabores que de pronto se van perdiendo. Por ejemplo, el sabor de la fritada está totalmente acentuado, entendiendo como fritada el guiso de cabrito en su propia sangre. La fritada siempre se ha usado como un platillo festivo en todo el estado. Está cayendo en desuso y tenemos que seguir exigiendo en un platillo que era muy tradicional de los hogares de Coahuila”.

Juan Ramón Cárdenas es propietario de Don Artemio, un restaurante saltillense que también forma parte de la Ruta Vinos & Dinos. La manera en que el reconocido chef y su equipo apoyan al vino local es brindándole lugar privilegiado en su menú. El restaurante también ostenta el Award of Excellence de la Wine Spectator y cuenta con la Cava del Desierto, la cual incluye vinos de todas las casas vinícolas del estado.

Cava del Desierto en restaurante Don Artemio, en Saltillo. Foto: Erick Sotomayor

La Cava del Desierto está construida con un sólo material, que es con barro, porque queremos así representar el minimalismo natural que tiene el desierto. También cuenta con un sol. Todos los coahuilenses somos hijos del sol, somos hijos del desierto y entonces así nos relacionamos con el vino de Coahuila”.

Pero el chef también está interesado en el patrimonio paleontológico. Gracias a un molde realizado por el Museo del Desierto, su restaurante ofrece un postre en forma de fósil de amonite: el Tres leches del desierto. Se trata de un helado servido dentro de un tres leches, como referencia al pasado coahuilense.

LA CASA MADRE

La Ruta Vinos & Dinos implica un recorrido extenso, imposible de abarcar durante un sólo día. Lo recomendable es disfrutar cada momento de la experiencia, emplear el tiempo necesario, realizar las degustaciones y percibir las sensaciones que el vino causa cuando se traslada de la copa al paladar.

A final de jornada, el descanso es necesario. Se recomienda pernoctar en Saltillo o llegar a Arteaga y rentar alguna cabaña en Bosques de Monterreal, lugar donde el semidesierto queda atrás para dar paso a un denso follaje de verdes pinos.

El recorrido se puede reanudar a la mañana siguiente. En este caso, la logística arrojó trayecto por el Valle de Parras, por lo que fue necesario tomar la carretera federal 40 hasta llegar al entronque de Paila y adentrarse en territorio parrense.

Y es aquí cuando la historia vuelve a reclamar su sitio. Antes de llegar a la cabecera municipal, se asoma la blanca arquitectura de Casa Madero, quizá el viñedo más visitado de la ruta. Su origen está relacionado con lo mencionado a principio de este texto, pues esta fue precisamente la primera casa vinícola fundada en todo el continente americano.

La historia siempre exige voz y en este caso las raíces del lugar son narradas a dueto por los hermanos Brandon y Daniel Milmo, codirectores de Casa Madero e hijos de don José Milmo, el personaje que impulsó la creación de nuevos viñedos en la región durante la primera década de esta centuria.

Desde hace muchos años mi padre empezó a apoyar a personas que estuvieran interesadas en tener viñedos en esta zona. Incluso logró convencer a algunos que no estaban muy interesados para que plantaran un viñedo, aunque fuera de prueba. Los apoyamos en elegir proveedores, con asesorías, haciéndoles el vino en estas instalaciones. Muchos de ellos ya crecieron, tiene sus viñedos establecidos, sus propias bodegas, ya se independizaron y nos da mucho orgullo haber aportado a la creación de esta zona vitivinícola”, narró Brandon Milmo.

Casa Madero en Parras de la Fuente. Foto: Erick Sotomayor

El antecedente de Casa Madero es la antigua Hacienda de San Lorenzo, fundada el 19 de agosto de 1597 (según dicta un antiguo documento con el sello del rey Carlos II) por don Lorenzo García, quien solicitó las tierras a la Corona española. Con el paso de los siglos, la finca tuvo diferentes dueños hasta que don Evaristo Madero decidió adquirirla en 1893. La hacienda fue rebautizada como Casa Madero durante la década de 1940.

Los hermanos Milmo son tataranietos del señor Madero y se esmeran en conservar su legado, como si se tratase de un buen vino en su barricada de roble. El viñedo está a punto de llegar a los mil premios internacionales, entre los que destacan las nueve medallas que consiguió la cosecha Shiraz de 2013. El reconocimiento más reciente le fue otorgado por su Gran Reserva Malbec 2017, en febrero pasado, durante el Gran Premio Internacional de Vinos: Modus Vini 2021, celebrado en Alemania.

Además de poder degustar otros vinos de calidad como el 1597, una bebida que engloba la mejor selección de vinos tintos de cada año, quien visite Casa Madero también podrá recorrer sus antíquisimas instalaciones, caminar por sus pasillos cubiertos de vides, así como apreciar maquinaria del siglo XIX y entender cómo ha cambiado la producción vitivinícola con la tecnología empleada en nuestros días.

El ícono paleontológico que representa a esta casa es la pata de un hadrosaurio acompañado de unas huellas, en alusión a la gran influencia que tuvo don José Milmo en toda la zona vinícola de Coahuila.

Con este legado a cuestas, los hermanos Milmo invitan a los turistas a no sólo visitar Casa Madero, sino también a recorrer todas las casas de la Ruta Vinos & Dinos.

Eso les va a permitir tener más conocimiento de toda la región e incluso probar cosas nuevas. Creo que todos los vinos y las casas vinícolas ofrecen cosas interesantes, cada uno tiene su enfoque y producto bastante bueno. En general ofrecemos calidad en Coahuila”, expresó Daniel Milmo.

PLANEAR EL VUELO

A pocos minutos de Casa Madero, tomando la carretera Parras-General Cepeda, se instala el complejo de Vinícola Parvada. Encabezado por torreonenses, se trata de un proyecto que empezó como un fraccionamiento con casa club y terminó anexando una bodega de vinos a sus instalaciones.

La arquitectura de Vinícola Parvada fue diseñada por el despacho de Artigas Arquitectos. Su estética está basada en el concepto del vuelo onírico. Su restaurante se ubica sobre una colina y funge de mirador desde el cual se pueden observar los viñedos, nogales, el lago y el ícono de un pterosaurio, antiguo reptil volador cuyas alas terminan por conjugar la idea del complejo.

Vinícola Parvada en Parras de la Fuente. Foto: Erick Sotomayor

El eslogan de Parvada es: ‘Donde tus sueños vuelan’. Parvada, como todos sabemos, es un conjunto de aves. Entonces eso es lo que queremos transmitir a la gente, que se puede realizar cualquier tipo de sueño. Hemos tenido eventos desde entregas de anillo, bodas, cumpleaños, aniversarios. Eso es en sí lo que envuelve a Parvada, que se puedan concretar sueños de la gente”, comenta Francisco Hamdan, socio de Vinícola Parvada.

Respecto a los vinos, el viñedo cuenta con la supervisión de la enóloga española Lucía García, quien mencionó que el viñedo se encontraba en pleno proceso de producción para los vinos tintos, pues en esta época del año ya se ha cosechado toda la uva para los vinos blancos y rosados. La mayoría de la fruta proviene del ejido Los Hoyos, donde se sube en altura a mil 700 metros de altitud.

El vino es recordarnos parte de una cultura. Por ejemplo, en España, que es una cultura muy arraigada a los lugares, tan arraigada desde hace tanto tiempo, incluso esta región que antiguamente ya tenía uva, aunque su finalidad era destilar y demás. Tomar un vino, con una buena comida, todo conjunto, además en un lugar bonito y compañía excepcional, es lo que nos hace disfrutar, entonces para la humanidad podría significar felicidad plena”, reflexionó la enóloga.

EL MEJOR VINO DEL MUNDO

A media hora de Vinícola Parvada, siguiendo la Carretera Estatal 105 rumbo al noreste, se encuentra Vinos Don Leo. La primera plantación de este viñedo comenzó en el año 2000, con una pequeña hectárea donde se cultivaron uvas como la cavernet sauvignon, merlot y chardonnay. Debe su nombre a la memoria de don Leo Mendel, agricultor de origen alemán que llegó a México en 1938 tras huir de la Segunda Guerra Mundial.

La bodega de Don Leo es uno de los 20 proyectos que se desprendieron de Casa Madero. Se trata de un viñedo instalado en el Valle del Tunal, a dos mil 100 metros sobre el nivel del mar, rodeado por montañas, donde el clima suele ser de seis a ocho grados menor que el de Parras de la Fuente, potencializando así las propiedades natas de la uva. La revista Vine Pair calificó a este viñedo como uno de los 11 más extremos del mundo.

También en este sitio existe una mezcla de suelos: piedra, arena, arcilla y calcárea. Los enólogos del lugar seleccionan la variedad de acuerdo a las características de la tierra. Las raíces de las vides leen el terreno donde se adentran y absorben su historia. Eso dota al fruto de personalidad, la cual después pasará al vino y se acentuará cuando este salga de las barricas.

Vinos Don Leo, también ubicados en Parras de la Fuente. Foto: Erick Sotomayor

Lo más importante es que cada región, cada bodega, explote mucho su microclima, su suelo, el potencial que tiene su entorno. Entonces, aunque sean las mismas variedades, en Coahuila tenemos plantaciones desde mil 200 hasta dos mil 300 metros de altura. Cada microclima y suelo es diferente, aunque tengas las mismas variedades vas a tener vinos diferentes y eso es lo más importante: sacarle provecho a todo ese entorno de ese microclima y esa calidad que te da tu suelo propio, y tener una identidad propia de cada viñedo”, comenta David Mendel, director general de Vinos Don Leo.

El almacenamiento en bodega también es punto esencial. La cava de Don Leo se encuentra debajo de su edificio principal, donde barricas de roble francés, americano o de Europa del Este, sirven de cuna para que, según la variedad, el vino duerma de seis a 36 meses con temperatura y humedad controlada.

Gracias a este cuidado, en 2020, el vino Don Leo Cabernet Sauvignon Gran Reserva 2013 fue galardonado con el trofeo más importante del Concourse International des Carbenets, como el Mejor Cabernet Sauvignon del Mundo, además de recibir doble medalla de oro. El premio fue un respiro para la casa durante el punto más álgido de la pandemia. Cabe destacar que Vinos Don Leo obtuvo este reconocimiento tras competir con otros 25 países.

Coahuila como tal ya está en el panorama internacional y esto viene a redoblar lo que les comentaba de que el mundo está viendo hacia el Valle de Parras, hacia Don Leo, hacia esta zona como un lugar de gran potencial de calidad para viñedos”.

El ícono elegido para ser el residente del Valle del Tunal fue el tiranosaurio rex, quien desde una colina y entre algunas plantas desérticas, funge como guardián de las tierras, pues dirige su mirada hacia las plantaciones de vides.

A CONCLUIR

El enoturismo en Coahuila ha aumentado durante la época de la pandemia. Las causas se atribuyen a que es una actividad realizada al aire libre y, además, las casas han sabido adoptar y aplicar las medidas sanitarias.

Quien quiera realizar la travesía de la Ruta Vinos & Dinos debe tener en cuenta que, por la contingencia, las casas sólo ofrecen recorridos programados, mismos que el interesado puede agendar a través de la página web de la casa a elegir. También existen agencias de viaje que asesoran el proceso. El precio de los recorridos suele oscilar entre 500 hasta casi tres mil pesos por persona, según el paquete que se escoja. Entre semana, el precio suele ser más barato.

Los expertos en paleontología, enología, gastronomía y turismo aquí entrevistados concuerdan que proyectos como la Ruta Vinos & Dinos propicia ganancias para todos, pues no se trata de competir, sino de sumar esfuerzos con un fin común: dar a conocer el patrimonio coahuilense a todo el mundo.

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