Vestigio de la Conquista
Nuestro mundo

Vestigio de la Conquista

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Hernán Cortés, durante gran parte de la conquista y por supuesto en la caída de Tenochtitlan-Tlatelolco, tuvo un aliado no sólo fiel, sino de su épica estatura, Ixtlilxóchitl, rey de Texcoco, según historió su pariente Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, autor de la Decimatercera relación de la venida de los españoles y principio de la ley evangélica, libro vestigio de la conquista.

Alva Ixtlilxóchitl (1568-1648), en su Relación… advierte el sentido de su texto: “mi intención no es sino hacer historia de los señores de esta tierra, especialmente D. Fernando Ixtlilxúchitl [sic] y de sus hermanos, y deudos, porque están muy sepultados sus heroicos hechos, y no hay quien se acuerde de ellos, y de la ayuda que dieron a los españoles […]”. De esa manera no se ha de extrañar la inclinación del historiador en su libro por quien fue su pariente.

Ixtlilxúchitl, rey de Texcoco, aparte de ser un aguerrido aliado de los conquistadores, después de la caída de Tenochtitlan, entre sus hazañas suma que abogó por atenuar el tormento de Cuauhtémoc y contribuyó en mucho a la reconstrucción de la ciudad vencida; marchó a la par que Cortés a las Hibueras; al regreso de esa aventura, desde Texcoco encabezó un contingente indígena en el que cada uno, incluido él, llevó un huacal cargado de materiales para edificar templos católicos.

Con sus hermanos y otros prominentes, Ixtlilxúchitl salió a la periferia de Texcoco a recibir a Cortés la primera vez que llegó. El conquistador pronto intervino para que su anfitrión fuera nombrado rey. Siguiendo la Relación… se ve la diligencia del rey Ixtlilxúchitl que llega al grado de ser quien prenda a su hermano en la batalla por Tenochtitlan porque tiempo antes se había ido con los mexicas; lo entrega a Cortés. También actúa como mediador entre el Gran Tlatoani Cuauhtémoc y el conquistador. Es notoria la intención de Alva Ixtlilxóchitl de resucitar “heroicos hechos” del rey Ixtlilxúchitl.

Pero la Relación… también ofrece algunas anécdotas. Por ejemplo, dos en donde aparecen sus familiares: “La reina Tlacoxhuatzin, su madre, como era mexicana [mexica] y algo endurecida en su idolatría, no se quería bautizar, y se había ido a un templo [autóctono] de la ciudad con algunos señores. Ixtlilxúchitl fue allá y le rogó que se bautizase; ella le riñó y trató mal de palabras diciéndole que no se quería bautizar, y que era un loco, pues tan presto negaba a sus dioses y [la] ley de sus antepasados.”

Otra anécdota es la de su hermana de Ixtlixúchitl, quien fue a visitar al fraile Martín de Valencia “y queriéndole hacer la reverencia al modo castellano, como se lo tenía mandado su hermano, la hizo como si fuera varón hincando una rodilla, [lo] que fue muy reído por los religiosos […]”.

De esa situación que es muestra del iniciado mestizaje de las costumbres, Alva Ixtlilxóchitl concluye: “Otros muchos descuidos hubo en los primeros tiempos, así de los naturales como de los españoles, que fueron muy reídos de la una y otra parte; pero al fin, aunque cosas nunca vistas, oídas, ni usadas, fácilmente dentro de poco tiempo se aprendieron con mucha facilidad.”

El héroe de Alva Ixtlilxóchitl, el rey Ixtlilxúchitl de Texcoco, su pariente, recorre la Decimatercera relación de la venida de los españoles y principio de la ley evangélica como semidiós de la epopeya, al igual que Hernán Cortés. Recordemos que en no poco de la historia de la Conquista los europeos fueron considerados dioses.

Ahora, cuando precisamente se están cumpliendo cinco siglos de muchos de los hechos referidos por el autor novohispano, es bueno internarse en las páginas de ese vestigio de la conquista que es la Decimatercera relación… visión reivindicadora de un personaje casi mítico, entre hechos reales de la Conquista de México, momento clave de nuestra historia.

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