DAU: degeneración
Cine

DAU: degeneración

El gran experimento cinematográfico

Desde sus primeras imágenes, DAU presenta un estilo cinematográfico y un movimiento de cámaras impecable, pero entre sus diferentes escenas es inevitable la confusión de no reconocer qué es lo que está ocurriendo o qué historia se quiere contar.

Esta aparente falta de coherencia se relaciona, precisamente, con que el relato no es tal, ni existe un objetivo marcado más allá del experimento social. Lo que ocurre en DAU es totalmente real. Las interacciones, los personajes, sus reacciones y las crisis por las que pasan son provocadas por el encierro de los personajes, al que el espectador asiste.

EL OJO VOYEURISTA

La tradición seguida por DAU es la de ficciones como 1984, una especie de realidad distópica preocupantemente parecida al mundo real.

Algunos medios la han comparado con la película El show de Truman, donde la vida entera del protagonista es seguida y admirada por millones de espectadores a través del televisor. La diferencia es que DAU remite a un momento específico del siglo XX y sus intenciones, más allá de señalar el mundo del entretenimiento, son políticas.

Lo cierto es que el espectador busca experiencias en que se siente acompañado. El contenido que retrata la vida personal es popular, y los reality shows con este formato han sido éxitos. DAU, sin embargo, no intenta ser ligera ni disfrutable; subvierte esta tendencia para apelar al ojo voyeurista y hacerlo cómplice de imágenes incómodas y controversiales.

DAU es una película rusa de larga duración que ha sido seccionada en formato de serie para facilitar la experiencia, pero también es un proyecto artístico que responde al mismo nombre. Estrenada en París a principios del año 2019, adoptó la forma de una docena de largometrajes proyectados dentro de una instalación inmersiva durante 24 horas.

Foto: Phenomen Films

Al igual que otros proyectos de video-instalación, su formato se aleja del cine convencional y de la narrativa causal, para ofrecer imágenes que se pueden proyectar durante un largo tiempo como experiencias visuales. El sofisticado trabajo de las cámaras y el arte atraen la atención y generan expectativa, dejando al espectador al borde del asiento y alejándose completamente del formato usual del cine documental.

Lo que es posible encontrar en sus imágenes es un compendio de acciones llevadas a cabo como un experimento social sobre el comportamiento humano. De hecho, las condiciones fueron establecidas de manera cuidadosa para que lo que ve el espectador sea lo más fehaciente posible, lo más cercano a la experiencia de los involucrados.

El proyecto fue llevado a cabo por el director de cine Ilya Khrzhanovsky, y es conocido por ser una de las producciones más ambiciosas (tal vez de la historia del cine), y una de las más grandes y controvertidas de su país de origen (y tal vez del mundo).

UNA REALIZACIÓN AMBICIOSA

El rodaje, comenzado en 2008, duró tres años en los que los personajes eran interpretados las 24 horas del día. La preparación para la filmación comenzó en 2006 y la postproducción constó de la edición de 700 horas de material bruto.

Los productos finales, como ya se dijo, serían instalaciones, pero para llegar a un mayor público y difundirlo mediante plataformas de streaming, se editó en largometrajes, series de televisión, documentales detrás de cámaras y proyectos de transmedia, es decir, productos que se conectan en diferentes medios y plataformas.

Las locaciones utilizadas se ubican en Azerbaiyán, Rusia, Ucrania, Alemania, Reino Unido y Dinamarca, pero la mayor parte del rodaje se realizó en un complejo gigantesco construido especialmente para el proyecto, una recreación completamente funcional de un laboratorio científico de la época de la Unión Soviética.

Foto: Phenomen Films

Para el propósito de crear un ambiente completamente realista, los espacios se hicieron mediante construcciones reales y no emplearon utilería. Cada detalle del set, los objetos e incluso periódicos y calendarios, son recreaciones minuciosas de la época en que se sitúan los hechos, los años 50, aislados del tiempo contemporáneo como si se tratara de una burbuja.

Las series incluyen material del tiempo libre de los actores en fiestas, bailes y bebiendo alcohol o conversando sin preocupaciones con sus compañeros. Para que los personajes fueran interpretados las 24 horas del día y los siete días de la semana se les asignó un rol y utilizaron sus nombres reales. Las conversaciones, aunque no fueron dirigidas, mantenían la consigna de evitar cualquier referencia a la actualidad. La mención de fenómenos como Facebook, celulares inteligentes, entre otros avances tecnológicos o sucesos históricos posteriores a los años 50, era sancionada con multas hacia los actores.

Los experimentos son la parte más controversial del proyecto. Profesionales de la filosofía y las ciencias, e incluso creyentes de pseudociencias o directores de viajes psicodélicos, fueron filmados mientras exponían lo que estaban buscando probar, dirigiendo sus experimentos y advirtiendo sus efectos en los participantes.

En estas secuencias también ocurre maltrato físico y psicológico, y escenas que rayan en la tortura. Pero el propósito de todo lo anterior es representar en ailsamiento el ambiente de una dictadura. “El comunismo es básicamente una religión. La religión marxista, leninista y estalinista sin un dios, una religión mesiánica”, es la cita que aparece al principio de DAU: degeneration. La época, si bien es uno de los obstáculos más grandes a los que se enfrentó la producción, fue de suma importancia para comunicar su intención.

Directores y cast de DAU en la Berlinale. Foto: Berlinale Archives

ARTE Y POLÍTICA

La adaptación de Pier Paolo Pasolini Saló o los 120 días de Sodoma (1975), representaba el ambiente de la Italia fascista por medio del secuestro de personas y sus consecuentes torturas y vejaciones. DAU sigue esta lógica y realiza un proyecto ambicioso que, más que una gran producción cinematográfica, es la documentación de un gran performance. Esta forma de arte suele ser controvertida y suele tocar temas políticos y complejos en modos chocantes. Su propósito es sacar a las personas de su estado de evasión y girar la mirada hacia los temas difíciles de la sociedad en que se vive.

El performance puede tener una dirección o dejar muchos de sus elementos al azar, e incluir, como en DAU, el aislamiento. Las comparaciones se pueden aplicar con proyectos tan controversiales y brutales como los del accionismo vienés, movimiento artístico que incluía daños reales en quienes lo realizaban y que surge, de hecho, en un periodo marcado por la turbulencia social y los conflictos bélicos.

Existe un paralelismo también con experimentos sociales, tal vez más con aquellos controvertidos y rechazados como el de la prisión de Stanford, donde también se asignaron roles a los participantes con la intención de observar su conducta bajo una jerarquía de poder.

DAU está, en conclusión, en una línea difusa entre lo que es correcto y lo que no, y las consecuencias en sus participantes pueden ser marcadas. Sin embargo, todo parece indicar que es producto de un gran compromiso artístico y una labor intensa y ardua.

La manera en que se borra esta línea es, por supuesto, integrando participantes completamente aptos para soportar los golpes psicológicos, comprometidos, que conocen la naturaleza del proyecto y consienten lo que pasará con ellos. Sobre todo, DAU tiene en cuenta que el propósito y la intención que busca comunicar, sigue resonando hasta nuestros días, en que el peligro de un surgimiento de gobiernos totalitarios es real.

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