La Talla Perfecta de Ale Montemayor
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La Talla Perfecta de Ale Montemayor

Cómo convertir las boobs en un súper poder

Comentarios como “eres la que hace brassieres para teiboleras, ¿verdad?”, “esas mujeres no existen”, “las mujeres como tú deben usar bras ortopédicos para que uno que otro día se puedan poner uno como esos que vendes”, son parte de la experiencia que ha acompañado a Alejandra Montemayor a lo largo de su emprendimiento. La Talla Perfecta es la primera boutique en México y Latinoamérica en ofrecer lencería inclusiva, considerando 189 tallas de sostén para cualquier tipo de busto dentro de su portafolio.

Ha sobrevivido un embargo del SAT, un terremoto, varios socios fallidos y una pandemia. Esta última obligó al negocio a crecer y no depender exclusivamente de un local físico. Ahora sus asesorías llegan hasta países como Australia, Francia y toda Latinoamérica. El secreto: trabajar bajo un enfoque de retail integral y holístico. Además de vender una prenda que resuelve las necesidades y problemas de quien la porta, se basa en un modelo de educación permanente.

Con mucho sentido del humor, Montemayor busca transformar la percepción de las mujeres acerca de que su pecho es un problema, convertirlo en empoderamiento y hacerlas celebrar quiénes son. Ella lee y se capacita para entender mejor el asunto. El busto no es un objeto sexual, lo tiene muy claro. Diseñadora gráfica de profesión, específicamente de páginas web, declara que buscar la talla ideal de brassiere siempre fue una experiencia muy frustrante y desgastante. Por ello, por medio de su testimonio y su emprendimiento, trata de difundir un cambio de paradigma.

UN GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

La Talla Perfecta surgió de una experiencia personal. Cuando Alejandra era más joven, la fisonomía de su espalda y hombros era delgada, pero con un prominente busto, que ella define como “súper-power”.

Siempre la experiencia era ir, probarte toda la tienda, que nada te quedara y que además siempre te acabaran diciendo que el problema eres tú. ‘El problema es que tú tienes mucho busto, el problema es que tú estás muy poco, mucho o menos. Si tuvieras más, si midieras cinco metros, si fueras elefante o bicicleta, las cosas te quedarían mejor’”. Con esas afirmaciones, asumió que la búsqueda de una talla óptima era una especie de cruz que era mejor asumir y cargar. Incluso, llegó a pensar que las mujeres con poco busto “encontraban hasta en el Oxxo” un brassiere que les diera soporte.

Local físico de La Talla Perfecta, el cual tuvo que cerrar sus puertas debido a la pandemia. Ahora, con el servicio en línea, su alcance se ha extendido por varios países. Imagen: La Talla Perfecta

Ante el panorama negativo, decidió dejar de buscar ropa interior en México; no tenía caso exponerse siempre a la misma batalla, la cual nunca iba a ganar. Además de nunca encontrar su medida, en aquel entonces había un tema de body shaming. El nombre se traduce al español como ‘humillación corporal’, y es un término utilizado para hacer referencia a la burla de un cuerpo ajeno, por ejemplo, por su estatura, peso, forma de cabello, etcétera. Uno de los comentarios que Alejandra recuerda con precisión es: “para mujeres como tú, no hay”. Esa frase resulta ser un estigma que acompaña el proceso de venta. “Al final, ser la talla que sea no tiene nada de bueno ni de malo, pero lo que tú no puedes hacer es ejercer un juicio de valor sobre el cuerpo de alguien más y mucho menos cuando es tu cliente. Es como ir a pagar para que te maltraten”.

Montemayor decidió desaparecer de las tiendas convencionales. Años después, se casó y la familia de su cónyuge vivía cerca de la frontera con Estados Unidos. Por ello, cada temporada viajaban para reunirse. “Era el pavo y los brassieres”, una clase de combo durante su ida. Siempre iba cargada de bolsas con el afán de comprarse ropa interior para todo el año y, de paso, a sus hermanas. “Mi esposo bromeaba que yo parecía traficante de brassieres”, recuerda.

Después de hacerla de dealer durante un largo tiempo, se dio cuenta gracias a un programa de Tim Gunn (un asesor de imagen y conductor estadounidense), que en el país vecino había una tienda especializada en tallas de sostenes. En uno de sus viajes, a los 32 años de edad, tuvo la oportunidad de visitar Nueva York. Montemayor ya estaba acostumbrada a administrar tiempo para comprar ropa interior. “Fue una experiencia que me marcó mucho. Las chicas con las que iba fueron a un museo y yo tuve que separar todo el día y todo el presupuesto para ir a comprar brassieres”.

Ese mismo día, después de mentalizarse para gastar todo un día en la búsqueda de sujetadores, en esa tienda especializada le probaron el primero y se ajustó, por primera vez, a su cuerpo. Le sorprendió que no le lastimara ni le cansara. Se dio cuenta de que había muchas tallas más. Supo en ese momento que su cuerpo no era deforme o inadecuado. Ella no era la del problema. Volviendo a México y a su trabajo como diseñadora web, su socio le explicó que estaba cansado de hacer proyectos a la medida y le pidió hacer un producto, de preferencia innovador e inexistente en el país. Alejandra vio la oportunidad de introducir su propuesta: vender brassieres.

Resulta que yo no era tan especial. Nadie cuenta en la cena de Navidad: ‘es que creo que estoy bien deforme, bien mal hecha y por eso nunca hay brassieres de mi talla’. Es una experiencia que inclusive muchas mujeres viven como en una vergüenza secreta. Ir, salir muy frustrada, muy enojada, pero asumir que la que está chueca eres tú”. Alejandra se llevó una gigantesca sorpresa: había muchas mujeres en la misma situación que ella, e incluso se puso a pensar en quienes tuvieron la oportunidad de buscar tallas en el extranjero y quienes no.

Algunos de los modelos de La Talla Perfecta. Imagen: La Talla Perfecta

La atención brindada a sus clientes es un sello característico de su emprendimiento. A partir de la pregunta “¿qué es lo que nunca encontrabas?”, surgió el nombre de su negocio: La Talla Perfecta, un título conciso, el cual expresa toda la filosofía de su dueña y sus clientas.

En la primera etapa de su empresa, Montemayor hacía los sostenes ella misma, situación de la cual se arrepiente. “Uno es joven, inocente y muy estúpido. Estaban mal hechos, fatales. La intención era buena. Hice 16 tallas pero sólo para mucho busto. Empecé con espaldas 30, pero copas F”.

Aunque al principio solamente contara con medidas grandes, la emprendedora comenzó a recoger los primeros frutos de su esfuerzo de manera orgánica. Ella compara La Talla Perfecta de aquel entonces con las verdolagas, una planta que crece a sus anchas desparramándose. “La necesidad existía, el producto quizá no era lo mejor. Había encontrado algo que realmente era un problema y hacía pasar muy malos momentos a las mujeres”. Siguiendo con esta línea de crecimiento, puso un local físico. El espacio estuvo funcionando prácticamente durante 10 años, pero lo tuvo que cerrar por la pandemia.

DECONSTRUYENDO A LAS BOOBS: EMPATÍA

La Talla Perfecta surgió como lo que Alejandra nunca había encontrado: se enfocó en el trato al cliente, uno de los aspectos que nunca pudo gozar al momento de comprar brassieres. “El producto era inclusive lo último. Lo primero era que te trataran con cariño, dignidad y respeto. No importa de qué tamaño estuvieras, cuáles fueran tus condiciones; que siempre el trato fuera absolutamente empático, afectuoso”. Ella no quita el dedo del renglón en ese aspecto porque considera que es un tema muy íntimo. Las boobs, como llama a los senos, no son como otra parte del cuerpo, como la rodillas, orejas o talones. Sabe que es un tema privado y muchas mujeres se sienten vulnerables al hablar de ello. Recibir comentarios fuera de lugar hace más intimidante la experiencia.

El eje es el siguiente: aquí cualquier persona tiene que ser recibida con cariño, dignidad y respeto”. La Talla Perfecta debe ser un espacio de mucha educación. No lo considera como un tema de body positive, que sería lo contrario al body shaming y en español se traduce como ‘cuerpo positivo’, el cual es un movimiento social para inculcar el amor hacia el propio cuerpo, sin tomar en cuenta estándares de belleza comerciales. Haciendo referencia a algunas de sus clientas, Alejandra expresa que sólo se fijan en lo malo. Aunque ella les haga hincapié en cualidades positivas como la armonía de las proporciones o el cabello, muchas veces sólo se concentran en los defectos. “Uno de afuera te ve como alguien integral. No ves dos estrías caminando, no funciona así”.

Por esa razón, uno de los aspectos más esenciales en su negocio es la variedad de tallas. Así pues, se convirtió en una experta del bra fitting, una práctica con la cual se busca la talla exacta de los sujetadores. En esa dinámica se toma en cuenta una serie de factores como la forma del pecho, el ancho de hombros, el largo del talle, la postura, condiciones médicas, personalidad, estilo de vestir o etapa de vida. Hacerlo también es un acto de empatía.

La atención que ofrece La Talla Perfecta es completamente personalizada, para que las clientas de Alejandra tengan el trato que ella nunca tuvo. Imagen: AdobeStock

En México, la industria textil es manejada por hombres. Ellos deciden qué se fabrica y qué se compra. Son hombres con una cultura muy particular, a los que no se les encaja una varilla 12 horas diarias siete días de la semana. No les podría importar menos. Si ya tienes un modelo (de sostén) tan probado que no les queda (a las mujeres) pero que lo siguen comprando, ¿por qué tendrías que molestarte si el producto funciona muy bien?”. Bajo esa misma premisa, explica que cualquier talla que no sea 34B (por mencionar una de las más comunes en el país), es vista como inadecuada. “La industria de la lencería en Latinoamérica va entre 30 y 35 años retrasada respecto al resto”, señala.

No importan los encajes o el color, no sirve de nada si no es la talla indicada. “La mujeres estamos acostumbradas a una violencia muy sutil, tan introyectada que ni siquiera la alcanzamos a percibir”, declara Montemayor, quien en este momento visualiza a La Talla Perfecta como una comunidad porque se dio cuenta de que existe una gran necesidad de compartir y explorar. Tan así que de aquellas charlas largas con sus clientas, nació un grupo llamado La hermandad de la Copa Davis, el cual se deslinda de la intención principal de la empresa: no se trata de vender, sino de compartir experiencias.

Alejandra considera un paso muy ambicioso tratar de transformar la industria en Latinoamérica. “Los brassieres son la herramienta. Pero ya no se trata sólo de los brassieres, se trata de un derecho. Mi causa es mucho más poderosa. Una sola cosa quiero que se quede de esta charla: que no se conformen. No tienen por qué seguir sacando su dinero, pagarle a alguien para que las violente y para que una prenda les lastime el cuerpo 12 horas diarias, siete días de la semana”. Con esa propuesta no sólo se busca vender lencería, sino crear una red de solidaridad y apoyo entre mujeres. Esa es la semilla que quiere dejar.

Se siente satisfecha de que las clientas que ven sus redes sociales logren reformular su postura ante su cuerpo. No son ellas las defectuosas, sino que no hay tallas indicadas para su complexión. Montemayor cree que la responsabilidad también es compartida con las nuevas generaciones. Es necesario derribar los mitos más famosos, como “yo soy la culpable o mi pecho es el responsable de que yo tenga acoso sexual”. “El acoso es una responsabilidad del acosador. No hay mujer que yo conozca que no haya sufrido acoso de alguna manera. No es un tema de curvas o de ser provocativa”, explica a través de un Facebook Live donde concluye que las mujeres no deben esperar a que las dejen de mirar para ser felices y disfrutar de su cuerpo. “Uno siempre mira lo que te da curiosidad, la curiosidad es un tema muy humano”, dice. “La forma más fácil de neutralizar eso, es que (a tu cuerpo) lo ames y que lo disfrutes. Nadie te puede fastidiar con algo que te hace feliz”.

Alejandra sabe que los niños no nacen criticando, sino que este es un hábito que se va adquiriendo, por lo que no tolera burlas al cuerpo de alguien más. Por esa razón se compromete con las nuevas generaciones a esta búsqueda de aceptación. La belleza no está ligada a una talla y el busto no debe ser objeto de burla. Su visión es usar los atributos a favor propio y convertilos en parte del sello personal para celebrarlo en conjunto, como una de las mayores fortalezas de cada una.

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