Dostoievski: 200 años de tinta polifónica
Reportaje

Dostoievski: 200 años de tinta polifónica

Construcción psicológica de un autor complejo

El viaje que Fiódor Dostoievski inició a través de la literatura de Victor Hugo, se extendió tal vez más de lo que el ruso hubiera esperado. Además de ser conocido en un terreno tan azaroso como es la cultura popular, ha podido extender su influencia hacia el psicoanálisis, la filosofía existencialista y a autores tan importantes para la modernidad como Nietzsche.

Pocas personalidades han dejado una sombra tan extensa. Su búsqueda del realismo dio pie a una construcción de los personajes característica y una preocupación social que siguen siendo de interés para cualquier tipo de ficción actual, a 200 años de su nacimiento (11 de noviembre de 1821).

LAS PREOCUPACIONES DE UN MARGINAL

El mundo de Dostoievski no es amable con quienes lo habitan. Ni siquiera el lector podría estar a salvo de su manera de exponer la desgracia humana. Una de las imágenes que marcarían de por vida al autor, es la de un trabajador siendo golpeado en la nuca con bastante saña y fuerza por su empleador.

Su primera novela, Pobres gentes, le hizo posible cosechar los comentarios favorables del reconocido crítico Visarión Belinski. En esta etapa temprana de su trabajo ya se notaban la marca más notoria de su literatura: el fuerte interés en retratar la realidad cruda y las condiciones más extremas de la miseria. En sus historias, el hacinamiento, el hambre, la tuberculosis y la muerte se abren paso en la vida de sus personajes, que constantemente luchan para sobrevivir y proteger a las personas que aman. Entre la pobreza más absoluta, los personajes conservan como les es posible su dignidad.

El autor se sumerge en las aguas de un mundo que refleja lo peor de la humanidad desde una lente objetiva donde, sin embargo, existe siempre un espacio para la redención; pero además adereza sus relatos con la influencia de la novela policíaca, de amplia popularidad en la época.

Así ocurre en Crimen y castigo, donde el protagonista asesina a la prestamista que lo tiene ahogado en deudas y lo trata de forma humillante; sin embargo, encuentra el camino para cambiar su vida en adelante.

La maldad en Dostoievski no aparece como un fenómeno aislado ni espontáneo; está ligada por completo a sus causas y se interesa por ellas. Su análisis de este tema fue agudo al señalar la ofensa, la humillación, el orgullo herido, como antesalas del odio y en consecuencia del acto malicioso.

Es normal, entonces, pensar que existe en sus relatos un lugar especial para lo aborrecible. Sea para describirla o explicarla, la maldad se presenta con las aristas suficientes para demostrar que cualquier persona es capaz de convertirse en alguien cruel.

En su literatura, la crueldad es una parte de la personalidad de la que no se enorgullecen los personajes, por más ruines que sean, y el acto de maldad se convierte en un secreto que no se confiesa salvo en algunos de los peores momentos, y que los acompaña en forma de culpa.

Al mismo tiempo, en una especie de espiral en descenso, las razones de ser víctimas y victimarios se entrelazan. El odio engendra odio, y la frustración y el rencor son producto de llevar constantemente la carga de la ofensa y la humillación.

En noviembre se cumplieron 200 años del natalicio de Fiódor Dostoievski, una de las figuras más importantes de la literatura universal

El orgullo como parte esencial de cualquier persona, alimenta el ansia de superioridad que en algunos casos no termina, resultando en el desprecio y la indiferencia ante el dolor ajeno. Quienes se encuentran en las clases dominantes engendran la maldad principalmente en la defensa de su propio narcisismo. La soberbia abre un camino en que se busca un ascenso en la escala social que no tiene fin, permitiendo el nacimiento de la envidia.

La causa última de las desgracias que ocurren, ante todo, es social. La miseria material más absoluta presiona una y otra vez a los personajes para llevarlos hacia una gran ruptura con su sentido moral.

UNA OBRA PSICOLÓGICA

En Problemas de la poética de Dostoievski (1963), del crítico literario Mijaíl Bajtín, además de analizar de forma exhaustiva la obra del novelista, se acuña el concepto de polifonía en literatura y nombra al novelista como el principal introductor de esta cualidad. Para la época era especialmente novedoso el término, aunque en la literatura actual es una característica básica.

Proviniendo de la música, el término polifonía hace referencia a la diferenciación entre las voces de cada personaje, distinguiendo a cada uno y realzando su verosimilitud. Así, cada individuo que aparece en los relatos del ruso puede expresarse como si tuviera vida propia.

Esta cualidad sólo pudo haber sido introducida por alguien que, como lo dijo Nietzsche, tuviera un “instinto psicológico”, lo que podría definirse también como un gran tacto o sensibilidad para la escritura de personajes con varias dimensiones y que se acercan en complejidad al desarrollo que tendría una persona real.

Una psicología empírica e intuitiva había sido encontrada antes en el escritor francés conocido como Stendhal. Sin embargo, el aporte de Dostoievski tiene que ver con un reto que va más allá de la representación de personajes verosímiles, ya que en ellos persiste un caos que los hace difíciles de comprender. Son problemáticos, miserables y a veces envilecidos, pero no se convierten en depósito de fenómenos unidireccionales o simples relaciones de causa y efecto. En ellos subyacen sentimientos contradictorios y culpas que persisten por años y que marcan sus personalidades.

Para tratar una redención, Dostoievski necesita un caos inicial, un camino de la oscuridad a la luz que no siempre tiene un final satisfactorio. De alguna forma supo plasmar un mundo que conocía, sin ser condescendiente y retratando a personajes marginales como ladrones, prostitutas y criminales, así como su sufrimiento: la depresión, el suicidio, la envidia, los celos y la maldad en sí.

Yendo en un camino más ambicioso, se trata la pérdida del sentido, el nihilismo y la irracionalidad, con la posibilidad de trazar de manera profunda el camino de sus personajes, que a pesar de estar en un mundo terrible, tienen sus propias motivaciones, carácter y decisiones. Persisten también los instintos, que los llevan a hacer algo apresurado y que no coincide con su escala de valores, como mentir o huir para no ser castigados por un crimen.

En Crimen y castigo, el protagonista reacciona a las humillaciones de su prestamista asesinándola.

Sus personajes actúan conforme a causas psicológicas y sociales. El resultado es la reflexión de que, a pesar de todo, cualquiera podría encontrarse en el momento equivocado y cambiar su vida por completo. Al final, todos estamos hechos de la misma materia.

La marginalidad y la tragedia no aparecen, pues, como un mero accesorio. En Crimen y castigo, Raskolnikov reacciona a las humillaciones y vejaciones a las que está sometido y se libera de la trampa de la que no podía salir, es decir, actúa para rescatar su propia dignidad. Sin embargo, se encuentra en la disyuntiva de haber cometido un crimen aborrecible y encontrar el perdón de su sociedad y el perdón hacia sí mismo.

En contraparte, el personaje de Sonia se prostituye para ayudar a su familia y se sacrifica por sus seres queridos anulando su dignidad. Ella ilustra cuestiones como el trato a las mujeres, los efectos de la pobreza, la importancia de la fe religiosa y los límites de la devoción por la familia.

DOSTOIEVSKI Y EL PARRICIDIO

La cuestión psicológica en la obra de Dostoievski es más que el trabajo de una intuición aguda y una observación minuciosa del comportamiento humano. Detrás de cada relato hay un trasfondo que tiene que ver con las vivencias traumáticas de un autor marcado por el duelo y la enfermedad.

En Dostoievski y el parricidio, Freud realiza una interpretación psicoanalítica de Los hermanos Karamazov, última novela del ruso. El neurólogo explica la cultura desde la dominación de los impulsos animales, es decir, la manera en que nos organizamos como sociedad tiene la razón última de controlar el deseo sexual y la agresión. El parricidio, en este sentido, tiene un papel importante entre los deseos inconscientes que la cultura ayuda a reprimir.

Al hablar del parricidio desde el psicoanálisis, se puede explicar incluso el origen de la cultura y de la psiqué humana. Freud utiliza una teoría darwiniana donde señala un pasado remoto de la humanidad donde persistía la dominación de los especímenes más fuertes, que acaparaban los recursos y las hembras. La manera de resolver el problema fue la rebelión, la organización de grupos para matar a los opresores; pero al mismo tiempo que obtuvieron la victoria, la culpa quedó marcada en sus memorias, y se convierte en parte central de lo que evitan.

Para Freud existe también el deseo inconsciente de matar al padre como una especie de extensión del deseo de rebelarse contra el opresor. El padre es una figura de autoridad fuerte y poderosa, por lo que el infante desea liberarse de su yugo.

Este relato es importante para el ser humano de occidente, repitiéndose en mitos como el de Edipo, mismo que sirve a Freud para nombrar su concepto del complejo de Edipo. El deseo parricida se reprime en la infancia, durante el crecimiento, pero la existencia misma de este deseo es lo que genera culpa en los individuos.

En Los hermanos Karamazov, el personaje Dmitri guarda un deseo parricida. Gracias a esta coincidencia aparece la llamada “omnipotencia del pensamiento”, es decir, la sensación de que los deseos inconscientes tienen consecuencias en el mundo real. Dmitri se convierte en el principal sospechoso de haber matado a su padre, del mismo modo que Dostoievski siente culpa y se siente despreciable por sus propios deseos reprimidos.

La culpa siempre presente es otro eje de su obra.

El padre de Dostoievski era un médico despótico que sufría arranques de ira y se sumió en el alcoholismo al quedar viudo. Era descrito por el mismo Dostoievski como alguien que imponía una disciplina absurda. La animadversión que sentía por su padre, ese deseo parricida reprimido, se convirtió en un episodio de clarividencia ya que su padre murió asesinado a manos de los campesinos que trabajaban para él. A Dostoievski esta muerte le parece hasta cierto punto un alivio, y al mismo tiempo siente culpa por haberla deseado.

Freud comienza analizando al novelista teniendo en cuenta su epilepsia como un problema de origen anímico, como una especie de castigo autoinfligido por desear esa muerte. Este episodio de su vida es lo que da inicio a sus problemas más graves de salud.

Para Freud, la neurosis inicia cuando la personalidad se resquebraja ante los embates del superyó, la instancia psíquica que se encarga del juicio moral. El fundador del psicoanálisis señala que es así como este deseo tiene su salida, pero es también una forma en que el novelista se convierte en un parricida “imaginario”.

Tiempo después del asesinato de su padre, el escritor es visto sospechoso de conspiración, debido a que se interesa por conocer las ideas políticas de un círculo socialista radical, lo que termina en su apresamiento injusto. La condena y humillación que recibió durante su encarcelamiento, fue aceptada debido a los embates de esta pesada culpa parricida, como si su mente relacionara todos los hechos como parte de un plan superior.

Es entonces cuando aparece en esta ecuación el masoquismo y la autodestrucción. En Recuerdos de la casa de los muertos, el autor describe comportamientos en que los personajes se arriesgan a recibir palizas e incluso a morir. El novelista cree que estos impulsos son parte de la naturaleza humana y sirven para recordarnos que existimos en momentos desesperados. Al respecto, Freud dirá que con estos comportamientos actuamos lo que creemos merecer, como castigo por nuestros deseos más ocultos y conflictivos, aquellos de los que nos queremos deshacer.

LA MUERTE DE DIOS

A pesar del sufrimiento al que era sometido, Dostoievski no había dejado de escribir. En épocas menos difíciles de su carrera ya había sido descubierto en la escena literaria de San Petersburgo, la más importante de Rusia en su tiempo. El crítico Visarión Belinski había quedado impresionado con el manuscrito de Pobres gentes y mencionado a Dostoievski en su escrito Pensamientos y observaciones. No sólo lo había nombrado como un sucesor directo del importante realista Nikolái Gógol, sino que encontraba en él el siguiente paso hacia un realismo de corte social.

El filósofo alemán Nietzsche también descubre a Dostoievski. Lo menciona y recomienda en sus cartas a sus amigos Franz Overbeck y Peter Gast. En la primera carta considera a Dostoievski como un encuentro casual que le había causado mucho placer al leer, pero luego se convirtió en algo más especial. “Algo igual de casual me ocurrió con Schopenhauer cuando yo tenía veintiún años, y con Stendhal cuando tenía treinta y cinco.”, menciona el filósofo.

A menudo se compara la obra de Dostoievski con la del filósofo Friedrich Nietzsche, debido a sus similitudes al analizar la sociedad moderna.

La relación que se suele mencionar entre estos dos autores parece algo forzada puesto que en Ecce Homo, libro autorreferencial de Nietzsche, no menciona a Dostoievski. Sin embargo, esta presnta relación se ha visto fortalecida por posteriores análisis que muestran una sintonía entre los temas y conceptos que abordan ambos escritores.

En la literatura rusa aparece constantemente un término por el que se conoce a Nietzsche y que, contrario a la creencia popular, él critica fuertemente: el nihilismo. El término no era empleado únicamente por Dostoievski, sino también por Chéjov, Turgeniev y Tolstoi. Lo usaban para señalar la pérdida de un sentido en la sociedad en la que vivían, para denotar la desesperación y el absurdo.

En la carta de Nietzsche a Gast, describe Memorias del subsuelo de Dostoievski como una obra genial y psicológica al momento de describir el mecanismo del resentimiento. La voluntad en esta obra envilece al humano resentido y lo hace buscar la dominación y humillación de otros. Los personajes que escapan de este círculo de violencia luchan para que la bondad que hay en ellos sobreviva.

Al respecto, el ganador del premio Nobel de literatura André Gide, escribe que en Dostoievski la humillación logra la pérdida de la humanidad y refuerza el orgullo, mientras que la humildad santifica y nos hace inmunes a la humillación. Esta lectura se acerca a la forma en que Nietzsche concibe la compasión, un sentimiento que para él es rastrero y termina por disminuir la dignidad humana.

La presencia determinante de un ser superior también anula lo humano. “¡No hay pecado, y no puede haber pecado en toda la tierra, para que el Señor no perdone a los verdaderamente arrepentidos! El hombre no puede cometer un pecado tan grande como para agotar el amor infinito de Dios. ¿Puede haber un pecado que exceda el amor de Dios?” (Los Hermanos Karamazov).

Una mirada rápida podría decirnos que la devoción del Dostoievski cristiano es lo que más contraría a las ideas de Nietzsche; sin embargo, una lectura más detallada puede advertirnos que el mundo en que el ruso nos sitúa, es uno en el que no se encuentra Dios.

En las calles y rincones de aquel San Petersburgo, y en el alma de los personajes que habitan estos espacios, se encuentra este clima de abandono e indiferencia de un Dios muerto. En ausencia de este ser, no existen razones que justifiquen la desesperación y la tragedia. Los personajes tendrán que construir, a partir de su propia voluntad, sus propias razones para vivir y su propia moral.

La figura de Dios funge como padre del género humano y su muerte es, entonces, otro parricidio más del que la humanidad libra una culpa cultural. “Dios está muerto” es una de las declaraciones por las que se conoce a Nietzsche, pero lejos de lo que se cree de ella, no fue emitida en un tono victorioso o altivo, aunque tal vez sí como un gesto transgresor. Detrás de la frase hay una gran preocupación: al eliminar algo tan absoluto como Dios, nada parece ser suficiente para llenar su vacío.

El novelista ruso aborda la pérdida de la dignidad a través de la humillación y la miseria.

La confianza de Dostoievski en una redención no es absoluta, sino que se tambalea y se parece más a una crítica bastante escéptica de ella. En El idiota se presenta un mundo tal vez más cruel que los de sus obras anteriores, sin esperanza. Y en Los hermanos Karamazov, Dostoievski relata la segunda llegada de Cristo a la Tierra, mismo que es encarcelado por un inquisidor para dejar en manos de la Iglesia la salvación. En otro de sus pasajes célebres, tiene lugar la corrupción acelerada del cadáver de un santo que, según la creencia popular, no ocurriría. Ese fenómeno tiene que ver con un juicio de Dios que no coincide con el realizado por la Iglesia: para Dios, este personaje no fue un santo, aunque para sus hijos sí.

Originada en las ideas de Hegel, la muerte de Dios describe el momento en que vive la humanidad durante el siglo XIX y en la modernidad. Bajo esta idea, la creación humana ha superado a la naturaleza, ha sepultado la existencia de un Dios y ha dejado un hueco importante para el sentido último que concibe para sí misma la humanidad. Los personajes de Dostoievski viven en ese momento indeterminado, y se ven abandonados al azar. Arrojados a un mundo indiferente, deben hacerse de un lugar en él, crear su propia moral y tomar decisiones a partir de ella.

LA PERSONALIDAD DE UN OUTSIDER

Dostoievski era en varios sentidos lo que se conoce como outsider (forastero). El escritor se dedicaba a su obra sin pensar realmente en la repercusión que podría tener, y casi únicamente buscando ganar algo de dinero con sus entregas. Apenas terminaba Pobres gentes cuando ya estaba trabajando en su segunda novela, El doble.

Llamó la atención de los círculos literarios, pero no necesariamente se le abrían las puertas hacia una mayor estabilidad. El Dostoiesvki que conocieron estos literatos vivía en condiciones de miseria, sumido en el alcoholismo y la adicción al juego, y padecía ataques epilépticos frecuentes. Su salud dificultaba el contacto con sus colegas, pero también estaba poco o nada habituado a comportarse en sociedad.

Su obra en este y muchos otros sentidos, es bastante autobiográfica. Dostoievski escribía sobre lo que conocía. Era un observador profundo de las personalidades que le rodeaban y sobre todo de la propia. Tras ser destruido por la crítica de El doble, deja de escribir y se recluye del ojo público. Creció entonces un aparente interés por la política radical que lo llevó a formar parte de un círculo socialista llamado Petrashevsky. Es en este momento que el novelista fue encontrado por un agente encubierto y condenado a la cárcel en Siberia.

Al regresar a San Petersburgo, su salud había empeorado y su visión del mundo posiblemente había adquirido una mayor fuerza. Gracias a sus posteriorers reflexiones en las obras que siguieron en su carrera literaria, su huella se imprimió en la literatura del siglo XX y su influencia se notaría incluso en el terreno de la filosofía existencialista.

Su legado literario, incluyendo su capacidad de desarrollar personajes sumamente humanos, permanece incluso en obras narrativas contemporáneos, como el cine.

LA SOMBRA ETERNA

Las reflexiones de las que era capaz Dostoievski giraban en torno al absurdo, la existencia de Dios, el bien y el mal, y muchos más temas sobre la existencia humana. Las atrocidades que ocurren en el mundo son cuestionadas por él, vistas como absurdas, como un despliegue de crueldad que no tiene una razón satisfactoria detrás. Si existe un infierno o un castigo eterno para quienes han sido victimarios, sólo se está abriendo más paso a la crueldad y al absurdo.

¿Existe pues, un paso hacia la libertad? Dostoievski mantiene en un lugar importante este tipo de preguntas y a través de ellas realiza un diagnóstico de problemáticas que se sienten bastante modernas. La lucha de los seres humanos por convertirse en seres mejores, para él, hace posible que exista la libertad, puesto que la posibilidad de elección da lugar a la maldad y a la bondad. Esta visión es retomada por el existencialismo al ver al humano como un ser condenado a ser libre.

Lo que ocurrió en Siberia, para Dostoievski había sido un parteaguas. Antes reconocido por su gran habilidad, después de ser arrestado había encontrado maneras más reflexivas de establecer grandes preguntas. No sólo había sido separado de sus seres queridos, sino que permaneció incomunicado después de que se le hubiera aplicado una clase de tortura que pueden traer consigo nuevas perspectivas existenciales: estar a un paso de la muerte.

Sus captores habían hecho creer al escritor y a otras dos personas, que serían condenados a muerte por fusilamiento. Uno de ellos se sumió en la locura, pero Dostoievski sobrevivió para contarlo en Recuerdos de la casa de los muertos. Una experiencia tan traumática sirvió como catalizador para el novelista.

Para él, el humano se encuentra en constante lucha. En un mismo ser pueden encontrarse la belleza y lo grotesco, la virtud y la maldad, como dos caras mezcladas y difusas de una misma personalidad. Estas contradicciones hacen que exista la posibilidad de caer en un gran abismo, pero también la de un cambio doloroso y extenuante: la redención.

La clarividencia de la que era capaz este autor se debe en parte a su gran intuición, pero también a que era un lector ávido y un estudioso de los fenómenos de su tiempo. Encontró su lugar en la gran línea del tiempo y se interesó por problemáticas universales que atraviesan a la humanidad incluso hoy en día. Hacerse de una voz tan reconocible y despertar el interés de autores que también han atravesado el tiempo con sus aportes, es una hazaña casi imposible de lograr.

Es por eso que su sombra se proyecta en casi cualquier historia relevante que se cuente. El viaje que empezó en vida está siendo continuado. Ha dejado una sombra eterna, bajo la que está cualquiera que quiera contar historias nuevas.

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